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Ahogarse con el bikini

Bikinis en un puesto, ayer, en el mercadillo de A Estrada.   | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Bikinis en un puesto, ayer, en el mercadillo de A Estrada. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

La moda de baño parece pedir a gritos estos días de calor que te pares delante del escaparate. Seduce con sus colores llamativos y sus vistosos estampados. ¿Cómo quedará? Pues a veces te lee el pensamiento y se hace acompañar de una paradisíaca imagen en la que una despampanante modelo lo luce en todo su esplendor. A lo mejor te decides a entrar. Pruebas uno tras otro y nunca consigues que el espejo te devuelva, ya no la imagen de la chica que posa seductora y bronceada al borde de la piscina o debajo de una palmera, sino una que no te den ganas de preguntarle a la dependienta si tendrá un modelo de bañador “de cuello vuelto”.

Estar en casa ha sido bueno para una cosas y muy malo para la línea de flotación. El que más y el que menos se quedó con algún recuerdo del confinamiento que trata de borrar a base de dieta y ejercicio. Sin embargo, asumirlo y pensar “que me quiten lo bailao” no es tan sencillo para muchos.

En consulta

“Ahora es el momento en que tenemos que descubrir nuestros cuerpos. Las piernas ya no tienen medias y no llevamos chaquetas que nos cubran. Vamos con nuestro cuerpo y ya”, introduce la psicóloga estradense Verónica Barros. En su consulta se está encontrando en esta operación bikini a muchos pacientes que ven caer su autoestima y subir sus obsesiones con lucir un físico que ellos consideren aceptable para tomar el sol.

“Psicológicamente nos afecta mucho. Lo que yo veo es mucha tendencia a centrarse demasiado en el tema del peso, a creer que a uno lo van a valorar de un modo distinto o que se van a fijar justo en eso que le acompleja”, indica. Esa lorza siempre inoportuna preocupa ya menos que las piernas, sobre todo entre los más jóvenes. Barros asegura que está detectando que la preocupación por el físico y el control sobre el dictamen de la báscula está llevando a muchos adolescentes a entregarse a “dietas restrictivas”, más que a la práctica deportiva. “Les resulta más fácil; el deporte les cuesta más esfuerzo y con la dieta parece que les cuesta menos; eliminan esos momentos para comer y ya”, indica. Por otro lado, Verónica Barros reconoce que el hecho de acomplejarse en el momento en el que nos toca descubrirnos en público es algo que “nos pasa a todos”. “Siempre hablamos en femenino pero los chicos también lo tienen, cada vez más y más obsesionados. Nos estamos imponiendo unos niveles de exigencia irreales, porque yo no voy a ser nunca como una chica de filtro, porque no lo va a ser ni ella misma”, reflexiona.

El filtro

Y es aquí donde entran las redes sociales y las imágenes que difunden de personas perfectas que aseguran no esforzarse ni privarse de nada para moldear así sus cuerpos. Claro que, cuando uno se somete a la prueba del algodón en la operación bikini, no puede aplicarse un filtro –que no sea el solar– antes de empezar a caminar sobre la arena. “En las revistas y demás la gente está retocada y en las redes están los filtros. La imagen que nos dan no es real”, insiste esta psicóloga. Sin embargo, perseguir este espejismo hace que muchos pacientes se marquen modelos como referencia que, sencillamente, son inalcanzables. “La cara perfecta nunca va a tener el cuerpo perfecto ni vas a poder encontrarte con esas personas por la calle”, remarca.

Verónica Barros pone el acento en esta cuestión en los talleres que está impartiendo a los alumnos del IES Chano Piñeiro de Forcarei. Apunta que los jóvenes están sometidos a una “importante presión” en relación a su aspecto físico, precisamente por los altos niveles de exigencia que se marcan frente a modelos que, si no han sido sometidos al retoque de un programa fotográfico, han pasado por un filtro.

Inseguridad

Todo ello redunda en que personas con una autoestima baja inicien la campaña de verano con una tendencia a pasarlo peor. “Se relacionan con más inseguridad con los demás; van desde una sensación de inferioridad y piensan que los demás lo notan”, continúa. “Estar delgada no es estar bien, es estar delgada”, matiza. Señala que también en las parejas se ven más problemas, por una conjunción de sentimientos de inferioridad e incluso celos.

Si librarse de los kilos de más que hayan podido dejar tras de sí los meses de menos actividad es posible, a base de una alimentación equilibrada y de práctica regular de ejercicio físico, superar los complejos es también una cuestión que se puede trabajar. En este caso con terapia. Somos muchos los que no estamos del todo convencidos con la imagen que encontramos en el espejo. Es casi inevitable. Sin embargo, uno puede terminar haciéndole un guiño al espejo a base de aceptar su cuerpo tal y como es y de ganar seguridad en sí mismo. El bikini puede ser un símbolo de disfrute y tiempo libre, ese salvavidas que nos ayuda a desconectar de la rutina. Sin embargo, muchas veces pesa y nos lleva al fondo, como si lo tejiesen con plomo. Cuidarse es bueno, por dentro y por fuera, pero obsesionarse termina ahogándote.

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