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El arte de emprender con el viento en contra

Miguel Rodríguez realizó ayer unos trabajos en una finca de olivos en Liñares.

Miguel Rodríguez realizó ayer unos trabajos en una finca de olivos en Liñares. Bernabé/Javier Lalín

Las crisis económicas admiten muchas metáforas. Puede que una de las más ajustadas sea aquella en la que un barco ha de mantenerse a flote ante la tormenta más tenebrosa. El mar revuelto, el viento en contra. Las circunstancias son lo suficientemente adversas como para entregarse al destino. Sin embargo, hay quien rema a contracorriente. Y quien se esfuerza por mantenerse con vida pese a todo.

La pandemia de COVID-19 es ese tempestad sobrehumana que ha azotado la vida de todos de una manera inimaginable. La economía se ha resentido desde el mismo momento en que el coronavirus obligó a decretar el confinamiento estricto. Pero tanto tiempo después de ese estrepitoso recuerdo, hay quien todavía tiene grandes dificultades para seguir adelante.

Sin embargo, A Estrada parece ser un oasis en medio del desierto. Según informaron desde el departamento de Emprego del Concello, este año han recibido “un gran número de solicitudes” a su Programa de Axudas Municipais á Creación de Empresas. Han sido 40 en total, tres más que el año anterior. Pero siempre y cuando se entiendan esos datos en el contexto pandémico. Desde dicho departamento valoraron muy positivamente el aumento en el número de solicitudes, pues eso significa que pese al empleo destruido siguen naciendo nuevas iniciativas empresariales.

Cuando se tira de ingenio

Así es que el emprendimiento no cesa. Parece que cuanto más difíciles se ponen las cosas, más ganas e ingenio pone la gente. Más esfuerzo todavía, si cabe, para lograr salir adelante.

Dentro de las solicitudes recibidas por el departamento de Emprego, hay empresas de diferentes sectores. Llaman la atención las iniciativas hosteleras, dados los tiempos que corren para este tipo de establecimientos. Pero hay muchos otros: asesorías, empresas de transporte o distribuidoras de alimentación.

Todos estos negocios son barcos. Los mismos que zarpan del puerto con la ilusión de llegar a su destino, sabiendo que antes de ello han de cruzar el mar abierto. Y es que el emprendimiento es, sin duda, una de esas actividades arriesgadas a las que solo se lanzan los más valientes.

Es decir, los estradenses que han visto un rayo de luz en el horizonte. Creyendo, así, que un contexto de crisis como este no puede ni debe de ser un obstáculo para cumplir los sueños. O lo que, en los tiempos que corren, es lo mismo: para lograr sobrevivir a estas adversidades económicas que se han heredado del coronavirus. El mismo que aprieta, pero que todavía no ha logrado ahogar.

Renda y Hadamovsky, en el restaurante El Cazador, en O Foxo. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

La hostelería ha sido, sin duda, uno de los sectores más afectados por el coronavirus. Los continuos cierres perimetrales y las restricciones horarias han ido desgastando a todos esos negocios que vivían del ocio ajeno. Sin embargo, hay quien no tiene miedo y se muestra decidido a seguir adelante sea como sea. Quien es capaz de percibir un atisbo de esperanza en medio de las situación más complicada. “Donde los demás vieron una crisis, nosotros vimos la oportunidad”, declaró Carlota Hadamovsky. Junto a su marido, Manuel Renda, ha reabierto el mítico restaurante El Cazador, en Pena do Foxo. Pero su historia va mucho más allá de ser un matrimonio emprendedor en pleno azote del COVID-19. En el 2019 retornaron a España desde Venezuela.

“Me fui de A Estrada siendo muy jovencito. Allá teníamos una fábrica de muebles con más de 50 empleados pero nos la quemaron”, explicó Manuel. Su mujer, Carlota, continuó diciendo que el incendio de su empresa fue el detonante para regresar a España, pese a que llevaban tiempo barajando la idea de volver. “Supimos que si teníamos que emprender, tendría que ser en otro lado”, indicó Carlota.

