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Una cajetilla y una mascarilla

La propietaria del estanco de Soutelo, Ángeles Ballesteros, confecciona cientos de mascarillas que reparte entre los vecinos y tiene una larga lista de espera

Gelines muestra algunas de sus creaciones en su estanco. // Bernabé/Javier Lalín

Gelines muestra algunas de sus creaciones en su estanco. // Bernabé/Javier Lalín

La máquina de "subir pantalones" de Ángeles Ballesteros "Gelines" vive días duros. La crisis del coronavirus la ha convertido en protagonista inesperada, creando ya cientos de mascarillas que se han repartido altruistamente entre vecinos de la localidad forcaricense de Soutelo de Montes. Todavía tienen sin embargo mucho trabajo por delante. La lista de espera cuenta con pedidos de sesenta mascarillas más, una cifra que no para de aumentar.

Gelines reconoce sincera que todo esto se le ha ido de las manos. Inicialmente empezó como un encargo para quince personas, que querían contar con mascarillas en los primeros días de la pandemia y no tenían donde encontrarlas. Poco tardó sin embargo en correr la voz. "No son las oficiales", remarca Gelines, responsable del estanco de Soutelo de Montes. "Lo hice porque veía a gente que se tapaba la boca con las bufandas, pero no dejan de ser mascarillas hechas con tela", explica. Eso sin embargo no impidió que los vecinos comenzasen a acercarse a su estanco para pedirle que les hiciese otras.

Las mascarillas hechas por Gelines nacen aprovechando telas, especialmente de sábanas. Tras acabar con las que tenía disponibles por casa, son los propios vecinos los que le aportan las suyas para que cree con ellas las mascarillas que necesitan. Ante tanta demanda, ya cuenta con dos vecinas que la ayudan, especialmente a la hora de cortar las sábanas.

Gelines se muestra sorprendida por la gran demanda que han tenido estas mascarillas caseras a pesar de no ser las oficiales. Considera sin embargo que muchas personas prefieren utilizarlas, aunque sea solo durante su día a día, y en muchos casos las combinan con otras de otro tipo.

A nivel personal, la vecina de Soutelo reconoce que los encargos la tienen ocupada todo el día, así que tiene que atenderlos también mientras trabaja. Lo hace en un reservado de su estanco, donde ha instalado la máquina de coser y donde acuden todos los interesados en sus creaciones.

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