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Un año en bata y pijama

La pandemia deja huella en los sanitarios de las comarcas tras 12 meses luchando contra el virus

Un sanitario muestra en A Estrada un test rápido de detección del COVID. / Bernabé/Javier Lalín

Un sanitario muestra en A Estrada un test rápido de detección del COVID. / Bernabé/Javier Lalín

Llevan un año en la trinchera. Comenzaron a luchar con muy pocas armas y sin conocer al enemigo, dos importantes obstáculos a la hora de diseñar su estrategia. La pandemia los ha convertido en los nuevos superhéroes. Se han llevado el aplauso de todos en los balcones, pero también han padecido cómo las conductas irresponsables les dejaron la capa hecha trizas. El personal sanitario lleva meses haciendo un esfuerzo titánico; uno que los deja en pie, pero al borde del precipicio.

Las comarcas de Deza y Tabeirós-Terra de Montes han aportado muchos efectivos a las sucesivas batallas para contener el avance del coronavirus. En centros de salud y hospitales del país, personal sanitario con raíces en estos municipios gallegos plantan cara a diario al SARS-CoV-2, bien sea desde un servicio de urgencias, desde una Atención Primaria que conoce por su nombre y situación a los pacientes a los que hace seguimiento, en el hospital o desde áreas de salud mental que saben bien que este virus deja también importantes secuelas en el alma.

Lejos de la bandera blanca

Ellos mismos las tienen. Todavía no se atreven a izar la bandera de la victoria, por mucho que haya comenzado la vacunación masiva entre la población. Estos meses les han dado un mayor conocimiento de la COVID-19 y son plenamente conscientes de que el virus no está dispuesto, ni mucho menos, a rendirse. Auguran una cuarta ola para la que esperan estar más preparados que en ese primer momento en el que les tocó pelear casi a ciegas. Han tenido que pasar miedo, por fuerza. Quizás los médicos estén hechos de otra pasta pero, por mucha vocación y entrega que pongan en el ejercicio de su profesión, cuando se quitan la bata y el pijama, el héroe desaparece. Queda el ser humano, el que siente asfixiado por la losa de tener que informar a esa esposa, ese padre o esos hijos de que su ser querido tiene que irse a la UCI sin poder llevarse el calor de su abrazo, que bien podría ser el último.

Este ha sido un año de bata y pijama para todos: para quienes se han quedado en casa mucho más de lo que nunca podrían haber imaginado y para quienes usan estas prendas como uniforme de trabajo. También de lo malo se sacan lecciones. Dejemos que la capa de estos nuevos superhéroes ondee con fuerza. No la hagamos jirones.

“El rastreo será ahora todavía más importante”

Juan Sánchez Castro - Jefe de Atención Primaria en A Estrada

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Juan Sánchez Castro.

Su accesibilidad y su transparencia han convertido a Juan Sánchez Castro en todo un referente para los estradenses durante esta pandemia. Su número de seguidores en redes sociales crece sin cesar. Los ciudadanos buscan en él información veraz y cercana, sin perder la oportunidad de poder conocer a diario el balance de situación en el municipio a través de un comunicador de lujo.

“La pandemia ha supuesto una prueba de estrés para el sistema sanitario y nos ha obligado a los profesionales a un doble esfuerzo para dar respuesta a la demanda asistencial y, al mismo tiempo, conservar nuestra propia salud”, reflexiona Sánchez. “Dicho de otra manera, nos hemos visto obligados a conjugar, seguridad, accesibilidad y calidad, algo difícil poniendo a prueba la capacidad de resiliencia de cada uno”.

Para él, la peor fue la primera ola. “Era inicio de la pandemia. No sabíamos mucho del virus, solo lo que se pudo extrapolar de otras epidemias; no teníamos equipos de protección adecuados ni en la cuantía adecuada; había menos conocimiento sobre la sintomatología típica, sobre los tratamientos efectivos; no teníamos disponibilidad de petición de pruebas PCR ni de antígenos; desconocíamos algunos de los mecanismos de transmisión y los servicios hospitalarios estaban menos preparados”.

Para el jefe de servicio de Atención Primaria en A Estrada, el momento más complicado en toda esta crisis fue aquel primer día de comunicación con su equipo “para trasmitir la complejidad de la situación, que requería de cambios de gran calado en el quehacer del día a día”. “Los momentos más tristes, sin duda, cada fallecimiento. Mi condolencia a las familias”, traslada.

