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Una cabra alumbra seis crías en un solo parto en Callobre

Marisa Diéguez y Luis Ferradáns pasan en horas de tener una cabra a un rebaño de siete

Marisa Diéguez, ayer, alimentando con biberón a una de las seis crías que alumbró la única cabra que tenía hasta ayer.  // Bernabé /  Cris M.V.

Marisa Diéguez, ayer, alimentando con biberón a una de las seis crías que alumbró la única cabra que tenía hasta ayer. // Bernabé / Cris M.V.

Sin duda, la de Marisa Diéguez y Luis Ferradáns es una cabra afortunada. Su nívea belleza motivó que hace tres años este matrimonio del lugar de O Vilar, en la parroquia estradense de Callobre, decidiese perdonarle la vida.

La habían comprado junto a otra res para sacrificarla y disfrutarla en familia por la Santa Margarita. Pero Marisa la vio tan bonita, tan blanquita, que quiso perdonarle la vida. Su marido estuvo de acuerdo. Y ayer se vieron recompensados con creces. Pasaron de tener una cabra a un rebaño de siete en apenas unas horas.

Según sus cuentas, el animal debía parir mañana, sábado. Pero lo cierto es que ya el miércoles vieron que el tamaño de sus ubres había crecido notablemente. Por eso, ayer, aunque la vieron bien cuando la sacaron a pastar por la mañana, quisieron estar muy pendientes de ella. Y su celo tuvo premio. Vieron que había alumbrado dos cabritos en la propia finca. Su dueña los transportó hasta casa en un capazo mientras que su marido llevaba a la feliz madre hasta la cuadra.

No era primeriza. En su primer parto había tenido uno. En el segundo, dos. Y en este, que era el tercero, no hacía nada que hiciese presagiar un séxtuple parto. Pero así fue. Ya en la cuadra, al lado de sus dos cabritillos má madrugadores, siguió pariendo. Luis Ferradáns y Marisa Diéguez no salían de su asombro al contar las crías que seguían naciendo: tres, cuatro, cinco y hasta seis.

Dos de ellas son de mayor tamaño y más independientes. Las otras cuatro, mucho más pequeñas, necesitan ayuda. Por eso, aunque ya tenían un biberón, tuvieron que comprar otro y, tras ordeñar a la cabra, darle el "bibe" a los nuevos miembros de su inesperada "familia numerosa".

Este feliz acontecimiento suscitó el asombro y la ternura de sus vecinos en Callobre, incluso de su vecino, el veterinario Enrique, que nunca había visto iuna cabra con tantas crías. Sus dueños asumen ahora el reto de "sacarlos adelante".

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