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Ainara: de la rotonda, a la incubadora

La silledense María García da a luz a una niña de siete meses dentro de un coche con su pareja como única ayuda en el parto

El bebé, en brazos de su madre, todavía con el cordón umbilical sin cortar.

El bebé, en brazos de su madre, todavía con el cordón umbilical sin cortar. // Cedida

"Él me decía: aguanta, aguanta; y yo le respondía: para, para el coche; pero al final salió todo bien y fue muy rápido". Esta fue una de las conversaciones de María García Vidal con David Couto Blanco, una pareja de silledenses que vivió una experiencia tan extraordinaria como inolvidable: el nacimiento de su hija dentro de su coche al lado de la rotonda anexa a la entrada inferior del recinto de la Semana Verde. La pareja regresó en la tarde de ayer a su casa y la pequeña Ainara deberá permanecer unos días en el Hospital Clínico de Santiago de Compostela, donde se recupera en una incubadora en la unidad de neonatos, pues llegó al mundo, en la mañana del pasado jueves con siete meses de gestación.

María confiesa que la víspera, por la noche, sentía unos dolores en el abdomen, pero pensó que eran cólicos y nunca que el nacimiento de su segunda hija -tiene una adolescente de otra relación- estaría tan cerca. Viendo que los dolores no remitían, a primera hora de la mañana le dijo a su David que la llevase al hospital para realizar una revisión, pero ya no llegaron a Compostela. A las 7.45 horas comenzó a sentir contracciones; era la señal de alarma que anunciaba que Ainara quería nacer mucho antes del 2 de septiembre, fecha prevista del parto. "Coloqué las piernas en el salpicadero del coche y David me ayudó, porque la cosa fue tan rápida que no dio tiempo a que llegase una ambulancia ni el helicóptero". El primer reto estaba conseguido: el bebé había salido del vientre de su madre, de 42 años, pero entonces la pareja se percató de que había problemas porque la niña parecía que no respiraba. David, primerizo con 28 años, se armó de valor e introdujo los dedos de su mano en la boca de su hija y consiguió que expulsase el líquido amniótico y el oxígeno comenzase a salir de sus pulmones. "Salió muy blanquita y no respiraba. Fue un momento de susto", confiesa.

El conocimiento del padre en partos de animales por su trabajos en explotaciones porcinas quizá fue clave para ejercer de improvisado cirujano. En medio de una espera de minutos, que en estos casos parecen horas y mientras María sostenía sobre sus brazos a Ainara llegaron los profesionales sanitarios para cortar el cordón umbilical -en el coche no había un objeto para ser utilizado como improvisado bisturí- al bebé y trasladarlo al hospital. "No le teníamos ropita ni nada, así que enrosqué mis pantalones en ella y la mantuve en mi colo con el cordón umbilical sin cortar; pegadas las dos", señala. En una historia con final feliz, también hubo momentos tensos. Como la pequeña había nacido dentro del vehículo y no había mantas para abrigarla, los sanitarios le colocaron una manta térmica. "Viendo la ambulancia, la Guardia Civil y una manta brillante dentro del coche, alguna gente que pasó por allí pensaba que había habido un accidente con muertos".

Ya con los tres en el hospital, la pareja comenzó a recibir las primeras llamadas para interesarse por el estado de la nueva familia. "Pero, ¿cómo hicisteis?". Esa fue la pregunta más común. "Yo es que dilato muy rápido. Cuando tuve a mi primera hija, rompí aguas antes de llegar al hospital y con la niña con media cabeza fuera", bromea. En unos días, María y David tendrán en casa a su bebé, una hermosa niña cuyo alumbramiento nunca olvidarán.

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