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Una veintena de nuevos positivos en 24 horas

A Estrada llega a los 48 vecinos con COVID-19 tras subir ocho en un día | Silleda registra cuatro infectados más y alcanza los 38, mientras que Lalín crece en dos y llega a los 32 | Cerdedo-Cotobade tiene 8 y Cruces 7

El medidor proporcionado a los padres para controlar si hincha la zona del pinchazo.

El medidor proporcionado a los padres para controlar si hincha la zona del pinchazo.

El COVID-19 no da tregua. La situación es altamente preocupante en el conjunto de la comunidad gallega, obligando a la Xunta a dar marcha atrás en la desescalada e incrementando restricciones en municipios como Silleda. El virus avanza imparable, favorecido por el hecho de que la mayor parte de los contagiados sean jóvenes, carentes todavía de la protección que brinda la vacuna pero con una vida social más intensa que la que ya está inmunizada. En las últimas 24 horas los concellos que conforman las comarcas de Deza y Tabeirós-Terra de Montes sumaron cerca de una veintena de nuevos vecinos contagiados.

A Estrada es el concello de la zona con más casos positivos. Solo en la última jornada de referencia incorporó ocho nuevos infectados a una nómina que ya presenta 48 personas con tarjeta médica en el municipio atravesando la enfermedad. Uno de ellos continúa ingresado y la media de edad de los afectados por el virus se sitúa en los 29 años. La incidencia crece peligrosamente en este ayuntamiento, al igual que la tasa de positividad, que ya está prácticamente en el umbral del 5%. La incidencia acumulada es de 249 por 100.000 a 14 días (51 casos), de 151 a siete (31) y de 73 por 100.000 en las últimas tres jornadas por los 13 positivos que saltaron en este intervalo. De los 1.417 test que se practicaron durante este mes de julio a pacientes estradenses, 70 arrojaron un resultado positivo.

Por otra parte, los 31 menores del campamento del Recreo Cultural que se encontraban confinados están ya listos para regresar a las actividades, después de que se le realizase el miércoles una PCR de confirmación –una de sus monitoras dio positivo– y de que ninguno de ellos resultase contagiado.

Silleda sigue subiendo

La situación continúa siendo complicada en Silleda, el único municipio de las comarcas para el que el comité clínico acordó en su última sesión restricciones adicionales. En la jornada de ayer fueron cuatro los nuevos casos de COVID-19 registrados en Trasdeza, que sube el número de activos a 38, a falta de confirmarse si hubo algún alta en las últimas horas. De este modo, este concello dezano continúa con la tasa de incidencia acumulada más alta de la zona.

También Lalín continúa sumando contagios. En 24 horas incorporó otros dos positivos más a una lista de casos activos que llega ya a los 32. La incidencia acumulada a 14 días está en 148 casos por cada 100.000 habitantes y, a siete, es de 54.

La situación epidemiológica general no varía en gran medida en los demás territorios, si bien la tendencia generalizada es la de ir ganando nuevos casos. En Cerdedo-Cotobade se registró un nuevo positivo, llegando los casos activos ya a nueve. En Rodeiro quedan tres positivos tras darse un alta y Vila de Cruces tiene siete. Desde Agolada se indicó que se registran dos activos, ya que de los tres que había uno todavía no recibió el alta, incorporándose un caso nuevo a la relación de infectados. En Forcarei no se proporcionan datos sobre la situación epidemiológica del municipio, si bien en el mapa de la Xunta figura que su incidencia acumulada está entre 75 y 125 en los últimos siete días, con una tasa de entre 50 y 150 a 14.

Dozón es el único municipio de las comarcas que se mantiene libre de coronavirus, sin que se haya registrado ningún caso desde el pasado mes de febrero.

Los niños en este estudio han de controlar a diario su temperatura con un termómetro bucal que se facilita a todas las familias.

