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Parkour, capital Lalín

Participantes en el taller de parkour celebrado el pasado domingo en Lalín organizado por Espazo Xove. | // BERNABÉ/ANA AGRA

“Ahora mismo tengo menos alumnos de parkour en Lugo que en Lalín, para que te hagas una idea”, desvela Gael Zarza, el encargado de organizar los talleres de parkour de Lalín, que este fin de semana reunió a casi una veintena de jóvenes en torno a esta actividad deportiva extrema. Zarza, que precisamente se lesionó en una pierna en la sesión dominical, reconoce que los traceurs lalinenses “sí que son buenos, tienen un nivel bastante grande y entrenan un montón. Es más, uno de ellos, ‘Ardilla’, quiere ser monitor y cuando voy hasta Lalín le doy nociones de condicionamiento físico y siempre le mando algún tipo de tutorial o pautas para que les vaya enseñando a los chavales del pueblo porque está como en la vanguardia del pueblo”.

Lalín es un lugar ideal para esta actividad en lo que a zonas de entrenamiento o práctica se refiere. Gael Zarza subraya que “el pueblo está muy guay porque cuenta con zonas interesantes. Lo que pasa es que siempre está bien tener un lugar específico para entrenar. Por ejemplo, un pabellón con módulos o colchonetas o cuerdas, aunque después puedas salir a un entorno urbano”. El monitor tiene entre sus alumnos sólo a hombres pero recuerda que “hasta hora teníamos a una peque que ahora no pudo estar con nosotros porque estaba enferma”. En este sentido, destaca que “yo en Lugo tengo más chicas que chicos en parkour. Ellas suelen ser más flexibles y el tema de la fuerza en el parkour no importa porque si tienes buena técnica eso es secundario”.

El riesgo es un aspecto primordial en esta práctica deportiva que, a pesar de todo, está muy controlado. Gael Zarza apunta que “si se hace todo bien y cumpliendo los plazos no tiene que haber serias lesiones. Yo entreno siete días por semana pero no es más peligroso que un futbolista que está jugando y que se rompe el cruzado o un motorista que se cae de la moto y se parte la clavícula”.

Alejandro Torreiro, “Ardilla” para todo el mundo, es el gran referente del parkour actual en Lalín. Este joven de 18 años lleva cuatro años como traceur porque “desde pequeño siempre quise saltar y al final me encontré siendo un hombre y practicando más en serio”. Ardilla incide en que “en Lalín no tenemos sitios específicos de parkour porque entrenamos en la Praza da Igrexa o en las rocas del Pontiñas”. No le interesa competir porque no forma parte de la filosofía del parkour y tiene un recuerdo especial para Ainara, “la única chica que practica parkour en Lalín que tiene unos 11 años pero ya hay chicas en Galicia bastante conocidas en esto”.

Un precedente en la Marina antes de nacer en París

A principios del siglo XX, un lugarteniente naval francés se inspiró en comunidades extranjeras para crear un plan de entrenamiento físico centrado en moverse de forma eficiente a través del entorno disponible, todo ello respetando a los demás. Lo denominó “el método natural” y se convirtió en la base del entrenamiento de obstáculos empleado por las fuerzas especiales francesas en la década de 1950, conocido como parcours du combatant. El parkour como tal recogió el testigo militar siendo una práctica que se desarrolló en especial en Francia, inicialmente por Raymond Belle y posteriormente por su hijo David Belle y su grupo de amigos, los autodenominados Yamakasi, a finales de los años 80. La disciplina se popularizó al final de la década de 1990 y al principio de 2000 gracias a largometrajes, documentales y anuncios televisivos protagonizados por los Yamakasi. Difiere en sus objetivos del freerunning y del ADD. Supone una actividad no competitiva, aunque en España es una práctica deportiva ya federada. Durante los años, el parkour ha evolucionado, cambiando con cada nueva generación de participantes. Algunos traceurs o practicantes de parkour son tradicionalistas y creen que las raíces del deporte consisten en la acción fluida de desplazarse de un lugar a otro. Otros prefieren darle vida a sus movimientos a través de volteretas y giros, usando la actividad como forma de expresión artística y física. Algunos grupos celebran competiciones, mientras que otros piensan que la competición entra en conflicto con las metas originales de la disciplina. Casi todos los atletas practicantes asumen los mantras del método: la autosuperación y el uso del poder del cuerpo y la mente.

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