Tras hacer un estudio de mercado se encontraron con El Cazador. Lo reabrieron en septiembre del 2020, tratando de darle un toque diferente pero manteniendo otros aspectos. Aunque tratan de especializarse en carnes, también apuestan por la comida internacional y, como no podía ser de otra manera, por la venezolana.

Sin embargo, el camino no ha sido fácil. “Estamos en un momento complicado y hemos recibido muy pocas ayudas”, dijo Manuel, al tiempo que agradecía el apoyo recibido por parte del antiguo propietario del restaurante. “Aquí estamos, trabajando 16 horas diarias y tratando de sobrevivir”, añadió Manuel. El mismo que, pese a la difícil situación económica y los obstáculos a los que se tiene que enfrentar el sector hostelero, dijo que estaba animado para salir adelante. Su mujer, Carlota, suscribe sus palabras y dice sentirse satisfecha con la manera en la que están saliendo las cosas.

“Todavía estoy entrando en este mundo y me he ido formando para poder llevar el negocio. En un momento de crisis lo mejor que podemos hacer es aprender”, concluye Carlota. Y es que donde unos ven oscuridad, otros atisban un rayo de luz en el horizonte. La misma que va marcando el mejor camino que se puede seguir: el del esfuerzo.

Miguel Rodríguez, utilizando una de sus máquinas. Bernabé/Javier Lalín

“Después del confinamiento estricto decidí que no quería volver a trabajar en una oficina durante tantas horas”. Así explica Miguel Rodríguez el motivo que lo llevó a emprender en un momento de evidentes dificultades económicas. Trabajó durante muchos años como administrativo en una empresa del sector de la madera y una baja laboral a causa de un accidente de tráfico le dio la voz de alarma: los espacios cerrados en pandemia no eran, para él, una buena opción. Así fue que Miguel decidió emprender, dándole un vuelco a su vida laboral. El coronavirus le dio, a fin y al cabo, el empujón que necesitaba para propulsar el cambio.

Su proyecto arrancó en julio de 2020 con una idea clara: necesitaba mantener contacto directo con la gente y seguir aprendiendo del día a día. Trató de enlazar estas premisas con una de sus mayores aficiones, que es el cuidado de sus manzanos y la elaboración de sidra casera. Para ello, compró una máquina multifunción que fuese lo suficientemente versátil como para hacer diferentes tipos de trabajos, como pueden ser las podas y los desbroces. Su proyecto no buscaba más que el dar servicio a todas aquellas personas que contasen con una pequeña explotación y necesitasen ayuda para su mantenimiento.

Sin embargo, sus líneas de negocio se fueron abriendo y Miguel empezó a comprender que su negocio tenía más posibilidades de las que había pensado en un principio. A día de hoy cuenta con tres máquinas y comienzan a salirle trabajos por toda Galicia, incluso en el norte de Portugal. “Estás máquinas funcionan como alternativa al tractor y con ellas se pueden desarrollar tareas muy diferentes: puesta a punto de campos de fútbol, mantenimiento de explotaciones agrícolas o ganaderas...”, declaró el emprendedor estradense.

Las oportunidades se fueron abriendo ante Miguel con una mezcla de sorpresa y estupefacción. “Mi idea era ir poco a poco, pero todo está yendo más rápido de lo que pensaba”, confiesa Rodríguez. Por eso, el emprendedor estradense ofrece hoy dos posibilidades: la del alquiler de su maquinaria con o sin operario. En caso de escoger la segunda opción, él mismo se encarga de gestionar y trabajar con la máquina.

La valoración de este proyecto, que aún no ha cumplido un año, roza la satisfacción. Prefiere no aventurarse a hacer predicciones, pero al otro lado del teléfono su voz contenida lo dice todo: pese a vivir en pandemia, no hay mal que por bien no venga.

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