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De boca tapada no salen virus

Los concellos concienciarán al ciudadano tras la decisión de reforzar el uso de mascarilla para prevenir rebrotes

Un grupo habla en la alameda de A Estrada, con mascarilla y distancia de seguridad.

Un grupo habla en la alameda de A Estrada, con mascarilla y distancia de seguridad. // Bernabé/Ana Agra

Hagan la prueba. Suban cinco o seis pisos por la escalera con la mascarilla puesta y las bolsas de la compra. No hace falta ir demasiado cargados. Cuando lleguen arriba, seguramente acalorados y con cierta sensación de falta de aire, podrán tener una idea de lo que supone trabajar llevando puesto un Equipo de Protección Individual (EPI) durante horas, pasando calor y luchando, por el riesgo que conlleva, contra el impulso de arrancárselo para tener la sensación de que el aire llega realmente a los pulmones. Si los ciudadanos de a pie no asumen que la mascarilla llegó para quedarse -y quedarse en su sitio- más pronto que tarde condenarán a quien ha de atrincherarse tras ella para cuidarlos. Desde este fin de semana, en la comunidad gallega se refuerza el uso de la mascarilla como complemento indispensable en la nueva normalidad.

Una cosa es hacer la vista gorda y, otra bien distinta, mirar para otro lado. Un paseo por alamedas como la de A Estrada a determinadas horas del día deja a las claras que la imagen va a tener que mudar radicalmente. Los grupos que comparten banco, en los que el que lleva mascarilla es casi un bicho raro, no tendrán otra que mentalizarse de que, para disfrutar en espacios públicos sin conservar las correspondientes distancias, habrán de asegurarse de que de boca tapada no salgan virus. La comodidad o la permisividad no sirven, ni mucho menos, de escudo. Hay que tenerlo claro: no existe la inmunidad del inconsciente. Con el claro objetivo de blindarse frente a los rebrotes del coronavirus, la Xunta apostó por modificar -a través de una resolución publicada el sábado en el Diario Oficial de Galicia (DOG)- las directrices del nuevo escenario tras la pandemia, introduciendo cambios que refuerzan el uso de la mascarilla en múltiples contextos.

Ante la nueva situación, los concellos de la zona reforzarán la vigilancia, por el bien común. El alcalde estradense, José López Campos, reconoció ayer que analizará la nueva situación con la Policía Local. Asumió que será preciso impulsar una campaña de concienciación, insistiendo en que los ciudadanos no olviden la extrema situación sanitaria vivida y que supuso un estado de alarma que solo acaba de levantarse pero que el Gobierno no descartaría recuperar si se agravan los rebrotes.

En la calle. La resolución del gobierno autonómico refuerza el uso obligatorio de las mascarillas, recordando que se exigirá esta medida de protección siempre que se transite por una vía pública y en espacios al aire libre en los que, por la concurrencia de otras personas, no se pueda garantizar en todo momento el mantenimiento de una distancia de seguridad de al menos metro y medio. Ya a cubierto, la mascarilla es obligatoria en los espacios cerrados de uso público a los que puedan acudir otras personas. La excepción serán aquellos en los que pueda permanecerse sentado y siempre y cuando el titular del espacio adopte medidas que garanticen que, en todo momento, se cumpla con la distancia interpersonal. Por lo tanto, no tiene ya cabida ocupar un mismo banco al aire libre con amigos sin llevar puesta la mascarilla, una estampa que en estos momentos se registra con elevada frecuencia, tanto en grupos de jóvenes como en reuniones de adultos.

Para cantar. En el DOG del sábado se recogió también la obligatoriedad de las mascarillas "durante toda la actuación" de coros o agrupaciones vocales de canto, debiendo asegurarse también de que se respete la distancia de seguridad entre sus integrantes y, por lo menos tres metros entre el coro y el público.

para tocar. A excepción de los músicos que toquen instrumentos de viento o los vocalistas, los componentes de bandas, orquestas y otras agrupaciones musicales tienen que tener puesta la mascarilla en ensayos y conciertos. Los intérpretes antes citados se la podrán sacar en el momento de su intervención, evitando en ese instante situarse frente a otros compañeros y recomendándose el uso de otros elementos de protección, como las pantallas. Además, la normativa recomienda limpiar y desinfectar con mayor periodicidad los suelos de los espacios de actuación y ensayo con instrumentos de viento.

en la disco. Discotecas y otros establecimientos de ocio nocturno -pubs, cafés-espectáculos, salas de conciertos o salas de fiestas, por ejemplo- también tendrán que exigir a todos sus clientes que se dejen la mascarilla puesta. El consumo en el local podrá realizarse en barra o en mesa, pero con distancias de seguridad. En el caso de existir una zona de baile, se permitirá su uso, pero con una ocupación que garantice tres metros cuadrados de pista por persona. "Tanto los clientes como los trabajadores del establecimiento deberán portar máscara. No deberá permitirse la presencia de aquellas personas que incumplan esta obligación", recoge el DOG. Añade que, para garantizar, si fuese necesario, un seguimiento de los contactos en caso de algún brote, los establecimientos deberán llevar un registro para que los clientes puedan facilitar su número de teléfono por si fuese preciso contactarlos. Este registro deberá conservarse, con las debidas garantías, durante 28 días naturales, estando exclusivamente reservado el acceso a estos datos para las autoridades sanitarias.

En las atracciones. Tanto los clientes como el personal de las atracciones deben llevar obligatoriamente mascarilla, algo que ha de recordarse por carteles o mensajes de magafonía a los usuarios. A estas medidas se suma la limitación de aforo para asegurar la distancia de seguridad y el uso de geles hidroalcohólicos.

en clase. La mascarilla también será obligatoria durante las clases de música y danza, a lo largo de toda la sesión, para profesores y alumnos. La excepción serán los instrumentos de viento, pero solo en el momento de tocarlos.

en la verbena. Fiestas, verbenas y otros eventos populares regresan a Galicia desde el 1 de julio. No obstante, la organización ha de velar por que todos los asistentes lleven mascarilla y recordar -por megafonía o carteles- esta norma. Se limita la asistencia a 1.000 personas para recintos de hasta 8.000 metros cuadrados, garantizando siempre tres metros por persona. En espacios de más de 8.000, el límite máximo puede llegar a los 2.000 asistentes.

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