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El alcalde que A Estrada nunca tuvo

Espiño se abraza a Dono y Tallón la noche en que el PSOE recuperó el gobierno de A Estrada, en 2007. |  // BERNABÉ/LUISMY

Espiño se abraza a Dono y Tallón la noche en que el PSOE recuperó el gobierno de A Estrada, en 2007. | // BERNABÉ/LUISMY

“De verdade que o sinto. Moito”. Es todo lo que mi voz consiguió decirle a modo de despedida aquella noche. Esbozó una sonrisa, me cogió la cara entre las manos y me dijo: “Isto é así. Fixeches un bo traballo. Grazas por todo, Aniña”. Tragué saliva para no ponerme a llorar de pura inexperiencia y frustración. Aquella noche electoral me pilló con 22 años. En cambio, él encajaba los resultados con décadas de experiencia. Todavía me faltaban unos meses para terminar la carrera, pero aquel candidato socialista me dio la oportunidad de tener mi primer contrato como periodista, aunque solo fuese por un mes. No nos unía absolutamente nada, ni siquiera un mínimo interés político por mi parte. Él necesitaba a alguien que le ayudase con la comunicación y yo un poco de dinero para pensar cómo afrontar el abismo que se abría ante mí tan pronto saliese del cascarón de la facultad. Con la perspectiva que da el camino recorrido, puedo decir que fue todo un máster acelerado en facetas de la política municipal que no habría podido conocer desde el otro lado de la barrera.

Sus días no daban para más. En aquel mayo de 2003 Manuel Otero Espiño era, por segunda vez, candidato del PSOE a la Alcaldía de A Estrada. La campaña electoral pisaba el acelerador y yo trataba de sobrellevar profesionalmente -–y también a marchas forzadas– una realidad que entonces solo conocía por los libros. Desde aquel primer apretón de manos, el trato se hizo muy estrecho. Hablábamos durante horas para preparar notas y ruedas de prensa, buscando facilitar todo lo posible la labor de los medios de comunicación en un momento en los que el frenesí político acaba salpicando también a las redacciones. Espiño me ofrecía sus ideas para cada acto, yo las pasaba por el filtro periodístico y él revisaba las notas para ver que el mensaje no se desvirtuase. A los pocos días dejó de hacerlo. “Dalle”, me decía, pasmándome con su confianza en una pipiola como yo.

Mirada limpia

Entre sus planes para el futuro gobierno de A Estrada surgieron muchísimos otros temas. Hablábamos de periodismo, de educación, del incierto futuro que se cernía sobre quienes se asomaban al mercado laboral, de la familia… Aquella limpia mirada de ojos azules llegó a emocionarme muchas veces, en especial cuando veía la energía que le inspiraba el momento de entrar a una sala con el Aria de la Rosa, la famosa melodía de campaña del PSOE, como telón de fondo.

Seguí a aquel hombre por lugares de A Estrada en los que no había estado nunca. Compartí sus nervios en la noche electoral, ante un recuento de mesas que me pareció agónico. Yo no me jugaba nada. No vestía camiseta alguna. Aprendí pronto que un periodista no debe ponérsela jamás. Sin embargo, me entristeció ver cómo aquella mirada tan clara se oscurecía tratando de afrontar la victoria de Ramón Campos Durán. El PSOE se hizo aquella noche con un edil más en la corporación estradense, pero lejos de la mayoría aplastante del PP. Manuel Otero Espiño se abrazó a los suyos, a los incondicionales de su hogar y a quienes fueron su apoyo durante la campaña, a los que necesitaba más que nunca en aquella noche de elecciones municipales. Ese día nos despedimos. Yo ansiaba pasarme al otro lado de la valla y él estaba decidido a volver a arremangarse para seguir luchando por cambiar el rumbo político de A Estrada.

Retórica inusual

Nunca volvimos a hablar como aquellos días de campaña. Es como si los dos entendiésemos que los papeles habían mudado completamente, como así fue y debía ser. Pasé a disfrutar, ya como imparcial observadora, de aquella retórica suya tan inusual, de esos giros y esa capacidad para poner una pizca de humor y retranca a los debates plenarios, un virtuosismo digno de agradecer cuando las sesiones tienden al tedio.

Espiño, que había estado en el gobierno usurpado a Suso Tallón con una moción de censura, regresó al ejecutivo local en 2007 de la mano de José Antonio Dono. No le tocó sentarse en el sillón de mando. El partido escogió a su eterno compañero como cabeza de lista y él se hizo a un lado. Me pregunté en más de una ocasión cómo se habría sentido. “Son socialista ante todo”, dijo él públicamente. Y no mentía. Martís, como se le conocía popularmente en su entorno, aceptó el relevo recomendado por el partido. Se apartó hasta que Dono lo llamó a su vera, confiando plenamente en él como su número dos. Otero Espiño sabía ser el primero de la lista, pero también el más fiel de los escuderos. “Se acerta, o éxito será seu; se fracasa, o fracaso será de todos”, dijo.

