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Maika Sanmartín Muñiz | Administrativa del Centro de Salud de A Estrada

“Estos años me pasaron volando porque nunca fue un suplicio ir a trabajar”

Se retira después de 46 años en la sanidad, 39 de ellos en el ambulatorio estradense

Maika Sanmartín, ayer, en el Centro de Salud de A Estrada.  | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Maika Sanmartín, ayer, en el Centro de Salud de A Estrada. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Durante décadas, la cara y la voz de Maika Sanmartín han sido las que se han encontrado todos los estradenses al acudir o llamar al Centro de Salud de A Estrada. El trabajo de la estradense ha ido sin embargo mucho más allá dentro del ambulatorio estradense, al que llegó hace 39 años. Su carrera en la Sanidad comenzó mucho antes, cuando logró aprobar las oposiciones que preparó mientras completaba sus estudios en COU. La pasada semana y tras cumplir 65 años, esa etapa llegó a su fin.

–¿Cómo y cuando llegó usted a la Sanidad?

–Fue hace 46 años, cuando yo tenía 18. Recuerdo que en ese momento estaba haciendo COU y me presenté a las oposiciones un poco de coña. Tenía una tía en A Coruña que era jefa de enfermeras. Ella fue la que me avisó de que estaban convocadas esas oposiciones y decidí presentarme. Sin contar mucho con ello logré aprobar y desde aquella hasta hoy estuve ininterrumpidamente trabajando como administrativa en la Sanidad. Mi primer destino fue en Santiago, donde estuve seis años trabajando en el centro de diagnóstico. Después me fui un año para Zaragoza, antes de entrar ya en el ambulatorio de A Estrada. Llevo aquí ya 39 años.

–¿Qué puestos ha desempeñado en todos estos años?

–Siempre hice trabajos relacionados con la administración. Sin embargo, en todo este tiempo las cosas cambiaron mucho. Cogí épocas de muchos cambios. Aquí en el ambulatorio cuando empecé estaba yo sola en el despacho. Me encargaba del almacén y no teníamos ordenadores. Yo pasé de la Olivetti y el BIC al ordenador. Teníamos muy pocos medios. En este tiempo también tuve muchos jefes de servicio. y directores. Cuando yo comencé todavía eran los tiempos del Insalud. Los jueves por ejemplo pasaba con el inspector médico, que venía a A Estrada por el tema de las bajas y las pensiones. Mi labor digamos que fue cambiando con los años. Después llegó mi primer compañero, Juan Rey, que estuvimos muchos años los dos juntos. Luego ya comenzó a llegar esta nueva hornada de compañeros, con el Centro de Salud.

–¿Y siempre atendiendo a la gente?

–Al principio teníamos tres celadores y yo de administrativo. Yo, además de encargarme de otras cosas, ya estaba dando número a la gente que venía. De aquella no había lo de la cita previa. Dábamos cita con numeritos que hacíamos nosotros. Todo cambió mucho y a mí me tocó ir reciclándome y adaptándome a los tiempos. Ahora, después de 46 años creo que ya me toca la jubilación. Al tener un trabajo de media jornada como este es cierto que puedes hacer mucha vida pero me apetece dejarlo para poder hacer más cosas.

–Le tocó sin embargo un año complicado para despedirse.

–Es cierto. Podría continuar pero la verdad es que no quiero. No es momento para estar en ambulatorio. Un día me acosté y al día siguiente soy pensionista y persona de riesgo. Lo que sí tengo que decir es que fui muy feliz durante mi vida laboral. Estuve muchos años en los que no podía dejar de pasar por allí ni en vacaciones. Formaba parte de mi vida. Estar una semana sin ir me parecía mucho. Aquí tengo mucho más que compañeros. En este Centro de Salud están mis amigos. Muchos de ellos se fueron jubilando, como Pumarega, Mario López, Mari Carmen García, Fernanda... De los primeros ya solo quedamos cinco.

–¿Se ha perdido un modelo de sanidad más cercano?

–Es cierto que antes era todo más cercano. Había gente que me llamaba a casa para pedirme número en el médico. Coincide que son muchos años aquí y que soy de A Estrada. Son cosas que hoy serían impensables.

“Tenemos un gran ambulatorio y un gran director”

–Habrá vivido de todo en estas décadas en el ambulatorio.

–Recuerdo una vez que había una persona a la que tenían que llevar para Santiago a ingresarla porque tenía un infarto pero no se quería ir porque tenía al perro en casa. Lo convencí para que fuese al hospital haciéndome cargo yo del perro durante dos días. Hubo muchas historias. A mí me tocó además ser la encargada de bodas, fiestas y comuniones. Tenía que encargarme de todo lo que se organizaba en el ambulatorio. Lo tenemos pasado muy bien. Estuve en tres sitios durante mi carrera pero lo que me marcó fueron estos 39 años aquí, en el mismo sitio, con gente que ya conocía y con otros nuevos. Hice amigos que son para toda la vida. Incluso terminas conociendo a los pacientes solo por la voz. A veces cuando estás de cara al público es complicado y no puedes contentar a todo el mundo. Por eso me tocó asumir en ocasiones el papel de la mala de la película.

–¿Logró adaptarse bien a todos los cambios que ha vivido en la sanidad?

–Sí, en algunas cosas mejor que en otras. A nivel informático por ejemplo no destaco por mi pericia. Lo bueno es que tengo compañeros de la nueva hornada que saben mucho de informática. Yo les aporté un poco de mi experiencia en muchas cosas y ellos en ese mundo. Luego también tuve una temporada en la que estuve trabajando codo con codo con Juan Sánchez Castro. Me nombró jefa del área administrativa. Sánchez exige mucho porque también da mucho. Es un fenómeno en organización. A Estrada tiene un buen ambulatorio y un buen director.

–Se evita además la mudanza al nuevo centro.

–Cierto. No sé cómo va a ser pero no será fácil. Ni nosotros vamos a saber dónde están las cosas. Además, ahora es un modelo diferente, teniendo que pedir cita como en el banco. Yo además siempre estuve en el mismo centro. Una compañera llegó a estar en el antiguo, que estaba en el centro, pero yo ya entré en este.

–¿Con qué se queda de todos estos años?

–Me quedo con lo mucho que disfruté. Estos 39 años se me pasaron volando porque nunca fue un suplicio ir a trabajar. Y también con la cantidad de amigos que hice. Para mí esto no es el ambulatorio, es mi ambulatorio. Lo voy a echar mucho de menos porque es toda una vida la que estuve aquí, aunque ahora estaba un poco cansada. Con esto del virus estamos viviendo una etapa desconocida. Todo cambia de un día para otro y se hacía más complicado.

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