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xosé Ramón nóvoa rodríguez | Medalla de Investigación de la RAGC

"Falta pedagogía, porque a nivel social no se sabe ni que existimos"

"Los proyectos de investigación de 2019 fueron la mitad del presupuesto del Madrid"

Nóvoa es uno de los peritos judiciales de O Marisquiño.

Nóvoa es uno de los peritos judiciales de O Marisquiño. // Marta G. Brea

El científico dezano Xosé Ramón Nóvoa Rodríguez es uno de los cinco gallegos que este año han recibido la Medalla de Investigación que concede la Real Academia Galega de Ciencias (RAGC). Nóvoa ha sido premiado junto a sus colegas universitarios en la segunda edición de este premio por "la trayectoria consolidada" de dedicación a la ciencia. Nóvoa ha estado recientemente en el foco mediático por ser uno de los peritos judiciales del accidente del festival de O Marisquiño en Vigo.

-¿Qué significa para un investigador esta medalla de la RAGC?

-Desde luego, se trata de un reconocimiento a una labor de hace muchos años y en una disciplina que tiene un reconocimiento social muy limitado. Cuando digo reconocimiento social me refiero a empresas, administraciones y demás. Lo cierto es que no hay una sensibilidad cara este tema como la electroquímica aplicada y de la corrosión en particular. Que se reconozca pienso que es algo importante.

-¿Se lo esperaba o fue algo que le pilló totalmente por sorpresa?

-La verdad es que el proceso hubo unas candidaturas que se presentan y yo sabía que en el centro donde trabajo había una serie de gente que había presentado la mía, pero de ahí que salgas premiado hay todo un mundo, vamos. Al final, algo de sorpresa siempre hay.

-¿Haría falta algo más de pedagogía sobre profesiones y especialidades como la suya?

-Yo diría que sí. Lo cierto es que no hay; a nivel social no se sabe ni que existimos, ni que problemas de la vida de cada día en el tema de la conservación se pueden resolver con cierta facilidad. Los medios de comunicación ahí tenéis un papel importante que jugar para dar a conocer profesiones como estas.

-¿Mantiene su vinculación con Dozón o su trabajo de tantos años en Vigo se lo pone difícil?

-Llevo en Vigo desde el año 82 pero sigo votando en Dozón. Total somos cuatro y si nos marchamos, pues... Tengo que decir que estoy allí todos los fines de semana porque mi madre es mayor y nos estamos turnando ahí siempre que podemos. De hecho, creo que este fin de semana toca recoger maíz.

-¿En qué asuntos trabaja en estos momentos en el campus de Lagoas-Marcosende junto a su equipo de investigación de la Escuela de Ingeniería Industrial de Vigo?

-En estos momentos estamos inmersos en dos temas muy importantes para nosotros. Uno de ellos es la incorporación de microfibras al hormigón para conseguir aumentar su resistencia y todo lo relativo a la anticorrosión, y el otro es la preparación y diseño de electrodos para baterías de litio con un concepto nuevo que llegó a través de una colaboración con una empresa francesa. Tenemos dos patentes ya sobre este tema y ahora mismo hay una tesis que se va a leer este año y otra que empezó también este año también. Estamos en esa línea y tengo que decir que tengo la suerte de contar con unos colaboradores de primer orden en el departamento de la escuela.

-¿Se considera afortunado teniendo en cuenta el lúgubre panorama investigador español?

-Desde luego, somos bastantes afortunados. De todas formas, también tengo que añadir que a mi me gustaría estar mejor desde el punto de vista de la financiación. Al fin de cuentas, los que nos dedicamos a esto de la investigación estamos siempre intentando rascar un poco de aquí y otro poco de allá para conseguir un dinero muy necesario para nuestros objetivos. Incluso hacemos cosas en paralelo para poder financiarte porque, todo hay que decirlo, el tema es un poco penoso. Yo diría que nuestro 40 por ciento del tiempo se invierte en buscar recursos. Y eso no debería ser así si queremos que la ciencia avance y con ella la sociedad. Sobre todo, si uno tiene una producción razonable no debería estar todo el día probando a ver dónde puedo buscar dinero. Está bien colaborar con las empresas y con las distintas administraciones, pero es duro y complicado poder sacar adelante algo, por ejemplo, en un sector como el nuestro.

-¿Dónde radica el problema desde su punto de vista personal?

-Es fácil, y no hay más que ver a tu alrededor y ver lo que está pasando a todos los niveles en una sociedad como la nuestra. Alemania y Francia dedican a investigación alrededor de 2, 5 o 3 por ciento del producto interior bruto (PIB), mientras que aquí como mucho llegamos al 1,5 por ciento del total. Ahí lo tienes. Aquí, las épocas de bonanza finalizaron en el año 2008, cuando íbamos razonablemente bien en lo que a financiación de la investigación se refiere. La década del 2000 cada año se incrementó la inversión pero llegó la crisis y todo se fue por la borda, fue algo bestial. Si le echas un vistazo al BOE, por ejemplo, la convocatoria del año pasado de proyectos de investigación del ministerio representaba algo menos de la mitad del presupuesto del Real Madrid. Eran unos 400 millones de euros y el club madridista anda por algo más de 900 millones de presupuesto anual.

-¿La irrupción de la pandemia podría hacer todavía más daño a la investigación en nuestro país?

-No sabría que decirte. Primero, a ver cómo salimos de todo este lío pero no soy positivo al respecto en el sentido de que los pocos recursos que existen en la actualidad se están canalizando de manera casi exclusiva a la parte biomédica. El resto de las áreas pienso que están a la buena de Dios, desgraciadamente. Para que me entiendas, esto de la investigación es como lo de intentar taparse con una manta corta, si te cubres por arriba te quedan los pies al aire y si lo haces por abajo, no te llega la manta a la cara. Pues, esto es lo mismo. No hay dinero para todo y, claro, así es muy complicado poder atender a todas las necesidades en el ámbito de la investigación.

-¿Le gustaría cambiar de aires o se encuentra a gusto en Vigo?

-Tengo claro que mi sitio está aquí y donde me hice con un hábitat conseguido a lo largo de más de 30 años. Estoy contento, la verdad. Además, mantengo mis lazos con la tierra donde nació mi familia porque para mi es algo muy importante. Es una forma de seguir conectado con la parroquia donde te criaste y donde tienes a tu madre. Además, ahora en una hora y cuarto u hora y media más o menos me pongo allí, porque soy de los que cogen la autovía que pasa por Ribadavia. Hace años, cuando aún no estaba esa carretera como en los años 80 te lo tenías que pensar dos veces porque era imposible y venías una vez cada dos o tres meses a casa. Ahora es más sencillo.

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