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Pío Sánchez Crespo: "Para volver hay que tener coraje y eso es lo que falta"

"Cuando mis padres me llevaron en el año 1951 ninguna aldea de Lalín tenía luz"

Pío Sánchez Crespo, ayer, en Lalín. // Bernabé/Ana Agra

Pío Sánchez Crespo, ayer, en Lalín. // Bernabé/Ana Agra

Pío Sánchez Crespo tiene previsto regresar hoy a la Argentina, donde le espera su familia en su domicilio de Buenos Aires. Es la primera vez que visita su tierra desde que siendo pequeño viajara con sus padres a tierras australes, hace ya 68 años, y aprovechó su estancia para entre otras cosas verse con los regidores municipales de Lalín y Silleda para intercambiar opiniones.

-¿Por qué dejó la presidencia del Centro Lalín, Agolada y Silleda de Buenos Aires?

-Por una simple cuestión de renovación de autoridad, y fue a mediados de este mes. Cuando vine para acá era presidente y ahora que me voy dejo de serlo. Estuve seis años como presidente, pero también estuve antes en la comisión directiva, con lo cual la experiencia es muy grata. Es nuestra gente la que está allí y significa trabajar para nosotros.

-¿Cómo ha vivido los últimos acontecimientos de Argentina?

-La verdad es que es algo muy difícil de explicar, y más que de explicarlo que lo entiendan. Es difícil explicar que se insiste, se insiste y se insiste en el fracaso. En hacer cosas mal y cada año un poquito peor. Pero, bueno, eso es así. Quizás ahora como ya no hay más alternativa va a haber que empezar las cosas bien. Lo que pasa es que eso va a llevar un tiempo para que se noten los resultados. Y en mi opinión va a llevar muchos años.

-¿Todo eso ha hecho variar la función del centro?

-El centro está bien. Tiene los mismos problemas que tiene Galicia, o sea necesita gente. Mientras que los problemas de Galicia, y de España en general, son problemas digamos perfectamente identificables, los nuestros son de comunicación. Comunicarte con la gente, aunque cueste creerlo, es un poquito más complicado pero el centro está bien, sostenido, firme, viable y no hay ningún problema desde ese punto de vista.

-En tantos años ha conocido a distintas argentinas, ¿la actual podría ser de las peor paradas?

-Yo tengo que reconocer que he sido una persona con suerte. Esta etapa es muy dura para todos porque como te digo hay que hacer las cosas bien, algo que no se ha hecho. Durante muchos años se ha gastado más de lo que se ingresaba y ahora va a haber que hacer las cuentas como corresponde. Si ingresas diez hay que gastar diez. Eso desde el punto de vista no tanto de las consecuencias económicas, sino mentales de la gente, es algo que no se entiende desde luego.

-¿Cree que todavía están a tiempo de poder solucionarlo?

-Sin duda. Argentina es un país que tiene sus recursos. Solamente lo que tiene que hacer es usarlos como corresponde. Si no los tuviera sería más difícil, pero como los tiene es fácilmente solucionable su problema siempre y cuando los dirigentes hagan las cosas bien.

-¿En algún momento consideró la posibilidad de dejar aquello y volver a su tierra natal?

-Siempre. Sin embargo, a mi familia y amigos les digo que para ello hay que tener coraje y a veces eso es lo que falta. Primero hay que tomar un decisión que no es sencilla de tomar. Independientemente de que mi familia y los míos estén allá, la gente si no está bien en un lugar puede emigrar pero lo primero que tienes que tomar es la decisión y eso es lo que a veces falta.

-¿Cómo ha encontrado Lalín y comarca después de tantos años?

-Es muy sencillo de explicar. Yo se lo contaba a mi familia que en 1951, cuando mis padres me llevaron para Buenos Aires, aquí ninguna de las aldeas tenían luz. Tan simple como eso. Si a eso le agrego que tuve la suerte de visitar capitales importantes de Europa en este viaje que hice, puedo decir que España está muy bien. A pesar de los conflictos, y de que todo el mundo se queja, está muy bien.

-¿Le volveremos a ver por tierras dezanas en breve?

-Digamos que ahora tengo más ganas que antes, desde luego. Si volveré o no no lo sé, pero tengo muchas ganas de repetir. Seguiré colaborando con el Centro Lalín, Agolada y Silleda como siempre he hecho. Dejar de ser presidente no quiere decir que me vaya y no vuelva por allí. Eso sí que no.

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