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“La gente demanda las fiestas descontroladas y es difícil que lleguemos a agosto sin consecuencias"

Fernando Campos, diseñador del protocolo de seguridad del San Paio.

Fernando Campos, diseñador del protocolo de seguridad del San Paio.

La experiencia es un grado. A Fernando Campos lo avalan más de tres décadas en el sector de los espectáculos. Este técnico de sonido, natural de A Estrada, se ha visto obligado a reinventarse, como tantos otros. En plena pandemia decidió crear un protocolo de seguridad para reflotar el sector en tiempos de crisis sanitaria. Su plan se puso a prueba en el San Paio 2020, y funcionó. Este año repite, como encargado de la seguridad de unas fiestas que apuestan por los espectáculos diurnos y la responsabilidad. El sector ha tenido que ingeniárselas como ha podido y parece que la relajación de las medidas lo favorece. Sin embargo, Fernando no está tan seguro.

–Usted se ha encargado de diseñar el protocolo del San Paio. ¿Ha sido una tarea difícil?

–Fue difícil en el sentido de que hubo muchos cambios. Las primeras previsiones eran bastante distintas a las de ahora. Hubo que ir adaptándose a los posibles cambios que se barajaban en cada momento hasta llegar a las actuales medidas de prevención. Por tanto, tuve que hacer varias veces los planos de las plazas. También hubo bastantes cambios en relación a la gente que iba a venir a tocar o hacer las actuaciones. Hubo mucho baile, entre unas cosas y otras. Y, al final, había que coordinar los tres escenarios en los que se van a hacer los espectáculos: la plaza del Concello, la Praza do Mercado y la Alameda. Por lo tanto, sí fue un protocolo laborioso. De ir confirmando, poco a poco. Lo que sí fue muy positivo fue contar con la experiencia del año pasado.

–De hecho, usted diseñó el protocolo del San Paio 2020, que se basó en un método pionero.

–Sí, fuimos los primeros. Hice aquel protocolo de manera desinteresada y altruista. Luego fue aprobado por la Xunta y, con él, hicimos las fiestas de A Estrada. Y ese paso que dimos nos sirvió para el resto del verano del 2020, y también para el futuro.

–¿Cuáles son las perspectivas en el sector? Parece que la situación epidemiológica mejora.

–Parece que vamos saliendo del pozo. Sin embargo, hemos dejado atrás una gran cantidad de gente, de recursos humanos. No sé qué pasará en el futuro, pero es posible que tengamos consecuencias. Sobre todo, en lo que respecta al déficit de personal en los espectáculos. Lógicamente, la gente ha tenido que buscarse la vida. Aunque en nuestro sector siempre hubo personas que trabajan por temporada. Es decir, solo en verano. Luego tenían ocupación.

La reorientación laboral

–Es decir, la pandemia les ha obligado a reorientarse laboralmente.

–Sí, porque tuvieron que buscar soluciones. Y claro, si han encontrado nuevos trabajos, ahora no los van a dejar. Y tampoco podemos olvidarnos de los chavales jóvenes que salen de las academias y que necesitan rodaje, trabajar en espectáculos, conocer este mundo. Ellos no pudieron hacerlo. Es obvio que esto también tendrá sus consecuencias. Y en lo que respecta al plano económico, no suelo quejarme. Estamos todos igual. Nuestro sector no fue de los que más se quejó, a pesar de que tuvimos que estar completamente cerrados por momentos. Hubo otros sectores que, con sus razones, pidieron y protestaron más que nosotros. Y que conste que esto no es un reproche. Simplemente digo que nuestro sector asumió un poco mejor lo que estaba pasando y tiramos hacia delante.

–¿Cree que en el futuro próximo, y debido a la pandemia, cambiaremos la forma de ver los espectáculos?

–Pues no lo sé, pero sí que me gustaría que hubiésemos aprendido algo. Sobre todo, en lo que respecta a los horarios. Quedó patente que los espectáculos se pueden hacer más temprano y eso tiene beneficios en muchos sentidos . Y también quedó bastante claro el hecho de que estar sentados y separados hace que la gente esté más concentrada en el espectáculo y que el nivel de atención sea mayor. Sin embargo, no creo mucho en la capacidad de la gente para aprender de estas cosas. Creo que vamos a volver a como estábamos antes. La demanda mayoritaria es de festa rachada y descontrolada y creo que eso es lo que vamos a tener. De hecho, tengo mis dudas de que lleguemos a finales de agosto sin tener consecuencias. Porque el panorama que se pinta ahora es muy bonito pero el reverso puede venir en dos minutos. En catorce o quince días podemos estar llorando otra vez. Ojalá me equivoque, pero de mediados de agosto no vamos a pasar.

–Entonces, ¿usted cree que habrá un retroceso en la situación epidemiológica por la relajación de medidas y la actitud de la gente?

–Sí, estoy casi seguro de que la ineptitud y la irresponsabilidad colectiva que estamos viendo en la gente no nos dejará pasar del mes de agosto sin tener un rebrote importante. Ojalá me equivoque. Mi argumento está todos los días en la televisión, viendo la cantidad de gente que hay con un comportamiento social tan irresponsable.

Apelar a la responsabilidad

–Ese “comportamiento irresponsable” es el que más perjudica a los espectáculos.

–Nuestro sector está, al final, igual que todos los demás. Es el que primero se corta y al que primero se le echa la culpa. Pero trabajando desde dentro somos los que más nos preocupamos por las normas, por las que están escritas y las que no. Mientras que en otras partes la irresponsabilidad es manifiesta.

–Dentro de los espectáculos. ¿Cómo ve el ocio nocturno y las verbenas?

–Aquí hay una gran diferencia. La cuestión no es que sea una verbena o cualquier otro tipo de fiesta. La historia la marca el alcohol. Nuestras fiestas están ligadas completamente al alcohol. Desgraciadamente es así, además de otras sustancias. El alcohol está asociado a nuestra forma de divertirnos. Y eso es un problema gravísimo. Porque cuando sube el alcohol, la norma desaparece. Entonces no es cuestión de que sea una verbena u otro sitio. En el momento en el que mezclamos ocio y alcohol, el problema es este último.

–El desmadre del que hablaba antes, ¿no?

–Claro, en el momento en el que nos metamos en la noche y todo sea más permisivo... La gente quiere volver a esos botellones, esas fiestas con alcohol. Se ve enseguida. Cuando ves unas responsabilidades de nivel supremo, en la televisión o en cualquier otro sitio, el alcohol está en medio. No falla. Cuando hay un evento diurno, la gente está sentada y controlada, el espectáculo se desarrolla con total normalidad. Y no hay ningún problema. Además, se respetan las distancias y todo. Incluso si hubiese un contagiado, todo está perfectamente controlado. Pero en el momento en el que pones el alcohol en la ecuación, se va todo al garete.

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