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“Esta situación no es algo que podamos controlar y eso causa mucha frustración”

Anxos García: “Las circunstancias económicas tienen mucha influencia en los ánimos” | Teresa Rocha: “La pandemia fue un disparador de ansiedad y miedos en las personas”

Anxos García Fidalgo, en su oficina del CIM, situada en el centro social de Silleda. | // BERNABÉ/ANA AGRA

Una interna prepara el magosto.

La pandemia lleva por delante la vida de las personas que padecen la enfermedad, pero también merma los ánimos y provoca enfermedades mentales en la ciudadanía. Cada vez las personas se acostumbran a adaptarse las normas impuestas y “vivir en tensión”. Aún así, las expertas apuntan un repunte de la ansiedad en la ciudadanía y un empeoramiento de los hábitos saludables.

Anxos García Fidalgo, del CIM de Silleda ha gestionado, desde el inicio de la pandemia, la ayuda psicológica que ofrecieron desde el consistorio. “Sí que tuvimos mucha demanda durante el confinamiento, luego ha bajado, ahora mismo continuamos con el seguimiento de algunas personas, pero ya no hay la misma demanda”, explica. Son las mujeres de edad media las que más solicitan este servicio, “de siempre son las que más piden ayuda psicológica”. Las circunstancias individuales de las personas se vieron agravadas con la situación del coronavirus. “Está claro que estar en posición vulnerable la situación afecta más, las circunstancias personales de cada uno varían, pero en general, aunque te encuentres bien económicamente, el coronavirus causa mella, en mayor o menor medida”, apunta la psicóloga.

Desde el servicio, ofrecen la posibilidad de presencial o telefónicamente. “Hay gente que empezó presencial y ahora continúa por llamadas o mensajes, y hay otros que empezaron al revés y ahora pidieron algún encuentro presencial, nosotros nos adaptamos”, puntualiza.

“La situación le afecta a todo el mundo, es muy frustrante porque no es algo que podamos controlar, además no hay expectativas de futuro y no se ve el fin de esto, por lo que genera mucha preocupación”, indica García. Añade que le habría que sumar la intranquilidad por tener a los seres queridos bien y que los pase nada. En cuanto a la segunda ola del coronavirus, “ha agravado la situación”. Indica que “veníamos de un verano en el que parecía volver la normalidad, prepararse para la vuelta al colegio, vacaciones, pero ahora volvieron las restricciones y esto ha bajado los ánimos, cuando todo parecía ir a mejor”. Añade que fue más asumible que la primera vez, “porque es algo que ya conocíamos”. Apunta que para los especialistas es “difícil” sacar conclusiones, “porque es algo totalmente nuevo en el mundo, cada situación individual es muy diferente, porque a unos les está afectando económicamente a otros de forma personal por tener algún familiar que lo pasase, entonces nos complica el trabajo, porque no tenemos una base en la que apoyarnos para realizar las terapias”, comenta.

La pandemia está llevando a los individuos a situaciones extremas. “La gente desarrolla ansiedad que derivan en problemas importantes con la comida, el alcohol o hábitos saludables; no comen bien, no duermen bien porque están nerviosos y esto lleva a una vida poco saludable. En el confinamiento mucha gente se dejó llevar por los malos hábitos”. Añade que la vida ha cambiado, con ella los hábitos, “pero es fundamental tratar de mantenerlos; sí es cierto que hay personas que lo llevan bien y no les afecta”.

Desde el CIM de Lalín, Teresa Rocha que también han ampliado los servicios para las personas más vulnerables. “Continuamos con el seguimiento de las mujeres del centro y desde Servicios Sociales nos han derivado personas que se encontraban en riesgo para ser atendidas”, explica. Añade que han sido mujeres y muchas con familia, por lo que tuvieron que ayudarlas “en materia pedagógica, para aprender a gestionar la situación con los pequeños”.

En el repunte de casos en Lalín, en el mes de septiembre, “las llamadas han aumentado”. Pero, tras salir del confinamiento “no ha habido mucho boom, continuamos con las personas que ya teníamos de forma telefónica, para dar un seguimiento”. Explica que la situación “es un disparador de la ansiedad y de los miedos, porque es algo desconocido”, puntualiza.

Las personas que residen solas también fueron atendidas, “en casos puntuales que llamaron al servicio”. “Lo principal que demandan es tener a una persona que estén pendientes de ellos, saber que un día a la semana iban a recibir una llamada para preguntarles qué tal se encontraban y demás”.

La pregunta clave es qué pasaría a nivel psicológico si vuelve un confinamiento. Rocha explica que “estamos más preparados que de la primera vez que era todo desconocido, un descontrol, mucho miedo y sin saber qué hacer. Aunque ahora las cosas cambian día a día, algo aprendimos de la primera ola y tenemos herramientas para combatir un encierro”, explica. Resalta algunos de los puntos importantes como “mantener una rutina, saber qué podemos hacer si estamos encerrados, no sobre pasarnos con la información porque puede ser perjudicial; esto último, hay que tratar de hacerlo ya, porque estar leyendo o viendo siempre lo mismo, no nos ayuda a nuestra salud mental.

Tener contacto y actividades ayuda a mantener los ánimos entre los internos de las residencias

Las residencias son de los lugares más golpeados por la pandemia. Los mayores, a pesar de la situación que hay y de ser uno de los grupos de mayor riesgo, se encuentran tranquilos en el centro. Desde As Dores (Lalín), la directora relata que no tienen casos de agobios por la situación exterior, “también viene motivado porque ven cómo trabajamos, la seguridad que empleamos para realizar todo, las medidas que tomamos ante cualquier actividad o situación”. Poder tener visitas en el centro es un gran motivante, aunque fueron aumentando y disminuyendo, según la incidencia del coronavirus. “Tener una visita a la semana los ayuda, además tienen las telefónicas que les permite estar en contacto diario con sus familiares y conocidos; es algo muy importante para ellos”, indica. Retomar las actividades ha sido algo importante, una normalidad marcada por las normas de higiene. “Empezamos paso a paso, introduciendo las actividades, no como antes que algunas se hacían con las familias como puede ser el magosto, pero por lo menos lo celebrábamos y eso siempre supone subir los ánimos”, explica la directora. Talleres de salud y gimnasia, son otras actividades que fueron añadiendo a su lista. De forma interna y con la seguridad, “tratamos de darle la máxima normalidad a la situación”. La plantilla del centro realiza una atención especial con los mayores, cuidando al máximo las medidas. “Notamos que están muy tranquilos, no tuvimos casos de gente que se notara más ansiosa por la situación, también es importante tanto para ellos como para nosotros generar esa sensación y motivarnos entre todos, porque esto es una cadena”, señala. Explica que por las mañanas leen el periódico, para tener la información necesaria y que sepan lo que sucede tanto a nivel local, como global, “pero sin estar siempre con el tema y cargados de información”. En esta residencia había usuarios que solo venían por el día, pero este servicio no ha sido activado aún, por las medidas de seguridad y evitar que entre la menos gente posible, “pero sí tratamos de localizarlos y saber qué tal les va y si necesitan algo”.

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