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Aguantando... por los pelos

Las peluquerías demandan medidas para acusar la caída de clientes por el cierre perimetral de los municipios y de la hostelería

Rocío Fariñas peina a una de sus clientas.   | // BERNABÉ/ANA AGRA

Rocío Fariñas peina a una de sus clientas. | // BERNABÉ/ANA AGRA

“Estamos ahogados. En Vila de Cruces, ahora mismo, no hay una nueva línea de ayudas, y las anteriores se centraron sobre todo en hostelería, sin pensar que los demás sectores vamos detrás. Porque podemos abrir, pero no tenemos trabajo y aún así debemos pagar igual todos los gastos. No sé si lograremos aguantar”.

Así de contundente se expresa Beatriz Gómez, dueña de una peluquería en el casco urbano cruceño. A su local suelen acudir clientes de, por ejemplo, A Goleta, una localidad de Lalín más próxima a Cruces que a la cabecera dezana. Pero ahora, con el cierre perimetral de los municipios, ya no puede recibir a clientes de parroquias limítrofes de Lalín o de Arzúa, porque las excepciones que contempla la Xunta permiten moverse entre municipios si en el de origen uno no puede comprar bebidas, alimentos o productos de primera necesidad. No queda claro si un servicio de peluquería permite o no ese cruce de fronteras. Es lo que ocurre en Dozón. “En ese municipio no hay ningún servicio de peluquería, ni tampoco en el vecino de Piñor. Y tenemos casos de personas que, por su edad o porque se están recuperando de una operación, sí necesitan que les lavemos o les cortemos el pelo, ya que ellos no pueden hacerlo”, explica Rocío Fariñas, de la peluquería XY, en Lalín. Fariñas tuvo que consultar en su gestoría cuál era su horario de cierre, una vez que conoció las nuevas restricciones de la Xunta. La misma duda tuvieron otras peluquerías y decenas de clientes “porque muchos siguen pensando que cerramos a las seis”, apunta.

En la última campaña de dinamizacion del comercio, en la que colaboró el Concello y mediante la que se sortearon vales por un total de 25.000 euros, hubo voces discrepantes con la participación de las peluquerías en dicho sorteo. Fariñas es muy tajante en este punto: “solo en Lalín, seguro que somos más de 60 peluquerías. Quizá hay más que comercios. Y seguro que los comercios quieren que nosotros podamos consumir en ellos. Pero para eso, necesitamos trabajar todos, y a ser posible, en un horario normal”, recalca Fariñas. Y apostilla que el sector de la peluquería y estética, durante la primera ola, no pudo ofrecer sus servicios a través de internet, a diferencia de las tiendas de ropa y calzado.

Y para que las peluquerías puedan aguantar abiertas e invertir en otros sectores, echan en falta también ayudas que les permitan ir capeando el temporal. Sí pudieron optar a ellas en la anterior remesa que activó Lalín. El problema es que estas subvenciones directas deben figurar en la declaración de la Renta del año que viene.

Lo único que les queda es recuperar la confianza del cliente, no por la seguridad que ya tienen garantizada en los locales, sino por la escalada de casos que se está dando en todos los municipios. “La gente tiene miedo, porque en el caso de Cruces, se han disparado los positivos. Con estas nuevas restricciones, el bajón de la clientela ha sido de un 75”, explica Beatriz Gómez.

“El comercio puede adelantar su hora de apertura, ya que tiene que cerrar a las seis”, explica Fariñas. Con ello, se beneficiaría a todos los clientes que aprovechan su paso por Lalín para comprar y de paso arreglarse el pelo. O cumplir con su tratamiento estético y sanitario, como ocurre en el centro de María Mundín. En este caso, los clientes sí tienen un certificado para seguir con tratamientos que no conviene aplazar. Al contrario de lo que puede ocurrir en otros locales, en este “quizá tenemos un poco más de clientela, porque ahora los clientes disponen de más tiempo” disponible gracias, paradójicamente, al adelanto del cierre en el comercio minorista y al cese de actividad en hostelería.

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