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Una entidad ligada a la Unesco y el Consello da Cultura cuestionan la actuación en el Castro de Toiriz

La musealización del Castro de Toiriz fue inaugurada el pasado 15 de abril. |   // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

La musealización del Castro de Toiriz fue inaugurada el pasado 15 de abril. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Tres meses después de su inauguración, siguen trascendiendo críticas a la musealización del Castro de Toiriz y al proyecto Trazas de Pontevedra –promovido por el Ministerio de Transportes y la Diputación–, que también incluía los de Alobre (Vilagarcía) y A Subidá (Marín). El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) –asociado a la Unesco–, y el Consello da Cultura Galega (CCG) han emitido sendos informes que cuestionan tanto el resultado final como el procedimiento seguido en la redacción del proyecto. Lo hicieron a raíz de una denuncia ciudadana del 3 de diciembre de 2020, apoyada por la Asociación Empresarial Galega de Arqueoloxía, para pedir su intercesión ante los promotores y para evitar que se haga lo mismo en los quince asentamientos pendientes, entre los que figura el de Porta de Arcos, en Rodeiro.

Coinciden en que la intervención está descontextualizada por falta de investigación previa | Y ven excesivos los elementos colocados

Las conclusiones del Consello da Cultura son demoledoras desde la misma elección de los yacimientos, que “parece responder más a un criterio de distribución geográfica que a un criterio científico”, o del jurado del concurso, sin “ningún profesional que tuviese formación y cualificación suficiente en la investigación, conservación y restauración de bienes arqueológicos”. A su juicio, el proyecto trata los yacimientos “como si fuesen edificios”, sin atender a sus “valores arqueológicos, paisajísticos, sociales o documentales”.

La intervención en el castro de Silleda se apoya en los resultados de la prospección geofísica y geomagnética realizada en 2012, calificados como “no concluyentes” por el mismo arqueólogo de la Diputación. A pesar de ello, se elaboró “el esbozo de estructuras y un modelo 3D al que se referencian las piezas de acero que ‘ilustran’ el yacimiento imitando la planta de las edificaciones castreñas”, apunta el CCG, que señala que el primer paso para la puesta en valor del bien es “proceder a su estudio y documentación”. Los contenidos se limitan a una descripción superficial del castro, que no va más allá de lo recogido en la ficha de inventario de la Xunta de Galicia. “Para identificar los restos arqueológicos conservados y caracterizarlos, hay que llevar a cabo un estudio de mayor calado que permita conocer el lugar antes de proponer una intervención en él”, aduce.

“No hay una confluencia entre investigación e intervención”, coinciden los dos organismos. “El estudio de los yacimientos y la diagnosis de su estado de conservación son claramente insuficientes –reza el escrito del Consello da Cultura–. No se incluye ni el análisis crítico de su valor cultural, ni se hace una evaluación de la propuesta, ni se incorpora un programa de mantenimiento y conservación preventiva”.

También adolecen los proyectos de integración de la ciudadanía, que en Silleda ya expresó, con el aval de más de 1.500 firmas, “su percepción muy negativa en cuanto al resultado”. “Es una musealización impuesta desde arriba, sin contar con las comunidades locales, una manera de abordar el proyecto que podría llevar a su fracaso en el futuro por la falta de identificación con él de las comunidades locales”, esgrime el CCG. No tiene en cuenta la labor desarrollada, entre 2004 y 2010, por el Colectivo pola Recuperación do Castro de Toiriz, que lo abrió al público “limpio, digno y rehabilitado, después de mucho trabajo de los vecinos”.

En la propia memoria del proyecto se evidencia que “el disfrute prima sobre la protección del yacimiento y su conservación, aspectos que no se contemplan”, critica el Consello da Cultura Galega. Considera excesivos los elementos colocados, “diseñados como obras de land-art”, cuya función interpretativa “no está clara” y con alguna descripción que ni siquiera se corresponde con el castro. “Son reproducciones formales de fragmentos de trazas dispersas que no permiten al visitante reconstruir la densidad de las edificaciones, ni su carácter masivo y no se perciben como un conjunto”, arguye. “La funcionalidad y el aspecto plástico, que contrasta con el lugar natural por la forma y los materiales, y la fotoluminiscencia dificultan y hasta impiden relacionar estos elementos con la estructura del yacimiento”, apostilla.

Tampoco pasa por alto el empleo del castellano en los carteles, relegando al gallego a una posición secundaria, al mismo nivel que el inglés, sin respetar la cooficialidad que le reconoce el Estatuto de Autonomía.

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