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Uno por el otro... y la casa sin barrer

Imagen de un banco sucio y descuidado en una calle de A Estrada, ejemplo del feísmo que puede generar un desatendido mobiliario urbano.

Imagen de un banco sucio y descuidado en una calle de A Estrada, ejemplo del feísmo que puede generar un desatendido mobiliario urbano.

Lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Que algo luzca cuando es nuevo no resulta complicado –guste más o menos– pero, cuando el tiempo va pasándole por encima, deja de ser oro todo lo que reluce. Por ello, para rentabilizar una inversión, el mantenimiento y el cuidado resultan claves. El estado ruinoso de algunos edificios hizo que en los últimos meses se hablase de feísmo urbano en A Estrada. Lo hay, es innegable. Pero a veces no solo la casa puede resultar fea, sino que los muebles que la equipan pueden hacer que resulte realmente horrorosa.

En la estética del casco urbano estradense el ámbito público y el privado tienen responsabilidades, cada uno en su justa medida. Quienes construyen y van ocupando suelo que le es propio han de cuidar que se integre lo mejor posible en el entorno que le rodea, buscando que sea armónico desde un punto de vista estético o, por lo menos, que no haga daño a la vista. Los mínimos los garantiza la ordenanza municipal de ornato e higiene. Sin embargo, la acción –o inacción– de la administración pública –y no solo local– también es responsable de contribuir al feísmo en las calles.

Una señal se oculta tras las ramas de un árbol. | //BERNABÉ/J.LALÍN

Si estos días se ponía el acento en lo descuidados que están muchos parques en el ámbito rural y la suciedad de alguna de las zonas de juego infantil en la nueva alameda estradense, basta con no apartar la mirada para encontrar en distintos lugares de la villa otros ejemplos de elementos que contribuyen a la fealdad del espacio urbano, bien por su deterioro o por su falta de cuidado.

Deteriorada señal en el casco estradense. Bernabé/Javier Lalín

Se dice que la belleza va en los ojos de quien mira, de ahí que sobre gustos no pueda haber nada escrito. Sin embargo, algún mobiliario urbano de A Estrada puede resultar más o menos bonito pero luce, bajo cualquier mirada, de lo más decadente. Si algunos bancos nuevos sirven de diana a los estorninos en la alameda y otros cubren la blancura de su hormigón con el verde de un denso musgo, en otros puntos del casco los bancos retirados de otros emplazamientos más céntricos no reciben más agua que la de la lluvia. Tener un banco mugriento bajo el que crece el musgo y la vegetación es peor que no tenerlo. Al final, simple y llanamente se convierte en un estorbo, un elemento que afea un entorno sin que nadie vaya a utilizarlo por ver en el él un descanso incómodo.

El Concello inició expedientes para que se mejorase la estética de edificaciones. Bernabé/Javier Lalín

Las cabinas son otro de esos elementos del mobiliario de la villa que claman por una retirada digna. Nadie usa hoy día estos teléfonos públicos, claro que también podría decirse de otro modo: nadie se atrevería a utilizarlo. La mugre que acumulan muchas de ellas es evidente, incluso mirándolas con miopía. Pero, a mayores, el descuido de algunas las condena a una decadencia casi sórdida. Es el caso de uno de estos teléfonos en la Praza da Feira, que estos días acumulaba botellas de cerveza y demás basura.

El antiguo edificio del INEM, en un tira y afloja entre Concello y Gobierno, luce una imagen fea y de abandono. Bernabé/Javier Lalín

Más desgaste que mugre –aunque también de eso hay– ofrecen algunas señales de tráfico en la capital estradense, mientras que otras se esconden entre la vegetación. El Concello de A Estrada abrió hace unos meses el melón de exigir –no sin razón– a los propietarios de inmuebles ruinosos, inacabados o en mal estado que los repare o los derribe. Sin embargo, no solo los ciudadanos de a pie han de tomar buena nota para evitar el feísmo. A veces, lo que es de todos termina no siendo de nadie. Concello y Gobierno están en un tira y afloja por el antiguo –y muy céntrico– edificio del INEM. A la hora de vender cualquiera reclama como propio. ¿Y a la hora de mantener? Pues uno por el otro y la casa sin barrer.

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