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Acevedo, la aldea gala de Forcarei

Los vecinos se unen para plantar batalla frente a un despliegue eólico que dejaría a la aldea en la poligonal de un parque, con tres torretas y dos líneas de evacuación de la energía a menos de 100 metros de sus casas

Una de las pancartas desplegadas estos días en Acevedo, en la parrroquia de Millerada.  | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Una de las pancartas desplegadas estos días en Acevedo, en la parrroquia de Millerada. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

No beben de ninguna poción mágica, pero los vecinos de Acevedo, en la parroquia forcaricense de Millerada, tienen fuerza para exportar. La localidad se ha convertido estos días en una especie de aldea gala que no está dispuesta a dejarse aplastar. Los lugareños no tienen que combatir el asedio del imperio romano, pero han de hacer frente al avance de dos gigantes de la industria eólica: los proyectos para los parques de Tramontana y Siroco.

La protesta pacífica se extiende por toda la aldea. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Paca es la última vaca que queda en esta pequeña aldea de Forcarei, rodeada de carballeiras y bosques de acebo, donde la tierra bebe de fuentes naturales que enverdecen preciosas sendas. Por una de ellas pasa el Camiño da Geira e dos Arrieiros en dirección a Compostela. Hasta ahora Paca puede pastar plácidamente en su prado. Sin embargo, el pasado fin de semana la paz y el sosiego se quebraron. Los vecinos están en pie de guerra para impedir que el lugar en el que viven, respirando auténtica tranquilidad, se vea destrozado por el paso de dos líneas de evacuación y tres torretas de alta tensión “a menos de 80 metros de las casas”, como explica Jorge Sieiro. “Si lo que quieren es conservar el rural y que más gente se asiente permanentemente o en temporadas de vacaciones en estas zonas desde luego que esta no es la política a seguir”, denuncian.

Los vecinos están decididos a hacer escuchar su protesta. | //BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Las redes sociales se han convertido estos días en su primer campo de batalla, pero la intención de los vecinos es seguir peleando en otros foros. “Energía renovable sí, pero no todo vale”, insisten. Su protesta es totalmente pacífica y no usa más arma que la palabra, eso sí, estampada en pancartas que piensan seguir extendiendo para que todo el mundo pueda entender que están dando la voz de alarma para que su hermoso pueblo no se vea condenado.

Paca, la última vaca que queda en la aldea, pastando a sus anchas.

“Nos preocupa muchísimo que la línea de evacuación pase a apenas cien metros de las casas”, apunta Mary López. Los vecinos temen el impacto del paso de este torrente energético pueda tener para la salud de las personas. “Al ver que las líneas pasan tan cerca de las casas comenzamos a movilizarnos. Si bien es cierto que no estamos de modo alguno en contra de las energías verdes porque es importante cuidar el planeta, no puede prevalecer la industria sobre la salud”, remarcan.

Miedo por los manantiales

“Que pongan líneas de tensión bordeando el pueblo mata el rural porque hay peligros de contaminación de ríos y manantiales”, señalan. Seguidamente apuntan que Galicia tiene un alto contenido de cuarzo en sus tierras. “Cuando comienzan a romperlo hay peligro de contaminación de metales pesados en las aguas”, inciden.

La sorpresa de estos forcaricenses cuando vieron los planos de los parques eólicos de Tramontana y Siroco fue mayúscula. “Dejan a Acevedo dentro del polígono del gran parque eólico, porque, aunque lo han fraccionado, esto es un macroproyecto”, remarcan, antes de añadir: “Al quedar dentro de la poligonal, cuando ellos quieran el pueblo desaparece”, lamentan estos vecinos, que auguran una afección sobre su calidad de vida y un “riesgo inminente e importante de enfermedades”.

Una curva

“Tienen muchísimo espacio por donde pasar los cables de las líneas de evacuación”, defienden en Acevedo. Aseguran que en los planos puede apreciarse que estos tendidos no se hacen en línea recta, sino que se marca una curva bordeando la aldea. “Asumimos que, quizás, había algunos montes y plantaciones que no quieren pagar, pero la vida de las personas vale mucho más que una plantación de pinos”, remarcan.

“Haremos el ruido que podamos y trataremos de defender el pueblo, el rural y la vida aquí, sin que ello implique que estemos en contra de las energías verdes, pero no puede prevalecer el negocio sobre la salud y sobre la vida de los pueblos”, sostienen.

Fuentes vecinales indican que a lo largo del año viven en este aldea entre 35 y 38 personas, si bien en verano aquellos que han tenido que marcharse por cuestiones laborales regresan con sus familias. “En primavera-verano puede haber 80 personas”, calculan. Juntos hicieron alegaciones generales y específicas “La línea de uno de los proyectos lleva 72 kilovatios y la otra 60. La cosa es que, a pesar de que los presentan como proyectos fraccionados, es un solo macroproyecto. Alguna de estas torretas van a transportar la energía de ambos. Se sumarían 72 y 60, y que eso esté a escasos 100 metros de las casas...” , señalan. Insisten en que una de las torretas proyectadas “incide casi en vertical sobre el manantial que suministra el agua a las viviendas, lo cual es gravísimo”.

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