La noche en que Dono recuperó la Alcaldía de A Estrada para el PSOE, volví a ver aquellos ojos azules, esta vez entrecerrados por una emoción desatada. Manuel Otero Espiño supo lo que era bailar con la más fea. Le tocó hacerlo en los momentos más difíciles del partido. Sin embargo, compartió la pista de baile en una nueva época de esplendor, volviendo sin dudarlo a las trincheras cuando el PP recuperó el bastón de mando.

La familia socialista pierde a un hombre siempre dispuesto a arrimar el hombro –ocupó puestos honoríficos en la última candidatura pero seguía en la ejecutiva del partido– y a tender una mano. A Estrada dice adiós a un regidor que nunca llegó a serlo. Para mí lo fue en aquel mayo de 2003. Hasta siempre, alcalde.

Décadas como concejal y dos veces alcaldable

Las actas de los plenos preservarán su brillante retórica y quienes se sentaron junto a él, en el gobierno o en las bancadas de la oposición, lo recordarán por su pasión política, pero también por su bonhomía. A Estrada despide hoy a Manuel Otero Espiño, fallecido en la noche del lunes a los 69 años tras una larga enfermedad. Su capilla ardiente quedó instalada en la mañana de ayer en el tanatorio San Pelayo. El velatorio se cerrará esta tarde a las 18.30 horas. El cortejo fúnebre partirá a esa hora hacia el tanatorio de Boisaca para su incineración en la intimidad.

Vecino de Loimil, casado y con tres hijos, Espiño tuvo una activa participación en la política municipal, un campo que cultivó tanto como cabeza de lista de los socialistas estradenses –lo fue en 1999 y 2003– como en el desempeño de sus funciones como concejal, tanto desde la oposición como en el gobierno. Estuvo dos veces en el ejecutivo local, la primera de ellas en los 90, formando parte del gobierno de Tallón, que alcanzó el bastón de mando en 1991 y al que se lo arrebató una moción de censura promovida por el PP. Su segunda etapa en el gobierno la vivió de nuevo al lado de Dono, quien en 2007 lo situó como su teniente de alcalde y le entregó la cartera de Medio Ambiente. Diplomado en Magisterio y licenciado en Geografía e Historia, durante años fue maestro en el colegio de Oca, del que también fue director. En sus últimos años de profesión ejerció como profesor en el IES Nº1.

Manuel Otero Espiño

Loitador incansable, mestre e político de raza

Manuel Otero Espiño, traballador incansable e defensor dos valores socialistas na Estrada e para a Estrada. Dende moi novo o teu compromiso social levoute a asumir moitas e diversas responsabilidades tanto na familia socialista como na corporación estradense. Alí onde che tocou traballar, dende o Goberno da Estrada, dende as bancadas da oposición, como dirección do partido, como delegado estradense e mesmo como Alcalde cando así che correspondeu, queremos agradecerche toda a túa labor.

Exemplo, sen dúbida, de político de raza, dos que creen no traballo para os demais e aos que non lles doen prendas en antepoñer o ben colectivo ao ben persoal. Sabemos do teu traballo pola Estrada e da túa contribución impagable á familia socialista.

Para nós es e serás sempre un exemplo de forza nas dificultades e de bo trato entre compañeiros e compañeiras. Na xeografía da vida, nesa que tanto che gustaba, tocáronche difíciles cumbres. Compañeiro, deixa que hoxe me dirixa a ti como MESTRE, en maiúsculas. MESTRE, con ton de poeta e pluma de autor e escritor con dedicación e paixón, non só nas aulas onde fuches feliz, senón tamén na política. Alguén me dixo de ti: “hai veces que na política atopas persoas boas e Espiño foi inmellorable, foi un político dos bos”.

Os e as que nos incorporamos á familia socialista estradense véndote traballar temos en ti un referente de compromiso e dedicación. Conversador de indiscutible brillantez dialéctica, aportaches á política local talante, sabedoría e forza.

Compañeiro Espiño, os socialistas da Estrada continuaremos con orgullo a traballar “con racionalidade e fuxindo da discrecionalidade”, como politicamente ti defendías e lembrando algo que adoitabas aplicar: “as cestas hai que facelas cos vimbios que a vida reparte”. Sabemos que tes sido un loitador incansable: GRACIAS. Que a terra che sexa leve compañeiro, dende o agradecemento e o recordo de todos e todas os que formamos a familia dos socialistas da Estrada.

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