La celebración del Orgullo de Lalín coincidió ayer con el primer día en el que los vecinos pudieron verse de nuevo las caras 401 jornadas después. La eliminación oficial del uso de la mascarilla, aunque con matices, hizo que muchos vecinos aprovechasen la jornada festiva para poder pasear a cara descubierta y, también, salir con la familia a tomar algo sin tener que taparse la boca. Sin embargo, la mascarilla se resiste a desaparecer incluso en este contexto en la capital dezana. En este sentido, también se pudo ver a muchas personas luciendo el inevitable utensilio profiláctico en estos tiempos de pandemia. El sentidiño que se solicita desde las administraciones a la hora de usar o no la mascarilla hace que sea todavía muy fácil ver en una misma calle a personas que la usan junto a otras que optan por llevarla en la mano o en el bolsillo para poder utilizarla si fuese necesario.