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carlos santos Fernández nn | Profesor jubilado del IES Antón Losada Diéguez de A Estrada

“Corren tiempos complicados para la docencia; hay que tener mucha vocación”

“Tengo la sensación de que ya se acabó mi etapa y que hay que pasar a la reserva”

Carlos Santos Fernández posa delante del instituto estradense donde se jubila.

Carlos Santo vive sus últimas horas como docente en el IES Antón Losada Diéguez de A Estrada. Después de casi 30 años dando clase de Lengua Española, este coruñés afincado en Santiago recibe el cariño de toda la comunidad escolar.

–¿Cómo están siendo los últimos días después de tantos años dando clase en A Estrada?

–Son días de muchos recuerdos, evidentemente. Date cuenta que han sido muchos años, aunque solamente sea la carretera, el recorrido de todos los días porque he visto crecer los árboles y levantar las casas. Y en el instituto tuve muchas generaciones de alumnos a las que les he dado clase e incluso tuve alumnos a cuyos padres ya les di clase en su momento. Son muchos recuerdos ligados a tantos años de trabajo y, por supuesto, inolvidables.

–¿Uno nunca deja de ser profesor aunque se jubile de ello?

–Yo supongo que sí. Eso queda para siempre. Además, afortunadamente tengo muy buena relación con mis alumnos. Les pienso dejar mi correo y mi teléfono por si necesitan alguna cosa. Hombre, si es porque les ponen unos ejercicios, que no me llamen para que yo se los haga, claro. Si necesitan alguna ayuda o lo que sea, que recurran a mi que sigo estando aquí. Tengo que decir que tuve la suerte de contar con unos alumnos que son una gente muy agradable y muy cariñosa. Como tengo muy buenos recuerdos de ellos, qué menos que tratar de corresponder un poco.

–Es una lástima no poder despedirse en condiciones, ¿no?

–Efectivamente. Es una pena, la verdad. Nos hemos hecho algunas fotos pero claro todos con mascarillas. No poder darse un abrazo o darle la mano a los compañeros también es una lástima. Ya no te digo organizar una comida, una cena o algún tipo de acto normal. La verdad es que no poder hacer nada es una gran pena. Este año se han jubilado ya unos cuantos compañeros del instituto y todos vamos pasando exactamente por lo mismo. De todas formas, malo será que dentro de unos meses o dentro de un año no podamos reunirnos y hacer lo que no hacemos ahora.

–¿Corren buenos o malos tiempos para la enseñanza?

–Corren tiempos complicados. La docencia siempre ha sido un poco complicada. Las leyes educativas han ido cambiando y no siempre para mejor. Hay que tener mucha vocación para dedicarse a esto ahora. La verdad es que yo admiro sobre todo a mis compañeros más jóvenes, que están llegando ahora y que tienen 30 o 35 años porque van a tener que bregar mucho. Los admiro y me gustaría volver a esa edad. De todas formas, me da un poco de pena porque las condiciones en las que trabajan son bastante peores que las que teníamos nosotros cuando empezamos a dar clase. Sin ir más lejos, quería llevar unos bombones y demás para celebrarlo pero me dijeron que no lo hiciera por lo que pudiera pasar. Es algo que hace 20 años lo hubiera hecho sin pensármelo dos veces. Eso sí, desde el punto de vista tecnológico las cosas han ido para mejor.

–¿Se va con la sensación del deber cumplido o le hubiera gustado hacer algo que no pudo?

–He intentado hacerlo lo mejor que he podido y he puesto toda la voluntad posible. Seguro que se podía haber hecho mejor pero sí tengo la sensación de que ya se acabó mi etapa y que hay que dejar paso también a las nuevas generaciones y, como se dice en el ejército, pasar a la reserva de una vez por todas.

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