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Un dakar en bicicleta

Fernando Pena Caramés supera el reto de completar la Titan Desert y aportará 1.893 euros a tres colectivos de personas con discapacidad, a razón de 3 euros por kilómetro

Fernando Pena Caramés logró el reto de terminar la carrera del desierto.

Pocos desafíos hay tan grandes en el mundo para los amantes de la bicicleta de montaña: 640 kilómetros a través del desierto marroquí en seis días y con 7.629 metros de desnivel. Por si fuera poco, el calor, el estado del terreno y el nivel de competidores hacen que la Titan Desert sea toda una aventura que pocos se atreven a emprender. Uno de ellos es el silledense Fernando Pena Caramés, gerente de la constructora Endenor, aún en Marruecos con el fósil (trofeo) que acredita el cumplimiento de un reto personal y un objetivo solidario: aportar 3 euros por kilómetro a tres colectivos de personas con discapacidad.

El empresario silledense, con su bicicleta en pleno desierto.

Aplazada en mayo debido a la ola de coronavirus que azotó Marruecos, la Titan Desert 2021 se desarrolló entre el domingo 10 y el viernes 15 de octubre. Pero antes de echarse a pedalear sobre arena, dunas, rocas y ríos hay una dura preparación, que va desde el entrenamiento diario durante meses hasta la logística necesaria: transporte personal y de bici, equipamiento, alimentación, medicamentos y recambios.

Hecho todo esto, “un día aparecemos en la recepción del evento, donde formalizamos la inscripción, nos entregan un localizador, que va anclado a la mochila de hidratación, y el dorsal, el 450, en mi caso”, relata Burela, apodo popular de Pena Caramés.

Burela, junto a un compañero de aventura.

Las dos primeras etapas discurrieron “por parajes de montaña impresionantes, entre desfiladeros, ríos, subidas y bajadas con piedra, pasando por pueblos en donde el tiempo no ha transcurrido en los últimos veinte años y llegando a una altitud máxima de 2.400 metros”, describe el empresario de Trasdeza. Catorce horas y media sobre la bici entre las dos jornadas. Luego tocó enfrentar la “etapa maratón” (3 y 4). “Ya entramos en zona de desierto y llanuras inmensas, donde lo que tocaba era pedalear y pedalear sin parar durante 220 kilómetros”, rememora Burela. Y todo ello cargando con todo lo necesario para dos días: saco de dormir, ropa, geles y barritas energéticas, crema solar y muscular, medicamentos, recambio para pinchazos, “porque esa noche no teníamos acceso a nuestra maleta”. Las dunas aparecen en la quinta etapa, que es “80% de navegación por GPS”. “En todas es obligatorio pasar por tres puntos de control; si no, te penalizan –explica–. La diferencia es que en esta te dan las coordenadas de estos puntos y tú buscas el camino que consideras mejor”. El recorrido de la sexta y última jornada es llano y más corto.

Fueron 37 horas y 22 minutos sobre la bici en seis días, con “un factor predominante, el calor”. Burela, 128º clasificado de los 423 que cruzaron la meta, resalta la logística del evento. “Dormimos en jaimas para tres personas, con un colchón sobre una alfombra estilo bereber, disponemos de duchas, wc, zona de lavado de ropa, restaurante, área de relax... ¡Y todo esto montado en el desierto! Un dakar en bicicleta”, resume.

“Personalmente, ha sido un reto superado”, subraya Pena Caramés, que reflexiona sobre la experiencia. “Tienes tiempo para ver lo pequeños que somos ante la inmensidad del desierto, conoces a personas que comparten la misma ilusión de la aventura, nos superamos mentalmente y, después de una caída, te levantas, porque quieres acabar”. En su caso, “tenía que acabar por mí y por todos los que confiaron en nuestro objetivo solidario de 3 euros x kilómetro”.

Final del trayecto.

A los cerca de 2.000 euros aportados (1.893 euros, pues cubrió 631 km) se unen las donaciones realizadas en la cuenta ES41 2080 5013 7030 4001 6447 o mediante la compra de prendas de ciclismo que vende la asociación. Toda la recaudación será repartida entre las asociaciones Aspadeza (Lalín), Asanog (Santiago) y Discamino (Vigo), “porque sí que son los titanes, todos los días”.

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