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El Capitán Maní de Vilatuxe

José Medela siembra por primera vez cacahuetes junto a su plantación de patatas

José Medela muestra varias plantas de su cosecha.

José Medela muestra varias plantas de su cosecha. Bernabé/Javier Lalín

Ni son un fruto seco ni crecen a la luz del sol colgados de un arbusto. Los cacahuetes, desde que se siembran y crecen bajo tierra hasta que llegan al lineal de los supermercados, pasan por un proceso que resulta bastante desconocido para el común de los mortales. Pero José Medela, gracias a sus ganas de experimentar, ha acortado bastante el tiempo de espera para disfrutar de tan ricas legumbres. Este vecino de Lodeirón (Vilatuxe) nunca había plantado cacahuetes, pero este año decidió probar suerte junto a su cosecha de patatas. "Había cacahuetes a granel en una frutería de Filgueira, en Lalín. Compré los que estaban sin tostar, abrí dos surcos y los sembré. Ni siquiera hizo falta regarlos".

Los cacahuetes crecieron junto a una plantación de patatas, desde principios de mayo hasta días atrás. Este alimento suele necesitar unos cinco meses entre que se siembran y están listos para la recolección. La idea de Medela era recogerlos a finales de este mes, "pero me fijé en que algunas plantas estaban mustias", y era porque los ratones se estaban comiendo el fruto. Así que tuvo que quitarlos de la tierra de forma inmediata, para evitar que royesen toda la cosecha. La primera impresión ha sido tan buena "que para el año que viene voy sembrar cuatro o cinco surcos". Medela repartió las semillas de tal forma que quedasen unos 20 centímetros de separación entre ellas, para que así cada planta tuviese espacio suficiente.

Sin fumigación

Para darnos una idea, el cacahuete es de algún modo parecido a la patata, y de ahí que tenga que haber sitio entre planta y planta. Como explica Medela, cuando empieza a germinar la semilla, se parece bastante al trébol. El tallo puede alcanzar hasta medio metro de altura (las de la finca de Lodeirón se quedaron en unos 40 centímetros). Una vez que se marchita su flor, el tallo se alarga y es entonces cuando sus semillas crecen, bajo tierra. Esas semillas son las que nos comemos tostadas, fritas, garrapiñadas o en crema de cacahuete. De hecho, la palabra 'cacahuete' significa "cacao de tierra" en idioma náhuatl, originario de México. En el caso de los de Vilatuxe, además de medrar bastante bien sin más agua que la que caía del cielo, Medela apenas tuvo que retirarle las malas hierbas y ni siquiera fue necesario fumigarlas, como suele hacerse con las patatas para evitar pestes.

Como decíamos, en estos poco más de cinco meses los únicos enemigos de los cacahuetes de Lodeirón fueron los roedores, y eso cuando la cosecha estaba prácticamente lista. Ahora el fruto está a salvo, y el paso siguiente "será separarlos de la planta y ponerlos a secar. Voy a intentar tostar algunos en el horno de casa y dentro de la cáscara", mientras que los otros seguirán su proceso de secado natural.

Como no podía ser de otra manera, José Medela se confiesa un adicto a los cacahuetes, como sus siete nietos. Estos y las nueras de Medela "alucinaban cuando veían la planta". Es más, estuvieron en casa unos amigos de Pontevedra, y nunca habían visto cómo era cada rama y hasta qué punto podían producir.

Hasta ahora, los cacahuetes es el alimento más exótico que se ha atrevido a cosechar Medela. Reconoce que se vio tentado a probar suerte con los arándanos, "pero el problema que tienen es que se los comen los pájaros". Por el momento, y dada la buena cosecha que obtuvo, está claro que la frutería donde solía comprarlos ha perdido un cliente. O quizá ha ganado un competidor...

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