Cuarta ola

Estima que una cuarta ola generaría menor estrés en el sistema sanitario. “Pero aun no sabemos si las personas vacunadas que se infecten, aunque sean asintomáticas, pueden ser contagiosas”, matiza. Recuerda que las vacunas actuales, en los experimentos preclínicos en animales, mostraron que no protegían de la multiplicación del virus en la nasofaringe, “por eso es de esperar que tampoco lo hagan en las personas”, señala. “El rastreo, que para mí tendría que ser coordinado por la Atención Primaria, ha sido siempre vital, pero ahora todavía más porque tendremos que saber si el origen de un contagio es un vacunado”, asevera. “Si estamos aumentando el número de asintomáticos contagiosos y relajamos las medidas, nos podemos encontrar en una situación complicada”, advierte.

Sánchez reconoce el cansancio de los profesionales, pero también la oportunidad de salvar vidas. “Y esa motivación hace que se faciliten los comportamientos deseados y que intentemos aunar la capacidad, la oportunidad y la motivación para salir de esta crisis con las menores consecuencias posibles”, afirma.

Coincide con que de lo malo también se aprende. “Ningún mar en calma hizo experto al marinero”, reflexiona. “La crisis nos ha dado la oportunidad de comprobar como la colaboración sinérgica, la autonomía, la rápida adaptación a los cambios de hábitos de trabajo nos pueden hacer más eficientes. Nos ha permitido ver cómo es crucial que la Atención Primaria tenga un papel activo en salud pública”, apunta. “Nos ha enseñado que debemos salir de ella con mayor vínculo entre niveles, más capacidad de cooperación entre profesionales, mayores lazos entre las organizaciones locales y más empatía entre profesionales y pacientes. Es responsabilidad de los actuales gobernantes sentar las bases de un sistema sanitario más integral, más social y preventivo centrado en la persona y vertebrado por la Atención Primaria”. Espera que, esta vez, no se deje escapar esta oportunidad.

“Lo peor es la soledad de los pacientes”

Luis Diéguez Sanmartín - Médico en el HM Modelo de A Coruña

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El estradense Luis Diéguez Sanmartín, en consulta del HN Modelo de A Coruña.

“Han sido meses duros desde el punto de vista profesional, sobre todo los dos últimos”, comenta el estradense Luis Diéguez Sanmartín, médico en el hospital HM Modelo A Coruña. Reconoce que vivió esta tercera envestida de la pandemia con una sobrecarga mucho mayor, después del desconocimiento que primó en la primera ola. “Muchos de los que ingresaban de aquella ahora se van a casa; en esta tercera ola hay más ingresos y los que ingresan están mal de verdad”, explica. Su familia ha sido en estos meses faro y refugio para sobrellevar la situación cuando llega la hora de quitarse la bata.

“Momentos malos siempre los hay en esta profesión; lo peor de esta pandemia es la soledad de los pacientes. Es duro tener que informar a una mujer, marido o hijo de que su ser querido va a ir a UCI, y probablemente sedado e intubado, sin que ellos puedan acercarse a darle un abrazo, que igual es el último”, reflexiona cuando se le pregunta por sus instantes más duros en esta batalla contra el SARS-Cov-2. Desde la trinchera, este estradense comienza a vislumbrar la bandera blanca con la llegada de las vacunas, “pero todavía muy lejana y siempre con la prudencia de cómo puedan comportarse las nuevas cepas”. “El camino es todavía muy largo y lleno de baches”, advierte.

Valentía en las decisiones

No tiene dudas de que a este mar agitado todavía no le ha llegado la calma. “Sin duda habrá una cuarta ola”, declara. ¿Cuándo? Pues este facultativo estima que cuando haya un porcentaje determinado de la población vacunada –pongamos el 40%– “que no confiere inmunidad de grupo pero a la vez ponga difícil establecer medidas restrictivas a los que gobiernan”. “La intensidad dependerá como siempre de cómo se comporte la población; la valentía de los que tengan que tomar decisiones llegado el caso y cómo se comporten las nuevas cepas con respecto a la vacuna, que probablemente sea lo que marque esa cuarta ola”, explica Diéguez.

Ante la huella que dejan estos duros meses, sostiene que lo más importante es saber desconectar al salir del trabajo. “Para ello es muy importante mantenerte ocupado con otras cosas y el apoyo de la familia. Hay compañeros a los que les es más difícil desconectar y lo pasan peor”, dice.

Entre las lecciones que extrae de todo ello, este médico de A Estrada se queda con la demostración de que “con cosas muy básicas como el uso de mascarillas y el lavado de manos se pueden mantener a raya otras infecciones –como la gripe o el virus respiratorio sincitial de los niños– que, aunque en menor medida que el coronavirus, conllevan ingresos y mortalidad”. “No digo que las mascarillas tengan que quedarse con todos para siempre pero, si los que tienen síntomas de gripe o catarro las usaran como ya hacen en algunas culturas asiáticas, se reduciría mucho la transmisión de dichas patologías”.

