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Lo que callan las campanas

“Para evitar el pánico, no tocaban las campanas. En Tomonde enterraban a todas horas”. La pandemia de gripe de 1918 contagió a unos 3.500 estradenses y dejó 200 muertos

Imagen utilizada por Bértolo Ballesteros en el artículo que publicará sobre la gripe de 1918.

Imagen utilizada por Bértolo Ballesteros en el artículo que publicará sobre la gripe de 1918.

“El mundo entero está en sombra. Pueblos hay, como Santiago, completamente infectados. Mueren miles y miles de personas. Es peor que la guerra europea que acabamos de sufrir. Los tiempos futuros recordarán la época en que la gripe devastó la humanidad y nuestro Sabucedo no será menos en recordar la dolorosa memoria de esta época”. Sabía que lo había leído hace años. Cuando comenzó toda esta pesadilla me vino a la cabeza, pero reencontrarlo consiguió ponerme la piel de gallina. La historia tiene estas curiosidades. Entre esas palabras, manuscritas por un alumno de Sabucedo, y las que aquí se recogen hay más de un siglo de distancia. Sin embargo, su testimonio de la pandemia que le tocó vivir es tan semejante a los que podrían leerse en este 2020 y en estas mismas páginas que cualquiera se debatiría entre la sorpresa y el desasosiego.

Fue María del Pilar Regueiro Ovelleiro quien dio con estos escritos, recogidos en un artículo que la nieta de Francisco Regueiro Moreira, primer maestro de la Escuela Nacional Mixta de San Lourenzo de Sabucedo, compartió a través de A Estrada. Miscelánea Histórica e Cultural, la publicación anual del Museo do Pobo Estradense Manuel Reimóndez Portela. En aquel segundo volumen, el relato parecía lejano, casi como si fuese propio de tiempos primitivos. Sin embargo, hoy se camufla con la realidad y la actualidad de la primera pandemia del siglo XXI.

La autora de Cando o ceo escurece narra que, por azar y con las orientaciones de su padre, encontró entre los trabajos que su abuelo había realizado con sus alumnos una redacción sobre la pandemia mundial de gripe de 1918 en esta parroquia de A Estrada. Y así llegaron hasta mí las palabras de Adolfo Obelleiro Garrido, un escolar cuyo relato en aquel Cuaderno de excursiones y hechos relevantes de la Escuela Nacional Mixta de Sabucedo, conmueve a la vista de lo que está sucediendo en este año de locura. La historia se repite. Con una similitud que hace pensar en Adolfo como cualquier estudiante de A Estrada de este siglo que pudiese testimoniar para la posteridad cómo está viviendo esta pesadilla, en un momento en el que ya se crea a salvo.

“No hubo bailes nocturnos, ni romerías ni ferias, ni apenas se ha podido asistir a la misa dominical. Aquí, en este lugar, se propagó desde Tomonde, cuando se hallaba ya extendida por toda la comarca. Para Tomonde la trajeron unos canteros que venían de Asturias y se sintieron enfermos ya en Pontevedra”, relata el alumno, como cualquiera podría hablar hoy día de casos importados de la COVID-19.

En Sabucedo, que puede servir como ejemplo de cómo vivió A Estrada la epidemia de la gripe española de 1918, la enfermedad “entró allá por mediados de octubre y, en término de una semana, cundió por todo el vecindario, quedando tan solo unas siete casas salvadas de la infección, al menos en la colosal ‘avalancha’, aunque después algunas de éstas fueron atacadas”. La propagación del virus fue rápida, un atributo que también puede concedérsele al SARS-CoV-2 que puso nuestro mundo patas arriba. “Casas de siete, ocho o más personas de familia estaban todas infectadas, encamadas, tosiendo y tosiendo, porque toda la infección tenía su asiento en el aparato respiratorio. No había medicinas y menos aún médicos, ya que los que había no llegaban a nada y ellos estaban también atacados”. ¿Les suena de algo? Sin tratamiento y con el personal sanitario al borde del colapso. Está claro que cien años no son nada.

“En Tomonde no tocaban ya la campana a señales y enterraban a todas horas. Los familiares no acompañaban los cadáveres al cementerio”, explica Adolfo. El alumno de Sabucedo se congratula, no obstante, con que a pesar del número de infectados, en este enclave estradense las muertes fueron relativamente bajas. “Sin embargo, bajaron al sepulcro unas ocho personas, casi todas jóvenes”. Cita después a vecinos de 18, 22, 25 o 34 años. “Por algunos, para evitar el pánico, no tocó la campana. No rezaban en casa de los difuntos ni lo visitaban y, en la conducción del cadáver, se situaban lejos, bien delante bien detrás. No paraban nada con ellos en el atrio, sino que le daban tierra acto seguido”.

