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La gaita de Avelino suena con más fuerza en Soutelo

Avelino Cachafeiro, el Gaiteiro de Soutelo (en el centro) durante una reunión familiar.

Avelino Cachafeiro, el Gaiteiro de Soutelo (en el centro) durante una reunión familiar.

Confieso que no había oído hablar de él hasta aquel verano de 2002. No hacía falta tener talento para la música, ni siquiera un oído medianamente entrenado, para apreciar cómo cada sonido arrancado del fol de una gaita se convertía en tributo en la tierra que vio nacer a Avelino Cachafeiro. Aquel caluroso día de agosto conocí al Gaiteiro de Soutelo. El lenguaje del instrumento que hizo célebre a este soutelano ya nunca me sonó igual.

Después de años de esfuerzo, la Festa do Gaiteiro logró el reconocimiento como evento de interés turístico en Galicia. Sin embargo, llegó la crisis y, con ella, los recortes de gastos. La celebración no escapó a la tijera y en 2011 el Concello de Forcarei decidió suspender la organización de la fiesta a la espera de tiempos mejores. Con más esfuerzo e ilusión que medios, la asociación O Can de San Roque, se encargó de que no faltase en agosto un homenaje a Avelino Cachafeiro. Este año, la gaita volverá a sonar con más fuerza. El próximo 21 de agosto Soutelo recupera una Festa do Gaiteiro organizada por la administración municipal.

Con un programa ya anunciado, que incluye un pregón a cargo de Rubén Troitiño, coloquios o las actuaciones de la Banda de Gaitas de Forcarei y de Fanfarria Taquikardia, todas las propuestas diseñadas están pensadas para homenajear a un soutelano que fue nombre en 1924 como el mejor gaiteiro de Galicia, con solo 25 años.

Música en el ADN

Avelino Cachafeiro nació en 1899, en el seno de una familia de gaiteiros. Su afición por el instrumento fue madrugadora. Despertó en él a los doce años, tomado de su abuelo los aspectos más rudimentarios de la técnica. El resto lo aprendería a escondidas, con los montes de la zona como testigos de los inicios de una virtuosa carrera. Cuando su padre, que tocaba la gaita en las fiestas, supo de su amor por la gaita decidió darle una oportunidad. La melodía que escuchó interpretar a su hijo hizo que se percatase de que tenía en él a un digno sucesor: le regaló las gaitas y se dedicó a acompañarlo con el bombo. Al finalizar la Primera Guerra Mundial surgiría el grupo de Gaiteiros de Soutelo. A partir de aquí todo serían logros y reconocimientos.

Escultura en honor a Cachafeiro cuando la fiesta se declaró de interés turístico en Galicia.

El que fue el mejor gaiteiro de Galicia tuvo su propia musa. Lo fue Josefa Cortizo Nogueira, la mujer con la que Avelino compartió su vida. Contrajeron matrimonio y emprendieron viaje a América. Probablemente, muchos fueron los emigrantes que se embriagaron de morriña al compás de las muiñeiras que Avelino interpretó en Buenos Aires, llevando consigo no sólo el recuerdo de una tierra jamás olvidada, sino también el nombre de Soutelo de Montes a cada lugar en el que actuó.

Tras la muerte de su esposa, Avelino Cachafeiro comenzó a recluirse en su interior. Quienes tuvieron la suerte de conocerle siempre destacaron que gozaba de un humor excelente, con una sonrisa siempre dibujada en su rostro. Este carácter alegre llegaba a las melodías que interpretaba. Fue tanto el pesar que sintió al perder a Josefa que prometió no volver a tocar. La gaita enmudeció antes de que entregarse a teñir de nostalgia su canto. Pero cuando se lleva arte en las venas, Cachafeiro tuvo que buscar otros campos en los que dejar florecer su don. Y fue entonces cuando la poesía y la pintura tomaron el relevo.

Con alma de artista, Avelino Cachafeiro tuvo también talento para los negocios. Regentó un surtidor de gasolina, un pequeño servicio de pompas fúnebres y el bar Changuí. En los 50 abrió en la localidad una sala de fiestas, que luego transformó en cine.

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