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Los cines de A Estrada suman documentales, filmes europeos y coloquios para resistir

Buscan alternativas a la falta de estrenos americanos | Extreman la seguridad

Coloquio sobre ‘Reboiras’ con su director, anoche

Coloquio sobre ‘Reboiras’ con su director, anoche

Minicines Central de A Estrada, las únicas salas cinematográficas que perviven en las comarcas de Tabeirós-Montes y Deza, se reinventan para resistir los fuertes embates que la tempestad del Covid le está asestando a la línea de flotación de la cultura. Frustradas sus esperanzas, tras la desescalada, de que grandes y esperados estrenos de superproducciones americanas pudiesen animar las taquillas y con el Covid golpeando de nuevo la salud de los ciudadanos, los responsables de Minicines Central –Pili Matalobos y Luis Rivadulla– han decidido apostar por proyecciones alternativas –con interesantes documentales, cine europeo de gran calidad y coloquios con nombres propios de la producción audiovisual gallega para aguantar el chaparrón.

No son buenos tiempos para el ocio. Pero, conscientes de que “la alternativa es cerrar”, Rivadulla y Matalobos han agudizado el ingenio. Y, en el tiempo en el que llevan testando este nuevo modelo, “dentro de lo que cabe” están “muy contentos”.

Estos días, por ejemplo, proyecta el documental Reboiras, acerca del célebre sindicalista de la Unión do Pobo Galego que jugó un papel fundamental en el nacimiento de las organizaciones políticas y sociales del nacionalismo gallego y que, según destacó ayer el director del filme, Alberte Mera, fue asesinado el 12 de agosto de 1975 en Ferrol por la policía franquista. El documental incluye varias secuencias de ficción que recrean varios momento de su vida –como sus últimas horas– y extracta 29 entrevistas a personalidades tan conocidas como Xosé Luís Méndez Ferrín o Francisco Rodríguez, que ayer participó junto a Mera en el coloquio que comenzó al concluir la proyección de este documental que ya ha recalado en cines de ciudades como Vigo, Santiago o A Coruña. Mera consideró “un orgullo” presentar su documental en Minicines Central, un espacio “muy simbólico” que “cuida mucho el audiovisual gallego”.

No es el único que opina así. También la directora de La isla de las mentiras, Paula Cons, que protagonizó otro coloquio con el público estradense el pasado fin de semana valoró esta posibilidad, según detalló Rivadulla.

Asimismo, en las últimas semanas las salas estradenses apostaron por la película Uno para todos sobre el bullying, que muchos profesores recomendaron a sus alumnos ver.

Y, para la próxima semana, los cines de A Estrada proyectarán el documental Eso que tú me das de Jordi Évole, que se está situando en los primeros puestos en taquilla.

A mayores, a falta de las superproducciones americanas que atraen al público al cine con inversiones millonarias en publicidad, Minicines Central está aprovechando para programar otras películas de estreno europeas, que están sorprendiendo al público por su gran calidad. Y miman especialmente el cine de animación. Ayer mismo programaban Trolls 2. En circunstancias normales, explica Rivadulla, “estaría abarrotado”. Ayer no esperaba superar una ocupación del 18%, inferior aun a la ya restringida por los protocolos Covid. Aun así, Rivadulla y Matalobos están bastante satisfechos. Sus salas se encuentran cada fin de semana entre las mejor posicionadas por espectadores de Galicia en el contexto actual.

“Es difícil cuadrar los números a final de mes”

Con una cartelera sin estrenos americanos profusamente anunciados, con estrictas medidas preventivas del Covid y con la caída de espectadores debida a la pandemia, resulta difícil mantener los cines de A Estrada a flote, admite Luis Rivadulla. “Es difícil cuadrar los números a final de mes”, explica.Pese a todo, no se queja. Los dueños de las salas están teniendo sensibilidad con la situación. Y Luis y Pili se dejan la piel para garantizar estrictas medidas de seguridad que redunden en beneficio de los espectadores. Cuando aun podrían tener en la sala 1 en torno a 40-45 espectadores, decidieron reducir el aforo a 30. Los espectadores –muy distantes entre sí– tienen que tener mascarilla salvo para comer y beber. Desalojan la sala de modo controlado cuando acaba cada proyección y, acto seguido, desinfectan con productos homologados cada butaca que se haya usado y las colinantes. Por eso no pueden aumentar las funciones. No les daría tiempo. Pero quieren, ante todo, que el cine sea un sitio seguro.

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