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Gerardo Otero Salgueiro | Sobrino de Laxeiro

“Mi tío siempre fue una persona jovial y muy bondadosa con todo el mundo”

“La última vez que estuve con él fue en Vigo un mes antes de que muriese”

Gerardo Otero posa, ayer, delante de la casa familiar en el lugar de Vilamaior (Botos).

Gerardo Otero posa, ayer, delante de la casa familiar en el lugar de Vilamaior (Botos).

Ayer hizo 113 años del nacimiento en Donramiro de José Otero Abeledo, “Laxeiro”, el artista gallego más popular e universal del siglo XX. A sus 69 años, Gerardo Otero Salgueiro, sobrino del genial pintor, recuerda con cariño algunas de las anécdotas vividas junto a él tanto en Botos como en Vilamaior. Gerardo, de 69 años, es el sobrino que más contacto mantuvo con el artista puesto que sus hermanos residen en O Carballiño.

–¿Cómo recuerda a su tío después de tanto tiempo?

–Como comprenderás tengo muchos y muy buenos recuerdos de Laxeiro. Mi tío siempre fue una persona jovial de espíritu incluso cuando ya tenía sus años. También tengo que decir que era muy humano con todo el mundo y amable en el trato. Sin embargo, aunque era un tipo muy alegre cuando se enfadaba tenía muy mal genio. Conmigo tenía muy buena relación. Y eso que muchas veces discutíamos porque como sabes hay gente muy aprovechada y yo siempre se lo decía. Hay una anécdota muy buena que recuerdo con Colmeiro, el pintor de Silleda.

–Cuente, cuente...

–Bueno, pues le iban a dar un premio a un chaval con un jurado donde estaban los dos. Mi tío no estaba de acuerdo con el fallo porque no le parecía que el premiado lo mereciera y se enfadó mucho. Entonces, Colmeiro, que era mucho más tranquilo le comentó que no se pusiera así porque ninguno de los dos entendían nada de pintura. Es algo que se me quedó grabado porque lo dos eran completamente distintos. Como digo, Colmeiro era muy tranquilo mientras que a mi tío, si algo no le gustaba, nunca se callaba.

–¿Cuándo fue la última vez que lo vio?

–Recuerdo que la última vez que estuve con él fue en Vigo creo que un mes antes de morir, más o menos. Ya había vuelto del hospital y estaba en su casa. Desde luego, fue un momento muy triste porque después de tantos años tener que verlo así es algo inolvidable como te puedes imaginar.

–Laxeiro fue un pintor muy prolífico y, también, muy dado a regalar parte de su obra. Siempre se ha dicho que no todos los que aseguran tener un Laxeiro cuentan con él en realidad. ¿También fue generoso con usted o no?

–Me dio uno que tiene relación con el lugar donde él limpiaba los pinceles que a mi me parece muy bonito, la verdad. Tiene un formato de 100x25 y lo conservo en mi casa porque ya digo que me gusta mucho. También tengo que decir que cuando nos casamos Encarna y yo nos regaló otro que está fechado en 1966, que está catalogado. Como te decía antes, mi tío era una persona demasiado bondadosa y como tenía fama de regalar cuadros siempre había alguien que quería sacar tajada de eso. Yo recuerdo a mucha gente que le llegaba diciendo que le gustaba un cuadro y le insistían para poder llevárselo. Así hay tantos por ahí.

–A pesar de haber vivido tanto tiempo fuera de Lalín, ¿le gustaba volver a su tierra cuando podía?

–Por supuesto. Es más, raro era el verano que no estuviera por aquí. Solía venir en julio y agosto, y también algún septiembre. Cuando era mayor ya le costaba más y, claro, fue más difícil poder encontrártelo por Lalín tomando un vino o charlando con las amistades de toda la vida. Date cuenta de que era un hombre muy viajero. Cuando era joven viajaba mucho, pero siempre tenía un hueco en verano para darse una vuelta por Lalín y, por supuesto, nunca faltaba una visita suya a nuestra casa porque, como te decía antes, yo era el sobrino con el que más trato tuvo de siempre.

–Tengo entendido de que su casa con la de los padres de Laxeiro estaban muy cerca, ¿no?

–Sí, claro. Nosotros ahora vivimos en un lugar que se llama O Porto pero antes la casa donde habían nacido sus padres y la nuestra estaban muy cerca. Él nació en Donramiro, como todo el mundo sabe en Lalín, pero las raíces familiares las tenía, aquí, en Botos. Si no recuerdo mal, con sólo 12 o 14 años emigró con sus padres pero en Botos también vivió algo. Aunque estuvo mucho tiempo fuera nunca se olvidó de sus parientes. Eso nunca.

–O sea, que estamos hablando de alguien muy familiar, aunque anduviera de aquí para allá, ¿no?

–Sin duda. Con nosotros siempre lo fue, por supuesto. De hecho, tanto cuando me casé como, después, cuando me dio el otro cuadro nos comentó a mi mujer y a mi que nos lo quería dar porque nos apreciaba. Recuerdo que uno de ellos lo trajo a casa y entró con él enrollado debajo del brazo. Fue el cuadro del 66 y fue muy extraño verle entrar con aquello bajo el brazo como si nada. De todas formas, no era nada extraño verle así durante mucho tiempo porque era un artista muy cercano que si podía te hacía un regalo de esa categoría. Claro que entonces nadie pensaba en eso porque te lo tomabas como un regalo. Un buen regalo, eso sí.

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