Una vacuna que te hace un tatuaje de Mickey Mouse

Tiene nombre de princesa y alma guerrera. No dejó que se le escapase ni una lágrima. Puso su bracito de cuatro años y aguantó estoicamente el procedimiento, simplemente informó a su madre de que, si la cosa seguía así, no le iba a quedar más remedio que retirarlo. Estaba tensa y eso no facilitó la extracción de sangre para la analítica. Sin embargo, de la vacuna posterior ni se enteró. Pasó por la pesa y el medidor, soportando la molestia que a todos nos produce una PCR. Regresó a su casa sin que sus padres sepan si le han administrado una primera dosis de la vacuna contra el COVID-19 o si le han inyectado placebo. A ella le da igual. Lo único que le importa es observarse el brazo hasta que en él aparezca un tatuaje de Mickey Mouse, el efecto secundario que le ha prometido su madre.

Ya con la abuela, la pequeña da muestras de sabérselas todas. “No sé si me estará doliendo la cabeza”, le comenta. En realidad, está como una rosa, pero no duda en sacar a colación todo lo que ha escuchado en consulta que podría pasarle en las próximas horas. No se puede perder la oportunidad de hacerse la interesante. Y es que, al fin y al cabo, estos dos pinchazos le han brindado a esta pequeña atenciones extra. Ha de ponerse el termómetro todos los días para controlar su temperatura y deben controlarle con un medidor si se hincha la marca que tiene en el brazo, la misma que ayer ponía en su casa las cosas difíciles, haciéndose casi invisible.

Pinchazo con Pfizer

Esta pequeña es una de los niños de las comarcas de Deza y Tabeirós-Terra de Montes que han sido llamados a participar en un estudio para evaluar la seguridad, la tolerabilidad e inmunogenicidad de una vacuna experimental de ARN del SARS-CoV-2 en niños sanos menores de 12 años, realizado desde el Hospital Clínico de Santiago y promovido por Pfizer y BioNTech.

La vacuna se administra mediante dos dosis. No contiene el virus completo, “o la parte del virus que puede hacer enfermar a su hijo” –se recoge en la información facilitada a los padres– sino que se compone de una parte del código genético del virus que está en envuelto en partículas grasas llamadas lípidos”. En realidad, no todos los niños recibirán la vacuna. Se inocula a dos de cada tres participantes, de modo que uno de cada tres recibe placebo. Nadie puede elegir y nadie sale de la consulta sabiendo qué le han pinchado. Cada participante recibirá dos inyecciones con unas tres semanas de diferencia . Cuando el pequeño regrese al centro de estudio –en este caso el hospital compostelano– seis meses después de la primera cita su familia será informada de si se le administró realmente la vacuna en investigación contra el COVID-19.

Durante todo este tiempo, los participantes reciben un termómetro bucal –todos el mismo para que no haya variaciones– y un medidor para controlar la hinchazón de la zona del pinchazo. Los resultados hay que volcarlos a diario en una aplicación que les fue facilitada y que permitirá ir sumando el seguimiento de los menores en su hogar con los resultados que vayan aportando las analíticas sobre cuestiones tan básicas como la creación de anticuerpos contra el virus, entre otros. Si responde a la vacuna generando inmunidad será una de las cuestiones que valore la analítica que se le pondrá al mes.

Los participantes en este estudio clínico recibieron una llamada. “A mí cuando me lo dijeron, al principio me tiró un poco para atrás”, apunta una madre. Reconoce que genera algo de miedo aceptar que tu hijo participe en un estudio como este. “No voy a decir que no, y más viéndolos tan pequeños. Pero, por otro lado, también digo que, para saber si algo funciona, con alguien hay que probar. No voy a decir que mi hija sea un conejillo de indias, pero con esta vacuna lo somos todos un poco”, añade. La otra cara de la moneda la proporciona la esperanza de inmunidad. Esta misma madre apunta que no acostumbra a llevar a sus hijos al parque o a la piscina por miedo a traerse a casa el COVID-19. Asume que al colegio han de ir pero reconoce que los llevaría más tranquila si sabe que están más protegidos frente a este virus ante el que nadie sabe cómo va a reaccionar su cuerpo.

“Ella no lo pasó bien pero creo que lo pasé yo peor”, narra en alusión a su pequeña. “Le dije que a lo mejor le salía un tatuaje de Mickey y se mira el brazo todo el rato”, dice con la voz teñida de ternura. Su hija es fuerte. No ve las orejas del famoso ratón, pero ¿quién las necesita cuando una es una princesa guerrera? ¿Acaso Mulán se quedó esperando a que un ratón apareciese en su brazo? Pues eso.

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