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El "canteiro de Golfariz" fragua la Ruta dos Muiños do Regueiro

Al jubilarse, Carballo reabre viejos caminos, rescata seis molinos de la "selva" que los ocultaba y señaliza lugares y el Camino Real

Manuel López Castiñeiras "Carballo", al inicio de la ruta de molinos.

Manuel López Castiñeiras "Carballo", al inicio de la ruta de molinos. // Bernabé / Ana Agra

Hacía mucho que quería hacerlo. Pero el "canteiro de Golfariz", Manuel López Castiñeiras -más conocido como Carballo- tuvo que esperar a jubilarse para poder hacer realidad su sueño de reabrir los viejos caminos que recorrió en su niñez, rescatar seis molinos de la "selva" de maleza que los cubría y crear un sendero para unirlos. Fraguó así en los dos últimos años la Ruta dos Muiños do Regueiro de Golfariz, un idílico trazado circular de más de un kilómetro, ideal para disfrutar de un relajante paseo a la sombra de árboles centenarios, con la melodía de la cantarina y cristalina agua que brota de los manantiales de Golfariz como banda sonora. No fue fácil. Ese agua propició el crecimiento de una densa vegetación de ribera que creció sin control durante décadas -desde que los vecinos dejaron de usar los molinos- y que, como consecuencia, hacía inaccesibles todos esos atractivos. El tesón de Carballo ha obrado el milagro.

Desbrozando despejó los caminos primitivos por los que él y los niños de su quinta de Golfariz y Piñeiro iban a la escuela y por los que los lugareños acudían a los seis molinos de uso compartido para moler el maíz que cultivaban en sus fincas. El agua había derribado también puentes pero Carballo los restauró o instaló pasarelas nuevas sobre el río en el que de niño pescaba unas truchas que ahora escasean. Hizo asimismo emerger de nuevo las escaleras que los antiguos moradores de Golfariz habían tallado en la roca para bajar al río con el grano a cuestas y subir de nuevo con la harina, una vez molida. Donde no había, instaló otras nuevas pero, dada su dilatada experiencia como cantero, lo ha hecho al modo de antaño para adecuarse a tan particular paraje.

Y ha señalizado todo el trazado para que los amantes del patrimonio natural y arquitectónico popular de Galicia puedan visitarlo, con total comodidad y con múltiples medidas de seguridad. Así, por ejemplo, ha instalado barandillas de madera aportadas por el Concello en las zonas con pendientes para evitar accidentes y ha usado obstáculos naturales como un viejo árbol caído para evitar que los senderistas puedan perderse. Ha instalado también numerosas señales de piedra indicativas y talló, asimismo, el nombre de cada molino sobre su puerta.

Son agradables sorpresas que le depara al caminante la ruta que se inicia cerca de Mesadoiro, en el entorno de Os Carballiños, y que -tras pasar por O Barro Blanco, una explanada sita entre Golfariz y Mesadoiro donde los lugareños organizaban bailes iluminados con un "petrogás" desde los años 30 hasta 1955- llega a una zona de merendero que Carballo ha instalado cerca del puente de Porta Viacovo que conduce a Golfariz.

La alternativa es tentadora. Es la ruta fluvial labrada por Carballo, que permite visitar por dentro y por fuera el Muiño de Montoiro muy cerca del paraje denominado Os Teixos, el Muiño do Medio, el de Vidal (con cubierta abovedada que ha restaurado, al igual que el puente anexo), el Muiño da Puza (próximo a una poza dotada de un "mazadoiro do liño" que aun perdura y sobre el que Carballo aun recuerda ver mazar el lino cuando era un niño), el Muiño de Baixo (en cuyas inmediaciones está radicada la Cascada da Chousa) y, finalmente, el Muiño de Sueiro (el de mayor tamaño y al que se proyecta dotar de cubierta, gracias a la aportación de colaboradores desinteresados que prefieren permanecer en el anonimato). Dentro de los molinos también es posible ver las piezas que llevaban, como el rodicio, la "torna" o el "tarabelo". Son atractivos adicionales, como la rica flora (con acebos, laureles, castaños y robles) o las zonas de río aptas para refrescarse en verano.

La labor desinteresada de Carballo -que, más allá de su valiosa mano de obra, ha aportado de su bolsillo muchos materiales para la ruta- ha suscitado el aplauso unánime de los vecinos de Golfariz, de Pardemarín y de las parroquias próximas así como del gobierno local. El teniente de alcalde Juan Constenla destacó el mimo y el cariño con el que la ha llevado a cabo. Por su parte, Carballo agradeció que el Concello le proporcionase barandillas y una pala para ciertos trabajos.

Los de Carballo no se han ceñido solo a la ruta -que cada día gana más visitantes- sino que también ha identificado con señales de piedra lugares de Pardemarín y el Camino Real, el tramo del Camiño Miñoto Ribeiro entre Braga y Santiago que, procedente de Meavía (Forcarei), cruza hacia Compostela descendiendo por Castrelo de Pardemarín. Es uno de los múltiples detalles de Carballo para poner en valor esta parroquia de singular belleza que ofrece unas espectaculares vistas de buena parte del municipio estradense, del Pico Sacro y Compostela, adonde cuentan que antaño se dirigían los reyes por el Camino Real, pasando por la mítica Cruz do Couto que separa los municipios de A Estrada y Forcarei y que Carballo también ha recuperado en Carráns.

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