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El hostelero invicto de A Estrada

Javier Rey, ayer, en la Cafetería Alameda.  | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Javier Rey, ayer, en la Cafetería Alameda. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Se sienta a nuestra mesa poco después de que comencemos a remover el café. Hemos quedado con Javier Rey al mediodía, cuando el bullicio comienza a descender en la Cafetería Alameda. Mientras conversamos, le traen muestras de la tarima que colocará en el suelo en el nuevo local que piensa abrir en el casco de A Estrada a finales de mayo. Se guía en la elección del material por la sensación de confort que cree que aportará a sus clientes. Bautizará este nuevo negocio como A Plazoleta, el nombre popular que todavía le dan muchos estradenses a la Praza do Mercado. En plena pandemia, este empresario de uno de los sectores económicos más tocado, no solo mantiene abierta la persiana de tres locales en la capital de Tabeirós sino que tiene en proceso la apertura de otros dos. No puedo reprimir que, mientras hablamos, mi mente me brinde un chascarrillo. ¿Crisis? Agárrame el cubata. Me esfuerzo en limar mi pensamiento para trasladarle lo sorprendida que me deja. Cuando me termino el café salgo por la puerta con una idea bien diferente y mi más sincero aplauso al modo que tiene Rey de entender el trabajo que paga sus facturas.

Hace ocho años que este estradense abrió el Invictus en la Avenida de Santiago. Desde entonces, va a dos negocios nuevos por año. Probó con un pub al que puso el mismo nombre, pero que terminó cerrando, para seguir apostando por la hostelería diurna y abrir, hace casi cinco años, el Café Invictus en la Avenida Benito Vigo (el antiguo Café Mimela). Hace dos años dio el relevo a la mítica Cafetería Alameda, a la que decidió conservar el nombre de siempre. Ahora está en plena reforma del antiguo Robert’s Café –será A Plazoleta– y hacia finales de septiembre pretende abrir A Baiuca, en unos bajos comerciales que se construirán en las inmediaciones del nuevo centro de salud y en la que se apostará por el recuerdo del antiguo campo de fútbol.

Su salvación

Explica que A Baiuca –ya tiene los terrenos cerrados y será una construcción en planta baja con tres locales– es un proyecto en el que se embarcó hace ya tres años, cuando comenzó a hablarse del traslado del centro de salud a este ámbito. Sin embargo, por el camino surgió la oportunidad de abrir una nueva etapa para el Alameda. “¿Eres hostelero en este pueblo y te vienen a ofrecer el Alameda y no lo vas a coger?”. La pregunta no precisa respuesta por mi parte y explica por qué decidió dejar para ahora la apertura de A Baiuca, encontrando en el camino la posibilidad de apostar también por el entorno del Novo Mercado.

Es conocido por muchos ciudadanos como Javi “el del Invictus”. ¿Por qué la fijación con ese nombre? “Porque fue mi salvación hace unos años. Me había ido mal en mi anterior trabajo y pude superarme”, responde. Luego recuerda el lema que llevó a la gran cristalera de este establecimiento: Todo parece imposible hasta que se hace.

Rey habla sin tapujos. Reconoce que la pandemia le dio un batacazo económico pero también la ocasión para aprender lecciones. Olé. No le duelen prendas en reconocer que su facturación descendió en 2020 un 56%. “Ahora está costando arrancar; se trabaja decentemente por la mañana, pero las tardes aun son complicadas”, indica. “Pero soy de los primeros en decir que nos gustan los bares y que, en cuanto nos dejen, volveremos a salir y esto mejorará”, añade optimista.

Cinco locales para un mismo hostelero. Asume que su “básico” son las mañanas de café. Sus cuentas pasan por prever el despacho de 100 kilos de café en seis días de semana en estos cinco locales. Esto serían 12.000 cafés a la semana y unos 4.800 kilos al año, que serviría entre las 06.00 y las 13.00 horas de lunes a sábado.

El confort también tiene sabor

Rey es plenamente consciente de que la comodidad parece influir en el sabor del café. “Si tengo algo claro es que el cliente nunca es tuyo y que esto es como un escenario: el cliente quiere ver sobre él cosas nuevas”, señala. Es por ello que está reformando por completo el café que abrirá en mayo y por lo que trata de aplicar la máxima de redecorar sus locales cada tres o cuatro años. “Al Invictus ya le hice tres reformas”, señala. “Las propias marcas ayudan; se pueden hacer negociaciones y, claro, cuanto más compres, mejor negocias”, dice convencido de que hay que superar el modelo de hostelería que equipaba sus bares esperando que tirasen cuanto más tiempo mejor. “La gente se aburre”, insiste.

Me quito el sombrero ante su mentalidad como hostelero. Primero, porque Javi Rey tiene totalmente superada esa inexplicable inquina de sobrellevar el mal propio consolándose con el mal del vecino. “No pasa nada por cerrar un local. No quiere decir que te vaya mal, a lo mejor es cortar una hemorragia que tienes en la empresa”, dice sin rastro de complejo. Es consciente de que su forma de actuar genera envidias dentro de su propio sector. “Hay gente que me dice que parece que me quiero quedar con el pueblo y no es así; lo que quiero es que los locales que hay en mi pueblo no estén cerrados”, apunta.

Aprovechar la lección

“Me gustaría cambiar la imagen del hostelero de A Estrada que tiene un local y en él tiene que estar el jefe. No lo veo así y por eso tengo empleados y yo voy rotando por los locales”. Su visión da trabajo actualmente a 18 personas –cinco de ellas aun en ERTE– y piensa generar en total 25 empleos. “La hostelería es muy jodida y, en parte, porque el sector quiere. Ahora es el momento de regular horarios. La gente está acostumbrada a ciertos cambios que se pueden mantener. El fin de semana pasado en el Invictus estaba entrando la gente a las nueve de la noche para cenar y antes, en cambio, los domingos no valían nada para la hostelería porque la gente se acostaba muy tarde”. Esta es una de las lecciones que cree que se pueden conservar de este momento tan complicado. Otra para sobresaliente cum laude: un hostelero tiene que poder conciliar y sus trabajadores han de estar contentos. Es por ello que él se levanta a las cinco y media de la mañana, pero reserva las tardes para disfrutar de sus dos hijas. Además, tiene en sus negocios una regla de oro que no piensa cambiar: los domingos no se trabaja. “Me quedó clarísimo que si quieres tener contento al personal le tienes que dar el domingo libre, un día que para ellos es importante”. Chapó.

Rey continúa con la lista de conceptos antiguos que ansía superar. “Cuando tomo algo con alguien voy a la competencia, no a mis locales, y no porque vaya a controlar nada, como puede pensar alguno”. “No podemos juntarnos solo para protestar; tenemos que estar cada vez más unidos”. Me termino el café y me marcho pensando en que tiene justamente la visión necesaria para no doblegarse ante la pandemia. Su mentalidad perseverante y abierta es su mejor arma para ser invencible.

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