"Mañana hay que trabajar". La frase murió en la hoguera. La noche más mágica del año se impuso a la pereza que siempre acompaña al lunes como primer día de una semana de trabajo. Aunque muchos tuvieron que retirarse antes de lo deseado y acostumbrado, nadie pudo resistirse a seguir de cerca el crepitar de la hoguera, deseando saltarla para dejar en ella toda la carga negativa y arrojar en un grito de meigas fóra un peso que siempre sobra.

A lo largo y ancho de la comarca de Tabeirós-Terra de Montes se encendieron las tradicionales cacharelas para saltarlas a medianoche, como marca la tradición, y después de haber hincado el diente a las sardinas y el churrasco que en la noche del domingo extendieron su aroma hasta el infinito y más allá. Hubo fiestas de San Juan en múltiples puntos, en el casco urbano y en el rural. Sin embargo, en el caso de A Estrada las veladas más mágicas y concurridas fueron, quizás, las brindadas por O Areal de Berres y Callobre, donde el Castro da Fervenza volvió a vivir su noche mágica del solsticio de verano.

En esta última fiesta el fuego llegó del Pico Sacro. La llama con la que se prendió la hoguera alcanzó el Castro alrededor de las 23.00 horas, iniciándose el ritual que terminó haciendo que la bruja Calistea -y con ella todo lo malo- se quedase en el fuego.

En O Areal ayer tocó limpieza. Un generoso grupo se encargó de dar ejemplo y -como podía verse a través de las imágenes colgadas en redes sociales- dieron buena cuenta de todos los restos de la fiesta para que este entorno vuelva a lucir como merece.