De “huida hacia adelante” califica el PSOE de Lalín la postura del alcalde, José Crespo, respecto a la captación de agua en Vilatuxe. “Opta por una de sus estrategias más reconocibles: culpar a la oposición y embarrar el terreno de juego antes que escuchar y buscar soluciones”, afirman los socialistas, que tildan de “demagógicas, falsas e inaceptables” las afirmaciones en las que el regidor les acusa de desear que sus vecinos no tengan agua y de no ofrecer alternativas.

El PSOE recuerda que fue el primer grupo en reconocer públicamente que “Lalín precisa agua de calidad, en cantidad suficiente y a buen precio”. Y también en ofrecer alternativas a una “inversión millonaria y cuestionable medioambientalmente”: la realización de un estudio “serio y detallado” sobre el estado y la capacidad del conjunto de los recursos hídricos para el abastecimiento de la población, el arreglo de las deficiencias de la actual traída, el saneamiento del río Asneiro y la activación de planes de eficiencia y ahorro, introduciendo la monitorización del suministro en el nuevo contrato.

“Antes de lanzarse por la vía rápida a una nueva captación contraria a los principios ecológicos, hay que buscar soluciones de fondo a los problemas que afectan a la actual red”, subrayan los socialistas. Advierten de que “una obra millonaria no puede tapar las vergüenzas del sistema actual de abastecimiento” y de que, si no se adoptan medidas ahora, en treinta años será preciso construir otra captación, porque la del Deza “tampoco será suficiente”. Además, temen que los costes energéticos y de mantenimiento de la nueva red procedente de Vilatuxe repercutan en un encarecimiento del recibo del agua en el futuro.

Los socialistas afirman que la mayoría de las traídas vecinales e individuales cuentan con un agua de “altísima calidad” y que, “con las mejoras necesarias, serían capaces de abastecer hasta el 30% de la población”. Aluden a un estudio que acredita fugas de un 30% en la captación de Pozo Negro y preguntan a Crespo “qué plan tiene” para atajarlas. El aumento del consumo siendo menos vecinos evidencia, a su juicio, “un problema grave de contaminación, pero no se mueve un dedo para arreglarlo”.