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La belleza está en el interior

El COVID deja el apogeo en la floración de las famosas camelias del Versalles Gallego, un momento de gran tirón turístico, para disfrute exclusivo de los jardineros del Pazo de Oca

Las camelias están en pleno apogeo de su floración. BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Las camelias están en pleno apogeo de su floración. BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Aunque nada pueda hacer volver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo… Los versos forman parte del poema titulado Oda a la inmortalidad de William Wordsworth, una composición que bautiza la exitosa película de Elia Kazan interpretada por Natalie Wood y Warren Beatty. De ese esplendor cautivo que ha de florecer en el recuerdo sabe mucho este año el Pazo de Oca, el aclamado como Versalles Gallego por sus afamados jardines. Cuando le tocaría recibir a cientos de turistas –muchos de ellos internacionales– atraídos por la floración de sus míticas camelias y el despertar de la primavera llamando a la puerta, la belleza se queda retenida intramuros.

Magnolia en flor junto al estanque del palacio.

Magnolia en flor junto al estanque del palacio. Bernabé/Javier Lalín

Aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante hoy esté por siempre oculto a mis miradas. Así comienza esta oda sacada del tintero del romanticismo. Y así se adapta, también, al estallido de belleza que el COVID-19 mantiene oculto a los ojos de quienes desearían recorrer un vergel en el que la vegetación y el agua componen una estampa única en cada estación. Cuando la situación epidemiológica recomendó endurecer las medidas de seguridad para frenar el fuerte avance del virus después de las fiestas de Navidad, los jardines del Pazo de Oca tuvieron que echar el cierre. Pese a que ahora comienza la desescalada, el palacio mantendrá todavía el candado por motivos de seguridad, a la espera de la decisión que tome la Fundación Ducal Casa de Medinaceli, en base a lo que aconseje la evolución de la pandemia.

Dos cisnes, en una de las zonas de agua del recinto. Bernabé/Javier Lalín

Mientras, en este impresionante espacio natural todo parece ajeno a la pesadilla que se vive fuera. El ciclo continúa. El agua fluye y las flores ofrecen una paleta cromática con toques impresionistas. Las camelias están en pleno apogeo de su floración y eso decora el jardín con miles de flores entre las que el rosa, el blanco y el rojo pintan por doquier. En cualquier rincón de este jardín puede disfrutarse de esta flor insigne de Galicia. De hecho, saber cuántas camelias hay en Oca es prácticamente imposible.

Arreglos en el famoso Paseo de los Tlilos. Bernabé/Javier Lalín

El veto del jardín al público por la pandemia hace que en un momento de gran tirón turístico, el que sin duda es uno de los mayores recursos turísticos de A Estrada ofrezca su espectáculo a puerta cerrada, para disfrute exclusivo de las personas que cuidan este jardín con esmero cada día. Ellos son su privilegiado público.

Los jardineros aprovechan este tiempo de cierre para replantar, realizar podas, limpiar hiedras y cortar setos, sin descuidar las siegas para que la hierba, que pronto comenzará su período de mayor crecimiento, no se escape a su control. Todo ello está al servicio de que muchas miradas disfruten de esta grandeza, aunque solo sean sus ojos los que ahora puedan contemplarlo. La belleza se queda, literalmente, en el interior. Volverá el esplendor a la hierba y la gloria a las flores. Mientras, como dice el poema, subsistirá en el recuerdo.

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