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Noelia Míguez Víctima de violencia machista

“Vivo con miedo, a fuerza de protestar logré que la Policía me lleve y traiga del trabajo”

Dice estar atemorizada ante el primer permiso penitenciario del hombre que la apuñaló

Noelia Míguez sufrió un intento de asesinato en junio de 2015.// Xoán Álvarez

Noelia Míguez sufrió un intento de asesinato en junio de 2015.// Xoán Álvarez

Hace seis años, Noelia Míguez fue víctima de un intento de asesinato por parte de su entonces pareja. El agresor fue condenado a 10 años de prisión, y desde el pasado jueves hasta el día 9 goza de su primer permiso penitenciario para poder estar en su casa, a diez minutos en coche de la vivienda de la joven, en Boqueixón. Ella asegura estar atemorizada ya que el agresor saldrá de la cárcel sin una pulsera telemática que garantice que se mantiene a por los menos 500 metros de distancia, los que marca la orden de alejamiento.

–¿Cuál fue su reacción al saber que su agresor disponía de permiso penitenciario?

–Solicité 24 horas de protección, y me respondieron que no hay personal suficiente y que yo ya disponía de esa orden de alejamiento. A fuerza de protestar conseguí que la Policía me lleve y me traiga del trabajo, y mi casa también está vigilada. Pero fuera de estos dos lugares no puedo hacer vida, no puedo salir tranquila, vivo con miedo. Cuento, eso sí, con cuatro amigas que se turnan para estar y salir conmigo. Dispongo además, gracias al Centro de Información á Muller de Boqueixón, de un teléfono de emergencia que ofrece mi ubicación real y gracias a él, en caso de problemas, marco un botón y aparece una patrulla allá donde esté.

–La brutal agresión que sufrió usted tuvo lugar el 19 de junio de 2015. La Audiencia Provincial condenó a su agresor a diez años de cárcel. ¿Intentó comunicarse con usted en este tiempo?

–No, no hubo ningún intento de comunicación. Es cierto que yo tengo una orden de alejamiento, ya desde el momento en que él entró en el calabozo por esta agresión, pero esta medida de protección se me acaba en 2025, cuando él cumpla los diez años de condena. Si quisiese tener otra orden de alejamiento tendría que denunciarlo por otra agresión, no por esta por la que ya ha cumplido pena de cárcel. Es verdad que durante estos años un agente de policía me llama cada 15 días o cada mes para ver cómo estoy.

–La relación afectiva comenzó hace seis años. ¿Cómo se desencadenó la agresión?

–La relación comenzó siendo normal pero poco a poco él intentó, digamos, moldearme psicológicamente. No me apartó de mi familia, pero comenzó a decir que mis padres no le querían, y cada vez que yo quería quedar con mis amigas, él venía conmigo. Nunca me pegó, pero sí empezó a darme empujones, a amenazarme, a tirarme del pelo o a escupirme en la cara.

–Hasta la noche en que intentó quitarle la vida.

–Así es. Nunca le denuncié por los hechos que acabo de contar. Pero creo que esa noche él ya lo tenía todo planeado. Nosotros compartíamos casa los fines de semana. Estábamos durmiendo y él baja a la cocina, coge unas tijeras de cortar pulpo y tres cuchillos. Primero intentó asfixiarme y después me clavó, hasta ocho puñaladas.

–¿Cómo logró pedir ayuda?

–Me hice la muerta, y él salió de casa con mi coche. Así que salí a pedir ayuda, con las tijeras clavadas en la cabeza, al vecino que tengo más cerca, un señor de 80 años. Salí de casa desnuda, porque el agresor me había cortado el pijama con las tijeras. El vecino llamó a una ambulancia, y cuando desperté ya estaba en el hospital.

–Confiesa tener pánico tras ese permiso penitenciario. Pero las secuelas físicas que padece también están ahí.

–Las puñaladas fueron sobre todo en la cabeza y el cuello, y alguna en la muñeca. Una de las puñaladas en la cabeza afectó a una membrana del cerebro, por lo que me cayó líquido cerebral y a raíz de eso perdí la audición del oído izquierdo, y de esa pérdida se deriva que tenga también mareos o vértigo. Tampoco puedo sentir el lado izquierdo de la cabeza, noto en su lugar una especie de hormigueo. Así que cada tres meses tengo que ponerme 32 inyecciones para evitar el derrame de ese líquido cerebral. Trabajo como auxiliar de enfermería, de modo que también noto menos fuerza en mis extremidades del lado izquierdo cuando, por ejemplo, tengo que mover a un enfermo. Me quedaron también las rodillas quemadas porque me arrastró por el suelo. Durante los primeros días estuve en la UCI, y me costó mucho reconocer que la que era mi pareja quería matarme. Estuve, después, dos meses en el hospital. Quiero agradecer las muestras de apoyo de muchas personas, hasta el punto de que en esos dos meses ingresada no estuve ni un momento sola. Y también tengo que decirlo, creo que sigo viva gracias al humor negro que heredé de mi padre.

“Sería incapaz de empezar de cero con otra persona”

–Su vivienda familiar y la de su agresor distan 10 minutos en coche. ¿Alguna vez se planteó cambiar de residencia y rehacer su vida lejos?

–Mis padres sí barajaron la idea de mudarnos, pero lo pensé mejor y decidí que no, porque en Boqueixón es donde tengo a mi familia y a mis amigos. Soy su única hija y la verdad es que ahora, con el permiso penitenciario, sí que están un poco asustados, así que se turnan para salir antes de su trabajo o adaptar su horario laboral para estar más tiempo conmigo.

–Afirma que ha recibido mucho apoyo tras el intento de asesinato y en estos seis años. ¿Pero tuvo que escuchar comentarios machistas o fuera de lugar?

–Sí, hubo gente de Santiago que intentó justificar la agresión diciendo que yo le había sido infiel, o que yo había dado un soplo porque él tenía una plantación de marihuana.

–Su agresor ya tenía una orden de alejamiento, también por malos tratos, contra otra mujer, algo que usted descubrió durante el juicio. ¿Usted ha podido rehacer su vida, después del terrible episodio que ha vivido y de las secuelas que le han dejado?

–Estoy con otra persona, sí, que era ya amigo mío de hace tiempo. Creo que sería incapaz de empezar de cero con una persona a la que no conociese de nada tras lo que he pasado. De hecho, me han quedado miedos que salen a relucir cuando, por ejemplo, me alzan la voz, me quedo como paralizada.

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