El pleno que celebra este viernes la corporación lalinense abordará la alegación consensuada contra el megaparque eólico de Val do Folgoso y Monte dos Porcallos. Días atrás la empresa Tysgal dio a conocer los incumplimientos de este proyecto en cuanto a distancias a viviendas y núcleos habitados, afecciones a bienes patrimoniales o falta de un plan de vigilancia ambiental para minimizar el impacto en el paisaje, la flora y la fauna.

El síndrome de la turbina eólica

La alegación recoge, también, la ubicación de tres molinillos en la proyectada circunvalación exterior de Lalín, o la contaminación acústica y efecto sombra que padecerán aldeas como Os Porcallos, Maceira o Corredoira. A estas cuestiones, ya analizadas por Tysgal, se suman los efectos de los parques eólicos sobre la salud humana. Hay constancia de efectos de los parques eólicos de Dinamarca, Francia, Bélgica y Holanda entre las personas, 20 años después de su implantación. Es el conocido como “síndrome de la turbina eólica”. Las aspas de los molinos pueden provocar sonidos u vibraciones. Los infrasonidos de los molinillos más potentes se propagan kilómetros y pueden ocasionar pesadillas, dolores de cabeza, zumbidos y problemas de aprendizaje en los niños y niñas. Hay casos de ansiedad, depresión o neurosis. Así que lo ideal es que los aerogeneradores estén a por los menos 2 kilómetros de las viviendas. Sus efectos también son conocidos sobre el bienestar de los animales, de modo que un megaparque en una comarca profundamente ganadera traería consecuencias en sus explotaciones.

Desbroces en 25 hectáreas

La alegación detecta fallos en el proyecto, como el hecho de que obvie el Plan de Urbanismo de Lalín o que se saltase la consulta previa entre los vecinos, que solo pudieron consultar el documento cuando abrió el plazo de alegaciones. Recoge, además de su ‘olvido’ del Plan Eólico de Galicia, que tampoco se consultó a la Xunta sobre la idoneidad de su ubicación. El texto menciona varios incumplimientos de normativas, entre ellos una de ámbito europeo según la que los consumidores tienen derecho a participar en comunidades de energías renovables. Con esa falta de información, lo que hizo el megaparque fue frenar el autoconsumo.

Apunta, además, que la construcción de estas instalaciones supone desbrozar 25 hectáreas, que nunca volverán a recuperar su aspecto anterior aunque haya planes de restauración.