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Alfonso Sucasas: "Alfonso siempre decía que los cuadros están terminados cuando están vendidos"

"Estoy contenta con el homenaje porque sinceramente pienso que se lo merecía"

María Espinosa, ayer, durante el homenaje a su marido en el cementerio viejo de Lalín.

María Espinosa, ayer, durante el homenaje a su marido en el cementerio viejo de Lalín. // Bernabé/Ana Agra

El viejo camposanto de Lalín albergó ayer un sencillo y emotivo homenaje al pintor Alfonso Sucasas del que hoy se cumplen ocho años de su fallecimiento. El acto contó con una amplia representación política local y comarcal, familiares, amigos y contó con la intervención, entre otros, del poeta Luis Tosar. María Espinosa, viuda del artista, asistió emocionada al evento.

-¿Cómo han sido estos ocho años sin Alfonso Sucasas?

-Esto no se supera nunca. Parece que sí pero nada. Era un hombre con tanta personalidad que te succionaba casi y ya te puedes imaginar que es muy duro estar sin él. El homenaje de Lalín fue algo muy emotivo. En teoría tenía que estar muy contenta y alegre, pero es que yo tengo tan mal recuerdo del cementerio del día que lo enterramos que no me gusta nada. Así como cuando se trata de una exposición es motivo de alegría, pero a mí lo del cementerio me tira para atrás.

-¿Se puede decir que Sucasas fue un artista bastante prolífico?

-Mucho. Te puedo asegurar que yo voy a muchas casas donde hasta él mismo se asombraba de ver en ellas su obra. Llegaba a algún sitio, levantaba de forma peculiar las gafas y se preguntaba si el cuadro lo había pintado él. Fueron muchos años pintando y recuerdo que cuando vino aquí decía que estaba hecho un franciscano porque él nunca pensó que fuera volver a la aldea. Montó el estudio en casa de turismo rural que tengo en Cruces y fue muy feliz aquí trabajando en lo que quería.

-¿Era metódico en su trabajo?

-Pintaba mucho y también era constante en su trabajo. Se levantaba a las siete de la mañana y yo le decía que el cuadro estaba ya terminado y él me contestaba que de eso nada. Alfonso siempre decía que los cuadros están terminados cuando están vendidos. Yo le insistía en que los firmara y él tardaba porque era muy perfeccionista.

-¿Hay mucha obra desconocida aún de Alfonso Sucasas?

-Muchísima. Así como hay mucha gente que le gusta prestar los cuadros para las exposiciones y demás, hay otra que no quiere que se sepa el nombre de los autores de los cuadros que tienen en sus casas. Es un reclamo para los cacos y lo entiendo. Yo tengo un montón de fotos de obra que está muy desperdigada. Date cuenta de que empezó muy joven a pintar, pudo exponer mucho y también vendía bastante también.

-¿Se consideraba un privilegiado por haber tenido en vida un reconocimiento tan grande?

-Yo creo que tuvo esa suerte. Hombre, él en la primera exposición que hizo, que fue en el Hostal de los Reyes Católicos de Santiago, se sorprendió porque lo vendió todo en una hora. Aquí había cola de gente que quería comprarle un cuadro. Había incluso los que me llamaban para pedirme por favor que intercediera con él para poder hacerse con alguna pieza. De todas formas, tampoco los hacía como churros a pesar de ser prolífico.

-¿Pintaba de un tirón o era de los que elaboraba su pincelada?

-A Alfonso le costaba mucho sacar un cuadro adelante. A veces no arrancaba y se lamentaba mucho. Lo dejaba aparcado durante una temporada y luego lo volvía a coger porque decía que no sabía cómo resolverlo. Incluso no dormía por las noches dándole vueltas. Si decía que algo no le gustaba, aunque fuera por una tontería de nada, no lo hacía. Puedo decir que era muy exigente con todo lo que hacía.

-¿Cómo han sido estos ocho años sin Alfonso Sucasas?

-Sinceramente, yo estoy muy contenta con el homenaje porque sinceramente pienso que se lo merecía. En la anterior corporación ya se había votado lo de hacerle algo parecido, pero al final no hicieron nada. Además, hay que recordar que mi marido es un pintor de Lalín. Alfonso andaba siempre por Lalín. Estuvo viviendo fuera pero siempre volvía a su tierra porque le encantaba regresar a ella siempre que podía. Era un lalinense de pro. Te puedo contar una anécdota porque Alfonso en la ciudad de Vigo tiene una calle desde hace tiempo, pero unos años atrás el propio José Crespo le dijo en una ocasión que tenía que ponerle su nombre a una calle de Lalín. Alfonso en broma le dijo que se dejara de calles y que le pusiera un solar edificable a su nombre. Y así quedó la cosa.

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