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Manuel Neira Ferro: "Mi mujer me sacó, si no me quedaría yo también allí"

A Estrada se vuelca con la familia Neira Iglesias

Manuel Neira, ayer, en su vivienda que el fuego calcinó hace casi tres semanas. // Bernabé/Cris M.V.

Manuel Neira, ayer, en su vivienda que el fuego calcinó hace casi tres semanas. // Bernabé/Cris M.V.

El fuego quiso arrebatárselo todo a Manuel Neira Ferro hace casi tres semanas. Su casa y su negocio ardieron en aquel virulento incendio. Sin embargo, una oleada de solidaridad arropa a esta familia de Berres para animarla a continuar adelante, a resurgir de las cenizas.

-Su caso está despertando una oleada de solidaridad.

-El pueblo es muy solidario y nos acogió con mucho cariño, pero esto es un desastre. Mi familia y yo estamos muy deprimidos pero vamos tirando. Estamos muy agradecidos por la colaboración de toda la gente, incluso de fuera del municipio.

-Han surgido diversas iniciativas para ayudarles. ¿Cuál fue la primera mano que encontró tendida?

-La primera fue la de los vecinos, la asociación de los vecinos de Berres, y la del Concello también. Colaboraron en todo.

-Los informes señalan que su vivienda es recuperable.

-Sí, hay que reforzarla pero está en condiciones de reconstruir. Vamos a apostar por eso porque para hacer otra no tenemos y para alquilar, si podemos hacerla con nuestros medios, lo vamos a intentar.

-Le han llegado a ofrecer, al menos a través del Concello, un taller en el que recuperar su negocio.

-No me volvieron a decir nada más pero creo que se dedicaba a otra cosa, no a reparación de automóviles. Entonces, claro, si era una carpintería de madera o eso no me sirve, no me solucionaría nada.

-¿Y qué perspectivas laborales tiene ahora?

-De momento ninguna. Esperando a ver si sale algo por ahí e intentado trabajar por lo menos los dos años que me quedan para jubilarme. Con el taller llevaba desde los 90, aproximadamente. Es impensable reconstruirlo como lo tenía. Eso no se va a recuperar en dos ni en diez años.

-¿Estaría dispuesto a trabajar de otra cosa?

-Sí, yo de obrero o en cualquier puesto de trabajo que me ofrezcan.

-Permítame preguntarle cómo vivió ese día fatídico.

-Salimos mi mujer y yo un momento y vimos a unos vecinos que nos hacían señas porque estábamos cerca, a 100 metros de la casa, aproximadamente. Que viniésemos, que viniésemos. Vinimos con el coche hacia abajo y ya vimos salir humo por la ventana. El portal ya no abría, estaba aumentando de volumen y ya vi un coche ardiendo. Lo quise sacar, me quemé en una mano y mi mujer me sacó de allí, sino ya quedaría yo también allí. Momentos muy malos.

-Fue un incendio muy virulento, el fuego avanzó muy rápido...

-Sí, porque, además de haber varios coches dentro, había disolventes y cosas inflamables, como hay en un taller. Aceites, disolventes? Los coches son de gasolina y gasoil y eso es una bomba.

-Parece que se originó en el taller pero no tardó en propagarse a la vivienda...

-Lo de la casa fue otro problema más porque el fuego subió por las escaleras interiores que había a plantas superiores. Había por allí también un paso de gas butano, desplomó la unión del tubo y, claro, el butano sube muy rápido para arriba y fue lo que inflamó el desván.

-¿Qué recuerdo es el que más le acecha?

-Que me vine abajo. El fin de mi vida. Y por suerte, pues no, pero afectados sí que estamos. La colaboración que hay ayuda mucho a seguir.

-Está trabajando ahora para retirar todos los escombros que dejaron las llamas.

-Estoy desescombrando gracias a la ayuda que me dan porque yo prácticamente no soy capaz de hacer nada. Anda uno dando vueltas y le parece que hace, pero no hace nada. Se intenta.

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