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La mejor vaca lechera, no fue una vaca cualquiera

‘Isa’, una res de Conde+ da Xesteira, fue la más productiva de Galicia en 2020, al tener la mejor media por lactación del ‘top ten’

Conde, con las vacas en su explotación de Lamas.  | //BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Conde, con las vacas en su explotación de Lamas. | //BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Isa era una fuera de serie. Si se dice que el buey no es de donde nace, sino de donde pace, la vaca, –en este caso– nació en el mismo sitio donde pació toda su vida: en la parroquia estradense de Lamas. Dos hermanas asistieron al alumbramiento y una de ellas la bautizó con su nombre. “No creas que salen muchísimas así. En nuestra explotación era un orgullo”, recuerda Jesús Conde, el propietario de la Gandaría Conde da Xesteira. Este era el hogar de Isa, una vaca lechera de esas que dejan huella y baten marcas; de esas que crean un vacío cuando se van. Ella lo hizo escribiendo su nombre, y el de esta granja de A Estrada, en el top ten de producción láctea de Galicia, situándose entre las diez mejores vacas lecheras en un listado de 375 animales por encima de los 100.000 kilos de leche producidos a lo largo de su vida. Ella pudo batir este récord con seis lactaciones, teniendo menos partos que sus competidoras. Casi nada. Sin embargo, el reconocimiento por los más de 148.000 litros de leche que proporcionó desde que llegó al establo se recibirá en su granja a título póstumo, porque Isa partió hace tres meses.

De casta le viene al galgo. En este caso, a la vaca. Jesús Conde señala que solo tuvo tres vacas con una producción vitalicia por encima de los 100.000 kilos. Una de ellas fue la madre de Isa, Estrella. “Está claro que era genética”, reflexiona este productor de A Estrada. Asume que sacar vacas de esta producción “es una labor de años”. En el caso de Isa, su media se sitúa en 24.277 kilos por lactación, muy por encima de la segunda clasificada (20.834 de media). Ninguna de las otras vacas del top ten alcanza los 20.000, de manera que, términos relativos, Isa llegó a ser la vaca más lechera de Galicia.

Una máquina

“Era una máquina”, rememora Conde. “Tuvo partos con 24.000 y 25.00 litros. Era una máquina de producir leche”, incide. Indica que una lactación normalizada son 305 días y, en ese tiempo, ella rebasaba holgadamente los 18.000 litros. Las de esta vaca eran lactaciones muy largas, de unos 440 días. Lo suyo era de récord, con días en los que llegaba a producir 80 litros de leche o con picos de 54 litros en un solo ordeño. Vamos, que ella solita se bastaba para dar de desayunar a toda la parroquia. “De estas vacas salen algunas, pero salen muy pocas”, subraya Jesús Conde.

El propietario de Conde da Xesteira es un ávido lector e investigador, así que, después de aun año con 11 partos gemelares en su explotación, estuvo revisando muchos ensayos hasta que dio con varios en los que se señalaba que las vacas que se inseminaban cuando aun producían más de 50 litros al día podrían ser más propensas a este tipo de alumbramientos, que dejan tocada a la madre. Desde entonces, en esta granja no se apuran las lactaciones.

Isa se fue con 11 años. Todavía hubiese tenido tiempo de tener al menos otro parto. Sin embargo, Conde no quiso hacerla pasar por ello. El animal fue sometido a dos intervenciones de meato y no quería que precisase una tercera y que un nuevo nacimiento pudiese generarle un desgarro. Así que decidió que “había cumplido su ciclo”. “Se fue como una señora al matadero y nosotros casi lloramos cuando la vimos subir al camión”, cuenta este ganadero de A Estrada. “Quisimos quedarnos con esa imagen de vaca bonita, bien colocada, que nunca tuvo siquiera una mastitis. Ella tenía una personalidad propia. Cuando le decías Isa, da la vuelta, ella te entendía y se giraba”, explica con orgullo.

Genética y manejo

La madre, Estrella, no tuvo un final como el de su digna sucesora. Presentó una infección en las uñas y todos los intentos para que se sobrepusiese resultaron inútiles, hasta que hubo que sacrificarla para terminar con su sufrimiento.

¿Cómo se consigue una vaca de récord? Pues Jesús Conde cree que son varios los factores. El primero, la genética, que el animal sea el fruto de una adecuada combinación de genes entre sus padres. Y, después, asume que el ganadero tiene mucho que aportar en cómo afronte el manejo de sus reses. No obstante, no oculta que también es una cuestión en la que influye la suerte.

Conde no tiene fotos de Isa, pero sí guarda muchos recuerdos y conserva datos que lo llenan de orgullo. Sabe que aquella vaca lechera no fue una vaca cualquiera. Tardará en olvidarla.

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