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El monstruo de la incertidumbre

Mensaje de ánimo en un escaparate de A Estrada durante el confinamiento.   | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Mensaje de ánimo en un escaparate de A Estrada durante el confinamiento. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

El monstruo de la incertidumbre

Parece que fue ayer, y ya ha pasado un año. El coronavirus ya nos ha robado 12 meses. Aunque marzo semeje marcar el inicio de la pandemia en España porque fue el mes en el que se decretó el estado de alarma, el SARS-Cov-2 ya se había colado en nuestras vidas mucho antes. Lo veíamos como algo ajeno y lejano, que sucedía en China, sin imaginar que lo que acontecía en Wuhan –se hizo tan popular después que ahora parece que está aquí al lado– pudiese llegar a salpicarnos. Y vaya si lo hizo. Nos caló hasta los huesos. Entre que comentábamos lo rápido que los chinos se contagiaban y se ponían a construir hospitales, el virus ya había desembarcado en Italia. No tardaría en llegar a Madrid y, en un suspiro, aquella realidad tan sumamente lejana nos daba, literalmente, con la puerta en las narices y nos encerraba en nuestras casas para vivir la experiencia de un confinamiento que parecía sacado del argumento de una película de tintes apocalípticos. La realidad superó con creces a la ficción.

Malhumor, irritabilidad, hipervigilancia, angustia, tensión, vulnerabilidad, miedo a los demás... Nada de ello figura entre la sintomatología común del COVID-19, esa que en los últimos meses hemos interiorizado y que, de cuando en vez, repasamos cuando unas décimas o un intenso dolor de cabeza nos recomienda hacer un autochequeo para ver si puede haber motivos para la alerta. Sin embargo, este cóctel emocional es una consecuencia directa de la crisis del coronavirus que está afectando a un importante porcentaje de la población y que está haciendo incrementar el recurso a los profesionales de la psicología en busca de técnicas que ayuden a asumir que esta pesadilla es real; que no nos vamos a despertar, pero que podemos reforzarnos para asumirlo y afrontarlo.

Después de casi un año desde que el coronavirus irrumpió en el día a día para llenarlo de miedo e incertidumbre, las sensaciones de cansancio, tristeza o desmotivación que muchos pueden estar experimentando podrían deberse a lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) llama “fatiga pandémica”. Es ese hastío y desazón que muchos sienten en estos meses, después de ver que, tras la primera ola, vino la segunda y, ahora, la tercera. ¿Hasta cuándo? Esa incertidumbre es todo un monstruo de emociones.

Muchos padres han enseñado a sus hijos lo importante que es identificar y compartir lo que sienten a través del libro de Anna Llanas El monstruo de los colores. Se convirtió en todo un fenómeno, que identifica la alegría, la ira, el miedo o la calma con un color determinado. Es una herramienta más en el marco de la apuesta por una educación emocional. ¿Qué color correspondería a la montaña rusa que nos acompaña en tiempos de pandemia? Pues seguramente una mezcla desconcertante, como lo es la realidad que ha de pintar

En las consultas de los psicólogos continúan entrando pacientes que acuden a terapia por fobias, crisis de ansiedad, TOC, problemas de pareja, depresión y un largo etcétera. “Pero sí que es verdad que todo está más agudizado por lo que causa la incertidumbre”, explica la psicóloga clínica Mayte Palau Graus, con más de 30 años de experiencia.

“La incertidumbre en la que vivimos es una situación atípica. La palabra clave sería esa: incertidumbre”, apunta esta experta. Se explica: nos ha tocado saborear el miedo ante un enemigo que no vemos y que es totalmente imprevisible. A ello hay que sumarle el hecho de que uno puede estar padeciendo la COVID-19 y no ser siquiera consciente de ello porque es asintomático. ¿Menos espacio para la certeza? Lo hay: nada puede garantizar ni predecir cómo va a evolucionar la enfermedad en cada caso; hay quien no se entera de que está contagiado y quien a los pocos días de evolución termina en la cama de una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). A ello se añade el hecho de que esta enfermedad es tan nueva que todo parece nadar en un mar de confusión en el que absolutamente nada puede darse por sentado y en el que no existe un salvavidas que pueda comprarse en la farmacia.

“Ello crea en muchas personas una sensación de alerta en ellas y miedo hacia los otros, una hipervigilancia que nos altera, no solo a nivel emocional, ya que nos sentimos más vulnerables, más tensos, con más angustia, sino que también nos condiciona a nivel físico”, señala Palau Graus.

Esta psicóloga añade una pieza más al rompecabezas: la incertidumbre en el terreno económico y laboral. De su mano llega el miedo al futuro económico y preguntas como ¿aguantará mi empresa? ¿Tendré trabajo?

Las dudas no acaban ahí. Esta experta apunta también al miedo al futuro social. ¿Cuándo podremos abrazarnos? ¿Cuándo podremos estar juntos? ¿Viajar? “Esto crea una desesperanza y una carencia que nos hace sentir rabia, tristeza, angustia y apatía”, indica.

¿Cómo podemos sobrellevar esta incertidumbre ? “Debemos intentar centrarnos en lo que depende de nosotros , lo que controlamos, y aprender a estar en el aquí y ahora, sin pensar en el futuro, pues es pura imaginación”, recomienda Mayte Palau, con consulta en A Estrada y Santiago. Tampoco los viajes al pasado son recomendables. “Si pensamos en lo que teníamos y no tenemos , nos sentiremos tristes, frustrados, por ello debemos centrarnos en este momento y en este lugar, disfrutando y valorando lo que sí podemos hacer: compartir tiempo con nuestras amistades a través de las redes sociales, por teléfono, leer ,ver películas, bailar... todo tipo de actividad que nos genere energía positiva”, expone.

“En consulta continuo viendo gente con problemas determinados como antes, pero sí que es verdad que cada vez veo mas gente con problemas derivados de esa incertidumbre de la situación actual”, indica esta psicóloga clínica. A todos ellos les recomienda trabajar la calma a través de Mindfulness, la relajación o el yoga, por ejemplo, además de armarlos con una serie de herramientas psicológicas para sobrellevar un momento en el que la rutina es cualquier cosa menos normalidad.

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