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Un informe recomienda la trashumancia y la venta en cooperativas para la apicultura

El "Proyecto Apicambio" analiza las medidas de 145 productores gallegos ante la crisis climática -Aconseja cambiar de reinas cada año y medio y utilizar salas de hibernación

Colmenas de Mel do Saldoiro, en la localidad lalinense de Albarellos. // Bernabé/Javier Lalín

Colmenas de Mel do Saldoiro, en la localidad lalinense de Albarellos. // Bernabé/Javier Lalín

España cuenta con cerca de 23.000 apicultores y 2,5 millones de colmenas. Con estas cifras, es el octavo productor de la UE, que a su vez, se coloca como el segundo productor de miel del mundo, con unas 250.000 toneladas anuales, y por detrás de las 450.000 que contabiliza China.

La apicultura fue en el estado el único sector que creció durante la recesión económica. Por eso la Fundación Biodiversidad, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, activó el Proyecto Apicambio. Uno de sus primeros frutos fue la Guía de adaptación del sector apícola gallego. Galicia y Extremadura son dos de las regiones melíferas más vulnerables al cambio climática, puesto que ya desde 1961 la temperatura media anual subió 0,18ºC. El ascenso se da sobre todo en los valores máximos en primavera y verano. Cuando lleguemos a 2050, ese aumento del mercurio será ya de 1,5ºC. Y además, las aportaciones hídricas caerán un 35%, de modo que esa sequía afectará al carbono orgánico del suelo, presente sobre todo en zonas húmedas y bosques. El cambio climático es palpable también en otras cuestiones, como periodos más cortos de heladas o el aumento del nivel del mar, al ritmo de 2,5 centímetros por década.

¿Y cómo afecta todo esto a la producción de las colmenas? La subida de temperaturas provoca que la floración se adelante (lo estamos viendo ya este año), y que los cultivos necesiten menos tiempo para madurar. Pero las colmenas precisan unos 35% de temperatura en su interior para la buena crianza de sus ejemplares. Si las abejas salen cuando la floración ya está muy adelantada, polinizarán menos, recogerán menos alimento y serán más vulnerables a plagas. Y es previsible que llueva más en primavera que en otoño, con lo que la humedad solo permitirá la proliferación de la varroa.

Este estudio pasó un cuestionario entre 145 apicultores gallegos para ver qué medidas están aplicando contra el cambio climático. Los menos ya tienen en marcha la trashumancia de colmenas, algo ya establecido en Extremadura, y que permite a las abejas polinizar más especies. Eso sí, este sistema obliga a reforzar los controles sanitarios para evitar contagios entre ejemplares de distintos panales. Otras de las medidas pasa por cambiar de reinas cada año ó año y medio, sembrar plantas aromáticas cerca de los colmenares, como tomillo o menta, para frenar la varroa e, incluso, colocar colmenas en plantaciones de frutales, ya que su polinización potencia mucho la cosecha. Conviene, también, meter las colmenas en salas de hibernación. Cuando los panales regresan al campo en primavera, la diferencia de temperatura contribuye a ese " boom demográfico" necesario para la pervivencia del enjambre. Otras propuestas son diversificar productos (propóleo, cera, reinas vírgenes o fecundadas) y promover cooperativas para facilitar su venta.

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