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Faro de Vigo

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De cómo saqué mi primer salmón del Ulla

Diego Ortega posa con el ejemplar que capturó ayer en el Ulla, el primero de la temporada. | // BERNABÉ/ANA AGRA

Las manecillas del reloj se movían inquietas. Eran, probablemente, las únicas capaces de predecir lo que iba a pasar. Diego ni siquiera miró la hora, tan absorto como estaba pescando en el Ulla. Pero entonces, cerca de las 17.00 horas, un tirón precedió al otro. Y ahí, en el momento en el que el agua de la orilla comenzó a agitarse, lo supo: estaba a punto de capturar al campanu, el primer salmón de la temporada.

El pez no quiso resistirse demasiado y salió del agua sin ofrecer mucha resistencia. Aunque es cierto que su pescador no tenía pensado dejarlo escapar. “Lo mantuve bastante apretado y cerca de la orilla, aunque él también tiró lo suyo”, declaró el estradense Diego Ortega con la emoción contenida. Al otro lado del teléfono, con la alegría a flor de piel, desveló otro dato sorprendente: no solo había sido capaz de atrapar al campanu, sino que ese enorme salmón también era el primero que lograba pescar en su vida. Puede que a Diego lo acompañase la suerte de las primeras veces.

Un ejemplar de siete kilos

“Lo he cogido a cucharilla y estimo que puede pesar alrededor de los siete kilos”, declaró el pescador. Su peso, junto con los 91 centímetros de largo y los 41 de ancho, demuestran que Diego fue capaz de atrapar un verdadero rey del río. Uno de esos salmones salvajes y descomunales que no se sobreponen a cualquiera. De hecho, parece que su fuerza se extinguió con su cola. La misma a la que le falta un trozo. “Puede ser que se la arrancasen durante una pelea con una nutria o cualquier otro animal que habite en el río”, dijo Ortega.

En sus intermitentes ocho años de pescador aficionado, Diego nunca había conseguido sacar un salmón del agua. “Solo habían picado algunos, pero nada más”, declaró. Puede que Ximonde fuese su trébol de cuatro hojas. “Este es un coto muy bonito y da gusto pescar aquí”, indicó Ortega.

Pero las buenas vibraciones de media tarde no fueron las mismas que durante la mañana. Según comentaron varios pescadores, no habían sido capaces de ver ningún salmón hasta ese momento. Algo extraño, pues “suelen hacer un gesto similar al de los delfines”. Y ahí es cuando uno sabe que están cerca y solo espera tener buena fortuna para que piquen en su cebo.

Un pescador, ayer, en el coto de Ximonde. | // BERNABÉ/ANA AGRA

“Lo curioso de este campanu es que lo vi al revés, río abajo”, dijo Ortega, con la voz rebosante de alegría. Y es que la sorpresa fue tremenda, puesto que él pensaba que la jornada acabaría sin capturas.

Diego, además de pescador aficionado, es hostelero y regenta el Bar O Rollo en Vea. Se le escucha convencido de que “cuando todo esto pase”, celebrarán la captura del campanu por todo lo alto. “Cuando se pueda, me encantaría hacer una comida con la familia y los amigos, también los que me han acompañado hoy”, aseguró Diego.

Puede que para esa reunión tan deseada haya que esperar un poco más. Puede que esta temporada le regale unas cuantas capturas más con las que agrandar la mesa. Y puede, también, que el coronavirus decida irse más pronto que tarde.

Una campaña llena de incógnitas

La emoción de Diego a las 17.00 horas era inconmensurable. Pero iba a seguir pescando con sus compañeros y su hermano, Salva Ortega. Y es que la campaña de este año estaba llena de incógnitas. Puede que el Ulla también contribuyese a las dudas de cuándo se capturaría el campanu. Frente a otros años, el río ha estado marcado por una enorme variabilidad. Su caudal ha oscilado considerablemente a lo largo de la jornada, algo que no le gusta a los salmones y, por tanto, a sus pescadores. Pese a que a primera hora de la mañana estaba muy alto, al mediodía había bajado en 50 centímetros. Unas aguas que, además, no estaban demasiado revueltas.

Y aun así, el primer salmón de la temporada se dejó capturar. Puede que fuese la herida de su cola o su entrega a la corriente. Puede que fuese la habilidad de Diego o la magia de Ximonde. Los factores dan igual: el campanu ha caído.

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