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El legado inmortal de Sabucedo

Espectáculo en le curro antiguo, 
con el público pegado.  | // FOTOS 
ANTIGUAS ESTRADA

Espectáculo en le curro antiguo, con el público pegado. | // FOTOS ANTIGUAS ESTRADA

Algo tiene la Rapa das Bestas de Sabucedo que te atrapa, hasta un punto que alguien ajeno a ella puede sentir su fuerza en esta parroquia de A Estrada con independencia de cuándo la visite. Son muchos siglos de historia como para que no se note. La tradición vive en los pocos vecinos que residen en la aldea a lo largo del año –su censo apenas supera el medio centenar de habitantes– y en los muchos que vuelven a ella tan a menudo como pueden. Es como si tener raíces en Sabucedo los llamase a cumplir, de un modo u otro, con un legado, como si fuese un canto de sirena que los atrae y los completa cuando suben al monte y ven a las bestas gozando de su libertad a galope tendido. Siempre se dice que la Rapa forma parte de su ADN, pero no es menos cierto que se adhiere con fuerza a quienes disfrutan de esa belleza suya casi poética, aun cuando entienden que su papel será siempre el de un respetuoso observador.

Entrada de las “bestas” al curro viejo de Sabucedo.. | // FOTOS ANTIGUAS ESTRADA

Sabucedo es solo una de las 51 parroquias de A Estrada, pero el arraigo de la Rapa das Bestas es uno de los emblemas internacionales de este ayuntamiento pontevedrés, un orgullo para cualquier estradense que haya llegado a entender lo fuerte que son los lazos que unen a las gentes de esta parroquia con los caballos que conforman la manada de O Santo, aquella cuyo origen la leyenda sitúa en la agradecida acción de las Vellas, dos hermanas que soltaron en el monte los dos primeros ejemplares de esta cabaña en honor a San Lorenzo.

El trabajo en el monte siempre reunió a toda la familia. | // FOTOS ANTIGUAS ESTRADA

Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 2007, la Rapa reúne a miles de personas en Sabucedo cada primer fin de semana de julio. Cientos de medios de comunicación de muchos países del mundo se desplazan para captar las mejores imágenes y para contar a sus espectadores y lectores qué es lo que hace única esta tradición. Sin embargo, aunque su proyección hoy día sea internacional, la fuerza de la Rapa das Bestas siempre estuvo ahí. La publicación de una recopilación fotográfica de la Rapa das Bestas a mediados del siglo pasado por el portal Fotos Antiguas A Estrada confirma la capacidad que ha tenido esta fiesta para mantenerse fiel a su esencia, sin dejar que el paso del tiempo transforme el ritual que la perpetúa y que se transmite de generación en generación.

Momento de descanso en el monte. // F. ANTIGUAS ESTRADA

Ver el monte en blanco y negro, muchos años atrás, no muestra grandes diferencias de cómo es la subida del primer día de la Rapa das Bestas en el siglo XXI. En las estampas del ayer sigue pudiendo percibirse el brío con el que los caballos tratan de regatear a quienes han llegado a buscarlos para conducirlos a la aldea. En Sabucedo, la expectación por ver entrar a las bestas se mantiene intacta: gentes haciendo pasillo para dar la bienvenida a los caballos, presentando sus respetos a animales abandonan momentáneamente su vida en libertad para cumplir con la parte que le toca en este legado.

Irrupción de los caballos en la aldea. | // FOTOS ANTIGUAS ESTRADA

El fondo fotográfico recoge también instantáneas de esos momentos de esparcimiento, desasosiego y camaradería después de haber corrido monte arriba y de haber colaborado para cercar a los caballos e ir concentrándolos hasta alcanzar un número suficiente como para poder celebrar los curros de la temporada en condiciones de seguridad. Pequeños y mayores. Mujeres y hombres. Antes y ahora. La Rapa no entiende –ni quiere hacerlo– de distinciones.

Reunión de las manadas para la "baixa". | // FOTOS ANTIGUAS ESTRADA

La diferencia más notable que enriquece estas imágenes de la Rapa das Bestas, preservadas del olvido por el portal fundado por la estradense Marisé García, es el aspecto de la aldea. Las callejuelas en que los lugareños eran retratados ya hace muchas décadas para apresar la singularidad de esta fiesta.

Instante en el que retratan a un vecino. | // FOTOS ANTIGUAS ESTRADA

Decir que la Rapa das Bestas dura 365 días al año es, para cualquiera que conozca esta tradición, algo obvio. La Rapa invisible, esa que se vive cada mes para asegurar el bienestar de los caballos aunque no reciba tantos aplausos como cosecha la labor en el curro, necesita tanto o más valor y esfuerzo como la que se celebra con el Campo do Medio lleno hasta la bandera. Además, ese primer fin de semana de julio está compuesto de momentos que van mucho más allá del curro. La subida al monte, la llegada de los caballos, el compañerismo entre los aloitadores, el ambiente en la aldea... están ahora y estaban antes, sumando a todos los que visitan Sabucedo al ejército de defensores de esta tradición

Un momento de relax en la cantina. | // FOTOS ANTIGUAS ESTRADA

Desde hace años la Asociación Rapa das Bestas tiene en mente la creación de un museo, un centro de interpretación que muestre este legado a quienes visiten Sabucedo cualquier día del año. Fondos fotográficos como este que ahora se muestra públicamente ayudan a facilitar y engrandecer esta labor. Con la tradición corriendo por las venas de los vecinos de Sabucedo y la vocación por preservar el ayer para las generaciones futuras, la Rapa se vuelve un legado inmortal.

Ambiente festivo en la aldea. / FOTOS ANTIGUAS ESTRADA

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