"La vacunación, de momento, no crea un escudo que evite el virus"

Tamara Varela Sanda - Médica en el centro de salud de Vila de Cruces.

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La doctora Tamara Varela, en su consulta de Cruces.

Para la doctora Tamara Varela Sanda, estos meses han sido profesional y personalmente “agotadores”. La pandemia ha vuelto el día a día tremendamente intenso. Cuando se le pregunta por cuál ha sido para ella la peor ola de esta crisis, se queda, sin dudarlo, con la primera. “Aunque en carga de trabajo cualquiera de las otras dos fue mayor, el desconcierto existente, la certeza de que no se estaban tomando las medidas adecuadas y la impotencia de no poder cambiar nada, hicieron que la primera me marcara más”, explica.

Un año después de que esta pesadilla comenzase, esta médica en Vila de Cruces reconoce que “hubo muchos momentos y experiencias malas”, aunque sin guardar uno especialmente traumático. “Pacientes que han fallecido sin la cercanía y el cariño de su familia; derivaciones hospitalarias casi forzadas; la responsabilidad en el seguimiento de un paciente que quiere quedarse en casa, aún sabiendo que su vida corre peligro, por el miedo a la soledad de esta enfermedad... El propio miedo de poder contagiar a los míos...” Así resume su carga Varela.

“Las vacunas son nuestra principal esperanza de poder controlar la mortalidad por el coronavirus, sin duda. Reducirán la transmisión al reducir los casos graves y totales pero la vacuna, de momento, no esteriliza ni crea un escudo que evita que te llegue el virus por eso de momento, aunque nos vacunemos, habrá que seguir con las medidas preventivas”, advierte. Desde la trinchera cruceña se asume que queda “mucho trabajo por hacer, no solo en relación al coronavirus sino con otras patologías que se están agravando por la sobrecarga del sistema y sobre todo por el deterioro de la situación socioeconómica”.

Casi seguro nos tocará una cuarta viendo los planteamientos actuales. El caballo de batalla de las próximas será poder mantener la actividad del sistema mientras se integran los circuitos de una nueva enfermedad que parece llegó para quedarse”, apunta Tamara.

Un autochequeo detecta “un nivel de hartazgo basal importante”. A la hora de extraer lecciones, se queda con la capacidad de autocontrol y autogestión de la población, sobre todo en la primera ola, y con la capacidad de autooganización y de reinventarse del sistema sanitario.

“Los niños tienen su papel muy bien aprendido”

Eva García García - Pediatra en el centro de salud de A Estrada.

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La pediatra estradense Eva García.

La pediatra estradense Eva García.

“Un año sin casi, porque ya estábamos muy pendientes y preocupados por lo que estaba pasando en Italia. Y digo en plural porque lo que destacaría de estos meses es la labor del equipo con un líder al frente”, apunta la pediatra Eva García cuando se aviva el recuerdo de todos estos meses de trabajo. Considera que la pandemia llegó tras “varios avisos desde 2002” y recuerda los talleres para vestir los EPI del Ébola.

Para ella, la ola más dolorosa es la tercera. “Creo que a la población le transmitimos información clara, y me refiero a los sanitarios. Unos pocos que no quieren hacer caso hacen mucho daño. Para nadie es fácil, admiro a todos los que cumplen”, apunta.

Vacunas

“En la primera ola, en Atención Primaria no teníamos acceso a ningún test diagnóstico; tuvimos que aislar a pacientes durante dos semanas sólo por síntomas”, recuerda, para señalar que en la segunda fase se habilitó la petición de las PCR y, en la tercera, llegaron los test rápidos de antígenos. Ante la llegada de las vacunas, asume que su irrupción en este escenario no tuvo la rapidez deseada y se muestra segura de que ello no implica que se vea bandera blanca en esta batalla.

“Tengo salud y no dejo de esforzarme en no perderla. Recargo con deporte, estudio y meditación”, indica García. Sin embargo, es consciente de que la vivencia de estos meses dejará huella. Extrae de ello lecciones de ecología, humanismo y valentía. Aplaude el papel de sus jóvenes pacientes. “Los niños tenían muchas ganas de entrar en escena y ensayar su papel, y lo tienen muy bien aprendido. Asumen que es lo que toca este curso”, apunta. “Vivo con ellos en las aulas la experiencia del taller de coronavirus y siento que rebajan mucha ansiedad cuando respondo a sus dudas. Hacen muchas preguntas y acusan lo que incumplen los adultos”, concluye.

“Es imposible no llevarte esto al salir del hospital”

Vanessa Alende Castro. - Esta especialista en Medicina Interna trabaja en el Hospital de O Salnés.

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La doctora Vanessa Alende Castro.

