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El bum de las viviendas turísticas

Ya ofertan más plazas que las casas rurales de las comarcas

Giovana Otero, en una de las habitaciones de la Casa Pena de Roca, en Merza. |  // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Giovana Otero, en una de las habitaciones de la Casa Pena de Roca, en Merza. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

El bum experimentado por las viviendas turísticas como alternativa a los alojamientos tradicionales ha supuesto en zonas como las Rías Baixas que este segmento de negocios supere en plazas a los hoteles. Se trata de un nicho de mercado en muchas ocasiones desconocido, pero que en las comarcas también está muy asentado, hasta el punto que su oferta se aproxima cada vez más a las de hoteles, hostales y casas rurales juntos. Según los últimos datos oficiales, en Deza y Tabeirós-Montes operan 164 establecimientos de este tipo, que aglutinan 1.246 plazas, mientras que el resto de negocios de alojamiento tradicionales suman 1.734.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) daba a conocer días atrás los censos de viviendas turísticas por municipios, que en Galicia alcanzan ya 11.398. En este registro doméstico sobresale claramente A Estrada como el concello de las comarcas con mayor penetración de estos establecimientos al figurar dados de alta exactamente 54, con un total de 444 plazas. Este dato contrasta con las 368 camas que tienen sus dos hoteles, cuatro pensiones y una veintena de casas rurales. Mención especial merece esta última oferta de inmuebles asentados en plena naturaleza, pues son el 40% de todas las que funcionan en las comarcas.

Cerdedo-Cotobade es la segunda localidad con más plazas en viviendas turísticas (269) de las que 124 corresponden al primer territorio, donde se asientan 13 establecimientos, frente a los 21 del antiguo municipio de Cotobade. En el concello fusionado los registros oficiales apuntan a la existencia de tres hoteles, dos pensiones y seis casas rurales con una capacidad total de 139 plazas de alojamiento. De nuevo, los alojamientos turísticos disponen de más camas que los otros juntos.

Lalín y Silleda suman en cada caso 22 establecimientos con esta clase de licencia y 147 y 139 plazas respectivamente. Los cinco hoteles, ocho pensiones y tres inmuebles rurales de la capital dezana suman 440 camas y 430 se reparten los cuatro hoteles, una decena de pensiones y seis casas rurales trasdezanos. Un total de 97 camas tienen las 14 viviendas turísticas cruceñas y 146 los establecimientos con licencia de hotel, pensión o casa rural. En Rodeiro son cuatro (52 plazas) y las tres de Agolada suman 28, frente a 37 y 31 camas de los demás negocios de alojamiento. Dozón, según el informe estatal, es el único concello de la zona sin oferta de este tipo. En Forcarei son 11 con capacidad para 70 personas, que se suman a las 113 camas de los demás establecimientos.

Giovana Otero gestiona desde 2019 la Casa Pena de Roca, asentada en la parroquia cruceña de Merza. Es uno de las viviendas de uso turístico de la zona, que ya tiene casi el cartel de completo para la próxima campaña estival. “Junio fue regular, pero para julio y agosto ya estamos al 98% de ocupación y en torno a un 30 para septiembre”.

Giovana Otero: "La gente busca espacios para compartir solo con familiares o amigos"

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Se trata de un espectacular inmueble con más de 400 años de historia distribuido en cuatro dormitorios para un máximo de nueve huéspedes. Las reservas se gestionan a través de las principales plataformas. Otero atribuye la eclosión de estos establecimientos [los de uso turístico se diferencian de los turísticos en función del uso privado compartido, entre otras cuestiones] “a que la gente, quizá más con la crisis sanitaria, busca espacios para compartir solo con su familia o amistades cercanas porque en otros sitios como hoteles hay evidentemente zonas comunes”.

El Camino de Santiago ejerce como un incontestable polo de atracción turística para la zona y por eso también han aflorado en los últimos tiempos en villas como Lalín albergues privados como alternativa a los gestionados por las administraciones públicas.

El legado de los Vaamonde y de los Pimentel de Sotomayor

El Pazo de Sestelo, asentado en la parroquia silledense de Siador, es uno de los inmuebles señoriales más espectaculares de las comarcas. Sus propietarios remataron su rehabilitación y meditan abrir su uso privado, pero solamente para eventos puntuales singulares. María Eugenia Espinosa de los Monteros es la esposa del empresario y benefactor trasdezano Roberto Rivas, quien heredó de sus antepasados esta casa-torre del siglo XVII. “Estamos pensando la posibilidad de alquilarlo para eventos especiales, pero no al público como un alojamiento tradicional”, comenta María Eugenia.

Con la remodelación, el pazo quedó distribuido en su parte potencialmente hotelera con dos suites con aseo y tres habitaciones doble con baño; una de ellas incluso con chimenea. Un amplio comedor y una cocina totalmente equipada son otras de las dependencias de un inmueble distribuido en tres plantas. De las estancias del pazo destaca una biblioteca situada en la primera planta dispuesta sobre estantes de madera sobre una escalera de caracol central. Asimismo, dispone de un apartamento independiente con un dormitorio para dos personas. En la parte exterior sobresalen sus cuidados y amplios jardines o una capilla. En la fachada de esta casona se conserva un escudo que representa las armas de los Vaamonde y de los Pimentel de Sotomayor. Según sus propietarios, los antiguos moradores de la casa se caracterizaban por su condición de “hidalgos ilustrados; incluidos en los padrones de nobleza y por tanto exentos de tributos pero en contrapartida debían de prestar servicios de armas cuando eran convocados al efecto”.



Jardines interiores del inmueble señorial situado en Siador. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN /


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