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Las comarcas cierran 2018 con un saldo migratorio positivo de 295 personas

Sin embargo, solo en cuatro municipios hay más inmigrantes que vecinos que se mudan a otras zonas -De los 1.422 nuevos empadronados en Deza, la mitad se instala en Lalín

Asistentes a un curso para mujeres inmigrantes en Lalín. // Bernabé/Javier Lalin

Asistentes a un curso para mujeres inmigrantes en Lalín. // Bernabé/Javier Lalin

Hay un municipio en Guadalajara, Torre del Burgo, que en el año 2000 contaba con sólo 74 vecinos. En el presente año llega ya a los 500, gracias a la población extranjera, sobre todo búlgara, que decidió instalarse en este ayuntamiento atraída por la demanda de mano de obra para cosechar espárragos verdes. La despoblación del rural tiene en los inmigrantes uno de sus posibles frenos, en vista de la caída demográfica que afecta a buena parte del interior de los municipios españoles y también al interior gallego, donde se ubican Deza y Tabeirós-Montes.

La población inmigrante puede ser la solución no solo a esa falta de relevo generacional, sino también al éxodo de vecinos que deciden mudarse a otros puntos del país por motivos laborales. Por el momento, van compensando las cifras. El año pasado, las dos comarcas cerraron el ejercicio con un saldo migratorio positivo de 295 personas. El saldo migratorio es la diferencia entre inmigrantes y emigrantes, de forma que si resulta positivo es que aumenta la población al haber más inmigrantes que emigrantes, pero si es negativo, las personas que entran son menos de las que salen de los municipios, y la población baja.

Ese saldo migratorio positivo en 295 vecinos se debe a que el año pasado entraron 2.005 personas en las comarcas, frente a las 1.710 que se trasladaron a vivir fuera de los municipios (es decir, que pudieron instalarse en concellos vecinos, en otra comarca, otra provincia, o fuera tanto de Galicia como de España). Veamos los datos por comarcas: en Deza el saldo es de 326 personas, porque contabiliza 1.422 inmigrantes (y aquí entran incluso vecinos que se mudan dentro de la misma comarca) frente a 1.096 emigrantes. De esos 1.422 nuevos vecinos, 239 proceden de otras autonomías y 416 vienen del extranjero.

Sin salir de Deza, es obvio que Lalín tiene el mejor resultado, con un saldo migratorio de 262 personas. La cabecera recibió 787 inmigrantes: de municipios vecinos procedían 373 (casi la mitad del total) y de otros concellos de la misma provincia, 227. De otras provincias llegaron 146 personas, mientras que 141 inmigrantes no son gallegos y otros 273 no son españoles, lo que deja en evidencia el peso de la población extranjera. Pero a cambio, Lalín tuvo 525 personas que emigraron sobre todo a otros puntos de la misma provincia (159) y a otra provincia gallega (190). Al extranjero se marcharon 46.

Lalín, junto a Silleda, Vila de Cruces y Agolada, muestra un saldo migratorio positivo. Trasdeza recibió a 322 inmigrantes, que son 41 personas más que los 281 habitantes que dejaron este municipio. En Silleda también tienen peso los inmigrantes de la misma provincia (101) y del extranjero (82). En cuanto a sus emigrantes, optan sobre todo por otras zonas de Pontevedra (99 casos) o por otra de las tres provincias gallegas (112). Vila de Cruces, por su parte, tiene un saldo migratorio de 24 personas, la diferencia entre sus 140 inmigrantes y sus 116 emigrantes. Igual que pasa en Silleda, en Cruces prima la inmigración interna (la de la misma provincia o de otros puntos de Galicia), no como en Lalín. Por último, Agolada también tiene más inmigrantes que emigrantes, en concreto 26. Durante el año pasado, este municipio recibió a 79 foráneos, frente a los 53 vecinos que decidieron mudarse, sobre todo, a otras zonas fuera de la comarca.

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