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El Capitulet de Abades

El cura valenciano Joaquín Espés impulsó la devoción a la Virgen de los Desamparados y construyó un enorme santuario en una pequeña aldea del Camino de Santiago

Feligreses y sacerdotes en una procesión.

Feligreses y sacerdotes en una procesión. B.B.

Un sacerdote valenciano, Joaquín Espés, fue el impulsor de la devoción a la Virgen de los Desamparados en Galicia, donde levantó en la aldea rural de Abades (Silleda, Pontevedra) un enorme santuario en su honor, apostada en una encrucijada del Camino de Santiago. Hasta allí le fue enviada por sus padres una imagen de la Virgen, que recorrió cerca de dos mil kilómetros en carros de collera.

De 1745 a 1748 fue Obispo de Lugo el valenciano Juan Bautista Ferrer y Castro, nacido en la ciudad de Valencia en 1694 y bautizado en la iglesia de San Martín. Su padre fue Subsíndico de la Generalidad del Reyno. Agustino, se doctoró en ambos Derechos, Civil y Canónico, y fue pavorde de la catedral de Valencia. De simpatías borbónicas, Felipe V le propuso para la vacante del Obispado de Lugo y Benedicto XV le nombró en 1745 obispo, siendo consagrado por el de Segorbe, Francisco de Zepeda, en aquella catedral junto con los obispos de Albarracín y Teruel.

A los tres años de estar en Lugo enfermó gravemente y murió un Viernes Santo a las tres y media de la tarde. Le cuidó y acompañó en el trance su secretario personal, también valenciano, el jesuita Joaquín de Espés, a quien antes de fallecer le había nombrado “cura de almas, almas pobres en una parroquia pobre llamada Santa María de Abades, arciprestazgo de Trasdeça, la que estaba muchos años sin cura, abandonados de todo y todos, sometidos al vasallaje del conde de Altamira".

El majestuoso santuario de Nuestra Señora de los Desamparados. B.B.

El investigador gallego José María Ezequiel cuenta en su último libro –Donde el mundo se llama Abades– que Espés nació en una alquería de la huerta valenciana, término de Valencia, llamada de los Espés, y estudió en la Universidad de Gandía de los Jesuitas, de donde salió Doctor en Teología. Pasó luego al Colegio de San Pablo de Valencia donde entre otras cosas estudió “lenguas nativas de los Reinos de España”. Y de allí se lo llevó Juan Bautista Ferrer consigo como secretario a Lugo. Estuvo de párroco en Abades hasta su muerte a los 88 años de edad.

El párroco valenciano promovió la devoción a la Virgen de los Desamparados “para que dentro de su humilde pobreza, no se sintieran desamparados, ni abandonados”. Vivían en medio de grandes penurias, sin apenas medios de subsistencia. Así lo relataba en una de sus cartas que escribió a sus padres.

Visión de la Virgen

Mientras esperaba la respuesta a su carta, “entre su soledad y su pobreza, tuvo una visión en un sueño donde se le apareció Nuestra Señora diciéndole que pronto estaría a su lado para reconfortarle, fortalecer su alma y apoyarle en esta nueva misión donde realizaría una edificación de gran envergadura... fundarás el Capitulet en mi Honor, que será conocido como el Capitulet Gallego en estas tierras de Trasdeça con el nombre de Capilla de los Desamparados de Santa María de Abades, que será conocida y reconocida a través de los siglos venideros como el Santuario de los Desamparados de Abades, en toda Galicia y España entera”, cuenta Ferrer Valiente, autor de varios libros, en castellano y gallego, sobre la Virgen de los Desamparados en Galicia.

Al poco sus padres respondieron a su hijo sacerdote. Tras unas palabras paternales de ánimo y consuelo le dijeron: “No encontramos nada mejor para ayudarte y llevar tu soledad, tus penas, que mandarte una novia que tu bien conoces para que esté siempre contigo y en Ella encuentres el consuelo que necesitas en todo momento. Es una preciosidad que le podrás contar siempre tus penas”.

“Ya sé que la recibirás con mucho agrado. Pensamos de enviártela por barco hasta el puerto de Villagarcía, pero a causa de la guerra, nos pareció que vaya mejor en el coche de colleras, y arrieros maragatos, por Mellide. Hasta Santiago de Compostela, y desde ahí al lugar que llaman El Fojo de Trasdeça (sic), quedando depositada en la Casa de la Administración”.

Barroco tardío

La imagen peregrina antes de salir de Valencia, el 19 de diciembre de 1749, fue bendecida en la catedral. Fue a Toledo por Albacete, de aquí a Avila, luego a Astorga, Santiago de Compostela y Abades, a donde llegó el 25 de febrero de 1750. Unos 1.600 kilómetros de recorrido en carro por caminos de rodadura y polvo. Al abrir el cura la caja –sigue contando Ezequiel- “le saltaron las lágrimas de alegría, besó la imagen, pues Ella era su compañera de niñez, su novia de juventud, a la que contaba sus penas en soledad… y por el amor que le profesaba decidió ser sacerdote bajo su protección y amparo”.

Imagen de la Virgen. B.B.

“Cuando les enseñó la preciosa imagen de la Virgen de los Desamparados, todos quedaron admirados por su belleza, creciendo el entusiasmo, la admiración y veneración por Ella”, depositada en la pequeña iglesia románica de Abades, donde hubo misa solemne y te deum, mas procesión. Desde entonces, se tiene constancia documental de que se ha producido diversos milagros atribuidos a su impetración y se construyó “una iglesia espaciosa, cruz latina, con sacristía detrás del altar mayor, todo con bóveda de piedra, de buena traza y gusto de la época”. Joaquín Espés dirigió las obras que, en principio, quería hacer una mini réplica de la capilla de su ciudad natal”. Su estilo es del barroco tardío gallego. Una belleza urbana en una aldea rural gallega es el santuario de Nuestra Señora de los Desamparados de Abades”.

[Artículo publicado en el diario Levante-El Mercantil Valenciano, del grupo editorial Prensa Ibérica, con motivo de la celebración, ayer, día 8 de mayo, de la festividad del Día de los Desamparados en Valencia]

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