“Tengo la sensación de vivir en una ola constante”, reconoce Vanessa Alende Castro, médica internista en el Hospital do Salnés. “Ha sido y es un año duro. En lo profesional, ya no solo por la sobrecarga asistencial, sino por la tensión de lo inesperado e imprevisible. Es duro ir preparándose día a día y adaptando los conocimientos a medida que vamos sabiendo más de la COVID-19”, relata, para luego asumir que todo ello hace mella a nivel personal. “Es imposible no llevárselo a casa cuando sales por la puerta del hospital”, confiesa.

“Hay muchos momentos malos; cada experiencia es diferente y, por desgracia, las malas noticias en estas circunstancias son demasiadas”, señala Alende. No guarda un momento difícil en concreto, pero se aprecia a las claras cuánto le duele “ver la expresión de desánimo y miedo en los pacientes más graves y sentir ese sentimiento en la voz de las familias al otro lado del teléfono”.

“A mí me cuesta hablar de bandera blanca todavía”, reconoce, aunque ve con “optimismo y esperanza” la campaña de vacunación. “Está en manos de todos evitar las olas recurrentes. Tenemos que implicarnos y tener responsabilidad individual y colectiva”, apunta esta médica. En su opinión, disminuir las restricciones antes de conseguir la ansiada inmunidad de rebaño “nos abocará a una próxima ola”.

Investigar, una gran lección

“Todos los hitos de la historia dejan huella, esta pandemia no será diferente”, reflexiona Vanessa Alende, que no alberga dudas de que de lo malo también se aprende. “Es duro sacar lo bueno cuando las circunstancias son adversas. Sin embargo, yo me quedo con muchas cosas buenas: las muestras de gratitud de los pacientes y las familias; el compañerismo de todos los que formamos equipo, desde nosotros mismos hasta enfermería, celadores, auxiliares, limpieza, técnicos de rayos, personal de cocina y mantenimiento… y seguramente me olvido de alguien sin ser mi intención”, señala. La otra gran lección: “se ha demostrado que la investigación en salud es un pilar de ‘vital’ importancia y que, volcando y centrando los esfuerzos, es posible generar grandes avances. Esto no puede quedarse relegado a la COVID”, desea.

“El peor momento: enfrentar por teléfono casos de riesgo suicida”

María Liste Caparrini. - Psiquiatra de A Estrada que ejerce en Euskadi.

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María Liste, en Bilbao.

A lo largo de estos meses de pandemia, la estradense María Liste Caparrini –ejerce la Psiquiatría en el sistema público de salud de Euskadi– ha visto medrar las consultas por síntomas como ansiedad y depresión. Muchas de estas situaciones llegan derivadas de un contexto de situaciones laborales complicadas. Las situaciones de duelo elevan también el recurso a los profesionales de la salud mental. “La pandemia ha dificultado el ritual familiar de despedida, lo que puede conllevar una dificultad en la elaboración de las tareas de duelo”, explica.

En un terreno más personal, reconoce que “hay un clima generalizado de agotamiento por esta situación, de queja y una tendencia a aislarse”. “Para mí estos son los primeros síntomas que me hacen ponerme las pilas para no dejarme avasallar por la situación y cuidarme física y mentalmente”, indica. Confiesa que la ola que más la ha salpicado ha sido la segunda. “No solo por haberme infectado y estar casi un mes de baja laboral, sino más bien por la dificultad al reincorporarme con las secuelas del cansancio físico y mental que te genera la COVID y por tener que adaptarme a un nuevo centro de salud mental. En mi caso, al no ser personal interino, eso supone una dificultad añadida al trabajo en tiempos de pandemia”, relata Liste Caparrini.

Momentos crudos

Con todo, su peor momento lo vivió en la primera ola, cuando se hacía atención telefónica y tuvo que enfrentar un par de casos con alto riesgo suicida. “El no poder atenderlos de forma presencial hace que algo no asiente, que no permanezca, y la sensación de que en cualquier momento esa persona pueda pasar al acto es constante. Es parte de mi profesión y asumo esa tensión, pero en circunstancias normales, atiendes a esas personas cara a cara y eso genera otro ambiente más acogedor y contenedor. Además, en caso de no llegar a un pacto de no suicidio, siempre tienes a disposición recursos para realizar un ingreso urgente si es preciso”, narra.

“Sí, habrá cuarta ola, sobre todo si seguimos llevando este ritmo en las vacunaciones”, responde esta doctora, sin poder ocultar su baja confianza en la capacidad de gestión de las autoridades. “Ha habido poca consistencia en la aplicabilidad y duración de las medidas de restricción, así como falta de equidad a la hora de aplicarlas a todos los sectores de la sociedad”, opina esta estradense.

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