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Benedicta Sánchez Vila: "Somos múltiples y variados; si fuésemos iguales, la vida sería un aburrimiento"

"Necesitaba tener 30 o 40 años, y no 84, para poder llevar mejor lo de ser conocida"

Benedicta Sánchez ganó el Goya a la Mejor Actriz Revelación y también recibió la Medalla Castelao.

Benedicta Sánchez ganó el Goya a la Mejor Actriz Revelación y también recibió la Medalla Castelao.

El próximo domingo 16 de febrero será uno de los comendadores de la Feira do Cocido más buscado por todos los presentes. Benedicta Sánchez Vila es tan auténtica como esa naturaleza que ama y defiende a capa y espada. De trato afable, esta mujer de ochenta y cuatro años rebosa vitalidad mientras descansa de la vorágine en la que anduvo metida después de convertirse en la mejor actriz revelación del cine español más longeva.

-¿Conocía la Feira do Cocido?

-Si te soy sincera, no. Pero también se dice que el conocer no ocupa lugar, ¿no? Supongo que habré pasado por Lalín alguna vez porque Galicia la he recorrido de una punta a otra, pero como parar allí no recuerdo si lo hicimos alguna vez. Tengo mucha curiosidad por conocer la feria porque si la curiosidad se acaba uno se muere. Cuando era joven, las otras chicas de mi edad bordaban, y a mí me gustaba mucho el trabajo que hacía mi padre, el monte, el campo, los árboles, las piedras y todo eso.

-Tengo entendido que con solo 17 años, fue la primera persona en Galicia declarada vegetariana, ¿le dirá que no a un buen plato de cocido cuando venga a Lalín?

-Bueno, en cuanto a lo de la declaración de vegetariana te tengo que decir que en Galicia no existo yo sola. Date cuenta de que yo era tremendamente carnívora. Cuando mis padres iban a matar un animal yo lloraba porque no quería que lo mataran, pero cuando preparaban al animal yo sólo quería carne, no quería ni patatas, ni garbanzos, ni arroz, ni nada más. ¿A quién le amarga un dulce, no? Con diecisiete años comprobé que podía vivir sin comerla y me hice ovolactovegetariana. Ahora, mi hija, mis nietos y yo somos vegetarianos. Eso no quiere decir que me coma un cocido porque, hablando en serio, podría hacerme mucho daño. Para una persona que no come carne, que es un alimento fuerte, hacerlo podría ser peligroso porque el organismo no podría digerirlo. De todas formas, a santo de qué las personas van a tener mi forma de ver la vida, de pensar o de sentir. Somos múltiples y variados, de ahí la belleza de la vida también. Si fuésemos todos iguales, la vida sería un enorme aburrimiento.

-¿Consiguió desconectar ya del trajín de los premios y homenajes?

-Es complicado. Si estoy en el campo, no veo a nadie y solo estoy pendiente del teléfono. Ahora me encuentro en la ciudad de Lugo con mi hija y lo que hago es bajar la cabeza, acelerar el paso porque si no no llego a casa. Es un honor para mí porque es algo maravilloso pero necesitaba tener 30 o 40 años para poder llevar lo de ser conocida mejor, pero no 84 porque son demasiados años.

-¿Se ve con fuerzas para poder filmar otra película más?

-Esto para mí fue una enorme sorpresa porque nadie podía imaginarlo, como comprenderás. Así que, me preguntas lo que voy a hacer dentro de una hora y no soy capaz de contestar. El futuro pertenece a Dios, porque ahora echas cuentas y solo te salen rosarios. En Brasil era excursionista de escalada y con el club, con un guía, escalé todos los picos de Río de Janeiro. Soy una apasionada del contacto con la naturaleza, algo de lo que pude disfrutar tanto en la emigración como en mi propia tierra.

-¿Tiene decidido con quién viajará a Lalín el 16 de febrero?

-La verdad es que no tengo ni idea. Yo soy como un bebé, pero siendo domingo lo más probable es que vaya con mi hija porque ella también tiene sus compromisos de trabajo y demás, pero eso sería lo de menos. El caso es estar allí. Iremos con mucho gusto porque para nosotras es todo un honor.

-¿Dónde tiene colocado el Goya que ganó con O que arde ?

-Lo tiene mi hija porque ella fue la que armó todo el jaleo, así que lo asuma, que le dé de comer y que lo cuide bien, a ver si el instinto de Goya se encarna en el cabezón. A mi edad ganar un Goya no me lleva a ningún lugar, la verdad. Todo vino porque sí. No porque yo lo pidiera ni nada, y aquí estamos.

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