Contacto cero e intentos de desinfección eran también en aquella A Estrada de 1918 una apuesta a la desesperada. “Nadie, ni por primo, visitaba a otro y andaban siempre con desinfectantes y ramas de eucaliptus en las casas, en las ropas, en las visitas y en los entierros”.

También las clases fueron suspendidas en todo el país. De ello da cuenta –siempre según las referencias a los documentos encontrados por María del Pilar Regueiro Ovelleiro y recogidas en Miscelánea– el célebre maestro de Sabucedo. En sus anotaciones figura que aquel curso de 1918-1919, que había arrancado el 1 de septiembre, quedó paralizado el 4 de octubre a causa de la epidemia. Las clases volverían a reanudarse el 7 de enero “en los sitios donde la peste perdiese aquel apogeo”. En Sabucedo volvió a abrirse hasta el 17 de julio. Los 62 alumnos que asistieron ese año a la escuela fueron vacunados y revacunados el 28 de enero de 1918 en Codeseda.

“Poco a poco empiezan a reanudarse las tareas de la vida, pero de manera tibia, como si llegásemos transportados de otro mundo distinto de éste. Hasta el sol parece imprimir el sello de la novedad. No hay humorada. Todo es tinieblas. Todo es tristezas”. No sé la edad que tendría Adolfo Obelleiro cuando, hace más de cien años, escribió estas palabras. Pero, sin saberlo ni pretenderlo, describió la nueva normalidad que nos hemos inventado para no admitir que nuestras vidas han cambiado para siempre.

Bértolo Ballesteros rescata de los archivos el impacto de la crisis sanitaria de 1918 en la población de A Estrada

La pandemia de la COVID-19 ha llevado a Manuel Bértolo Ballesteros a sumergirse nuevamente en los archivos. Su investigación verá la luz en el volumen de A Estrada. Miscelánea Histórica e Cultural que se presentará a finales de este mismo mes. Las hemerotecas y los datos cotejados en el Registro Civil permitieron a este autor conocer en mayor profundidad cómo golpeó la pandemia de gripe de 1918 al municipio de A Estrada. “Fue desde el 22 de octubre hasta el 15 de noviembre de 1918 cuando más afectó la gripe en este concello”, explica Bértolo. A preguntas de FARO DE VIGO, este investigador precisó que, pese que hubo casos de esta devastadora gripe en 1919, los datos de mortalidad entre el 14 de octubre y el 31 de diciembre de 1918 permiten acotar el tiempo en el que la epidemia golpeó con más fuerza a los estradenses. “La causa de muerte por gripe se registra en el Registro Civil de diversos modos, pero está claro que afectaba sobre todo a las vías respiratorias”, explica el autor. En su análisis documental pudo encontrar referencia a esta enfermedad como “gripe, grippe, bronco-neumonía gripal, fiebre gripal, toxemia gripal, infección gripal, gripe epidémica, neumonía gripal, meningitis gripal, encefalitis gripal, pulmonía gripal, traqueo-bronquitis gripal e trancazo gripal”. Muchas palabras para la misma causa de fatal consecuencia. La investigación de Bértolo Ballesteros le permite concluir que en ese período de dos meses y medio hubo en A Estrada 193 muertos, a razón de 69 varones y 124 mujeres. Profundiza en que la acentuada mortalidad causada por esta enfermedad se refleja en la comparativa de defunciones en A Estrada en aquel 1918 y el ejercicio anterior. El artículo referencia también datos extraídos de las estadísticas oficiales de la provincia de Pontevedra que, según explica el autor de esta investigación, apuntan que el número de infectados en Pontevedra por esta epidemia de gripe sería de unos 3.500 vecinos, sobre un ceso aproximado de 27.500 habitantes. De ellos, casi 200 no vivirían para contarlo. “Las parroquias más afectadas fueron Tabeirós y Aguións. Las únicas que no tuvieron muertos en esas fechas son las de San Miguel de Castro, Lagartóns, Olives, Pardemarín, Toedo y Santo André de Vea”, apunta Bértolo. Niños y jóvenes eran los más vulnerables frente a esta pandemia mundial de 1918, a juzgar por las estadísticas recogidas en el artículo. Sin embargo, “todos, tanto jóvenes como ancianos, se hallaban recogidos en sus casas, silenciosos aislados y con gran pesadumbre de espíritu, esperando la hora tremenda de la llegada de la maligna infección”, relata un escolar de Sabucedo en aquel 1918 en el que el mundo se volvió gris.

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