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Te regalo mi vida

Maruja Casais posa con su placa conmemorativa.

Maruja Casais posa con su placa conmemorativa.

Una mujer valiente. Así la describe su familia, consciente de que Maruja Casais tiene algo especial. A sus 89 años ha pasado la mayor parte de su vida preocupada por los demás, cuidando a sus sobrinos, a sus hermanos, a sus tíos. Pero también a todos aquellos que no son sus allegados, pero a los que Maruja siempre ha sentido como suyos. De hecho, esta mujer de bandera fue la primera voluntaria de Cáritas Parroquial de A Estrada. Vio nacer el colectivo y se implicó desde el primer momento. Sabe lo que es recorrerse el rural en coche visitando a los enfermos, trabajar en las campañas de recogida de alimentos y solidarizarse con los que más lo necesitan. Por ello, por su labor incansable y tremendamente loable, Maruja ha sido homenajeada. La misma entidad a la que ha entregado parte de su vida celebró el viernes un acto para agradecerle su implicación y su voluntariado.

“Para mi tía fue impactante. Ella acudió a la sede de Cáritas como cualquier otro día, puesto que sigue colaborando con la entidad. Y allí estaban sus compañeros, recibiéndola con honores”, explicó ayer una de sus sobrinas, Mar Blanco. Un acto lleno de sentimiento en el que Cáritas entregó una placa conmemorativa a la homenajeada, así como un ramo de flores. Aun así, la sorpresa de Maruja no era comparable al agradecimiento que Cáritas le profesa a esta estradense.

Una vida dedicada a los demás

“Ella va a seguir colaborando hasta que pueda. Muchas veces acompaña a otras voluntarias a entregar ropa o comida a quien lo necesita”, apuntó su sobrina. Porque Maruja ha sido testigo de la desesperación. De familias desestructuradas que clamaban ayuda, de aquellos que rogaban una mano amiga. “Maruja nunca dijo que no. Es una mujer muy activa”, continuó apuntando Mar Blanco.

Y es que Maruja es una de las mayores en una familia de nueve hermanos. Desde muy joven tuvo que dedicarse al cuidado de un tío suyo, que era cura. Cuando él se retiró y enfermó, se trasladaron a vivir a A Estrada. Y fue a raíz del fallecimiento de su tío cuando Maruja decidió entrar a colaborar con Cáritas y a formar parte activa de su fundación.

Sus sobrinos, sus hermanos y sus compañeros en la entidad estradense están eternamente agradecidos por la entrega de Maruja. Ven en ella el ejemplo a seguir. De alguien que aparca lo propio para centrarse en lo ajeno. Y que solo conoce una bandera: la solidaridad. Todos cantan al unísono: gracias por tu trabajo, Maruja.

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