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42 estancos quince años después de la ley antitabaco

A Estrada aglutina 14, ocho Lalín y en Silleda son cuatro

El debate sobre fumar en espacios públicos sigue presente. // Bernabé/Javier Lalín

El debate sobre fumar en espacios públicos sigue presente. // Bernabé/Javier Lalín

Este año se cumplen tres lustros de la entrada en vigor de la conocida como ley antitabaco, una normativa que puso en pie de guerra a muchos hosteleros al sentirse perjudicados por la prohibición al público de encender un cigarro entre plato y plato o mientras se tomaba una cerveza. Hoy parece que casi nadie la cuestiona y todo apunta a que los fumadores tendrán cada vez más acotados sus espacios públicos para consumir este producto.

Hoy en día se puede comprar tabaco por Internet –bajo sospecha en casos por la falta de control– y en el mercado existe una amplia gama de derivados como el cigarro electrónico, con clásicos como el puro habano en declive. Sí ha proliferado en los últimos tiempos, sobre todo entre la población más joven, el tabaco de liar y en las comarcas se comercializó el año pasado parte de los 304.038 kilogramos del mercado autonómico, donde se consumieron 118.635 cajetillas. Este mercado movió en la provincia 207 millones de euros, siete menos que el anterior. En clave comarcal, en los nueve municipios de Deza y Tabeirós-Montes funcionan en la actualidad –según los datos de Comisionado para el Mercado de Tabacos– 43 estancos o expendedurías. A Estrada, con 14, sobresale como el municipio con más negocios. Once están en el rural y tres en el casco urbano de su capital. En Lalín son ocho, de los que tres son urbanos, y cuatro contabiliza Trasdeza. Los mismos tienen a disposición los fumadores cruceños, mientras que en Rodeiro operan tres, Agolada (uno) y dos en Dozón. En Forcarei el censo oficial del departamento estatal constata que son dos los establecimientos autorizados y el doble existen en el término municipal de Cerdedo-Cotobade.

Traspasos de 975.000 euros en una ciudad

Una cajetilla de tabaco de las marcas más usuales tiene un precio en estanco de entre 4 y 5 euros y el beneficio fijado para el empresario es del 8,5%, mientras que las bolsas de picadura dejan el 9 por ciento. Es decir, por cada paquete el estanquero obtiene algo menos de 40 céntimos. Estos establecimientos están sujetos, tal y como detalla el organismo estatal dependiente de Hacienda, a cánones concesionales que oscilan entre los 120 y los 240 euros al año en función del tamaño de la población. Además, asumen una tasa vinculada a las ventas, que parte de los 12.020 euros de ingresos brutos al año (se pagan 252 euros) hasta 9.015 euros si la facturación rebasa los 450.759 euros. Según el Comisionado para el Mercado de Tabacos en la actualidad no hay ningún procedimiento de concesión abierto, pero sí existe un mercado de compraventa para estos negocios. Tras realizar alguna consulta en portales especializados, el traspaso de un estanco en una villa pequeña de Asturias se ofrece por 130.000 euros y el futuro propietario tendría que hacer frente a 450 euros mensuales del alquiler del local. Sus ingresos anuales se estima, en este caso particular, en 46.500 euros. Si nos vamos a una capital como Madrid, ahí aparecen propuestas de traspaso por 975.000 euros –el arrendamiento del inmueble ronda los 2.200 euros mensuales– y asegura los posibles interesados que los ingresos cada doce meses superan los 339.000 euros.

Gonzalo Otero, ayer, en su estanco de A Bandeira. // Bernabé/Javier Lalín

"Nunca me ofrecieron tabaco de contrabando"

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"El consumo bajó por las campañas de sensibilización"

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Gonzalo Otero asumió hace unos seis años las riendas del negocio familiar, fundado por su padre, Gumersindo, hace ocho décadas. Es el único de el segundo núcleo más poblado de Trasdeza y según su propietario, “da para vivir; para sacar un sueldo, pero no como los las ciudades, donde puedes contratar a dos personas y tú ni pasar por allí”. Este estanquero insiste en las garantías del producto que se comercializa por la rigurosa trazabilidad que tiene, “desde que pasa por el distribuidor, al centro de logística y me llega a mí para luego yo vender a, por ejemplo los bares”. Una vez que los protocolos de seguridad son rígidos, asegura que es imposible que una expendeduría pueda colocar tabaco de contrabando. “Lo sigue habiendo, pero no para vender en estancos; a mí nunca me lo ofrecieron, pero su fuese así no lo aceptaría ni de broma”, dice, “

“El tabaco hay que moverlo mucho porque en dos meses se deteriora”, apunta. Gonzalo recuerda como hace años la clientela demandaba dos o tres marcas de negro y otras tantas de rubio “y ahora debes tener más de veinte marcas, aunque es imposible pedir todos los tipos de cada marca; solo de rubio existen en el mercado unas 700”. “La picadura siempre existió, desde el cuarterón y otras marcas, pero ahora sí se vende mucho más tabaco de liar”, confiesa. El número de fumadores, dice, descendió mucho en las últimas décadas debido a, cree, las campañas que advierten de su perjuicio para la salud”. En su estanco ya no hay puros por la caída de demanda. “Antes había una boda y te cogían unas cajas, pero ahora ni en las bodas se puede fumar”, exclama.

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