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Las Brañas de Xestoso, a vista de pájaro

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Las Brañas de Xestoso durante el invierno. Damián Porto Rico

Las Brañas de Xestoso esconden un tesoro. Pero uno que nadie ve. Este entorno, que pertenece a la Red Natura 2000, destaca por su importancia ornitológica y por la presencia de una amplia variedad de especies. Sin embargo, las actividades humanas ponen en riesgo este hábitat y muchas de las aves han dejado de criar en este espacio. Los eólicos y los incendios se erigen como grandes amenazas, pero uno de los mayores riesgos está en la agricultura y la ganadería intensivas. Las Brañas, situadas a medio camino entre A Estrada, Forcarei y Silleda, parecen encontrarse en tierra de nadie.

Las Brañas de Xestoso están en tierra de nadie. O de todos. Depende cómo se mire. Se encuentran entre los municipios de A Estrada, Forcarei y Silleda porque la naturaleza nunca ha entendido de barreras administrativas. Sin embargo, las fronteras no favorecen la conservación de los espacios naturales, que suplican protección. Pese a que las Brañas de Xestoso forman parte de la Rede Natura 2000, las ayudas no llegan y las Brañas agonizan. Con ellas, las aves que las habitan. Algunas optan por abandonar este humedal, buscar otro lugar en el que sus nidos no corran peligro. Porque de lo que no cabe duda, es de que Xestoso guarda entre sus aguas un tesoro ornitológico. Más aún en una época del año como esta, cuando una parte importante de las aves están en el momento de la cría.

Según explica uno de los impulsores de Naturgalicia e investigador de las Brañas de Xestoso, Damián Porto Rico, las grandes amenazas de este espacio tienen nombre propio. La mano del hombre y sus diferentes actividades económicas ponen en serio peligro la continuidad de las especies. Todas ellas son tremendamente sensibles, como sucede son las aves.

Las Brañas de Xestoso durante el invierno. Damián Porto Rico

Problemas para nidificar

“Entre las que nidificaban en las Brañas de Xestoso destacaba el sisón, y este era uno de los únicos enclaves en los que lo hacía”, declara. Parece que el uso de maquinaria agrícola es una de las principales amenazas, puesto que aniquila los nidos de este tipo de aves, que suelen construirse en el suelo. Así es que el sisón, que había sido capaz de superar el embate de los incendios del 2006 y de la instalación de varios aerogeneradores, no fue capaz de resistir las nuevas formas de agricultura. Ese es el motivo que Porto Rico señala para justificar la desaparición del sisón en esta zona.

Otras aves destacadas, por su significado y su popularidad, son las rapaces. En las Brañas de Xestoso solían criar tres especies de aguiluchos: el lagunero, el cenizo y el pálido. Sin embargo, en la actualidad solo lo hacen los dos últimos. Si la situación no fuese lo suficientemente preocupante, a esto hay que sumarle que hay pocas parejas de aguiluchos en la zona, lo que complica todavía más las posibilidades de cría.

Hay otras especies que también se han retirado de las Brañas de Xestoso, pese a que un día fueron visitantes habituales y no ocasionales. Es lo que sucede con el búho campestre, que dejó verse con sus crías desde el 2004 y que progresivamente ha ido desapareciendo, dejándose ver por las Brañas como un simple y curioso turista.

Las grandes amenazas

Porto Rico, en su enumeración de especies amenazadas en este enclave protegido, no se olvida de mencionar las avutardas. Esta ave, “una de las mayores voladores que existen”, solía visitar las Brañas. Sin embargo, hace un par de años que dejó de hacerlo, por motivos semejantes a los de sus compañeros.

Pero estas no son las únicas aves que disfrutan con sus vuelos sobre las Brañas. Hay muchas otras que conviene visitar a finales de verano, la época idónea para avistar algunas especies. En este momento del año será más fácil contemplar la belleza de los chorlitos dorados, de las avefrías, la cigüeñuelas y los alirrojos. De manera ocasional, también se pueden avistar el elanio azul, la carraca y el buitre negro. Las mismas especies que todavía se resisten a abandonar las Brañas, sabedoras de que un espacio tan bello corre un peligro incomparable.

Unas amenazas que tienen forma humana. Bien por los incendios provocados, que lo arrasan todo. Bien por la construcción de parques eólicos, cuyas aspas imponentes ponen en peligro a las aves. Sin embargo, parece que el mayor riesgo viene de la mano de la agricultura y la ganadería, tal y como expone Porto Rico. “Los cambios en los usos agrarios tradicionales con especies forrajeras, el vertido incontrolado de los purines y la extracción descontrolada de la biomasa para elaborar compost”, así expone el experto las grandes amenazas de las aves, pero también de la vida que todavía se agarra a las Brañas.

La posible solución

Frente a estos riesgos, Porto Rico alza una posible solución. Que este tipo de labores agrícolas, sobre todo las que se llevan a cabo con maquinaria, se hagan bajo supervisión de los técnicos de las administraciones correspondientes y que se respeten los períodos de cría de las aves. De hecho, muchas de ellas son especies protegidas en toda Europa.

Por si esto no fuese poco, los restos arqueológicos del entorno también están en peligro. Según relata Porto Rico, la Mámoa de Boi Morto desapareció sin que nadie la reclamase. Cayó en el olvido, o en nuevo pastizal, que fue capaz de engullir el legado de los ancestros.

Un motivo más para la alarma. La misma que lleva sonando durante años. La que le reclama a Galicia, a sus administraciones y a su gente, que nuestra flora y nuestra fauna están en peligro. Porto Rico lo dice firmemente: ya han desaparecido en Galicia especies como el urogallo, la cabra del Xurés y el propio lince. Y ellas no son la excepción, sino la regla.

En las Brañas de Xestoso se escucha el trinar de un pájaro. El aletear de otra ave dispuesta a alzar el vuelo y el sonido gutural de la tierra.La que clama, la que suplica, la que ruega. Las Brañas de Xestoso son un tesoro escondido y olvidado. Y solo se llorará su pérdida cuando no estén. Cuando el búho y el águila digan: “¡Basta ya!”. Cuando sus trinos no se vuelvan a escuchar y solo quede el silencio de una tierra sin vida.

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