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Esperas y jaulas, inútiles contra los daños del jabalí en Agolada

Ganaderos de Ventosa y Trabancas ya no siembran maíz ante los destrozos del animal, que ahora arruina los prados de hierba seca

Jesús López muestra los daños en un prado. // Bernabé/Javier Lalín

Jesús López muestra los daños en un prado. // Bernabé/Javier Lalín

El Tecor Farelo, que gestiona unas 4.200 hectáreas de monte entre Ventosa, Ferreiroa y Trabancas, tiene autorización de la Consellería de Medio Ambiente para realizar acciones disuasorias que frenen los daños del jabalí a los cultivos. La Xunta le permite realizar esperar nocturnas, mover al jabalí con perros atrailados o utilizar jaulas trampa, un sistema que se usa ya en parques naturales y en el entorno de ciudades. Pero lo único que consiguen con estas medidas "es que el animal se cambie de sitio", como explica Beatriz Blanco, una de las ganaderas que desde hace años cuenta con el jabalí como invitado de sus tierras. Esta mujer tiene una explotación con 21 vacas en Trabancas. Hace días, el jabalí entró en un prado a punto de segar, y le destrozó el equivalente a 50 rollos de hierba seca. Al remover la tierra, convirtió la hierba en inservible. El animal ya entró en anteriores ocasiones en las fincas que tiene cerca de la granja. Así que si ya tuvo que sembrar menos maíz para evitar disgustos, "porque otros años recogíamos dos tractores y la última vez salvamos solo medio remolque", ahora Beatriz Blanco se plantea hasta vender las vacas.

Reclamé daños en varias ocasiones, pero no me los pagan" porque, entre otras, los trámites se alargan más de lo esperado y terminan agotando la paciencia del ganadero. Blanco, al disponer de menos maíz, tiene que comprar pienso y cereal, lo que supone un gasto de unos 400 euros al mes. Un desembolso extra que ni de lejos se ve compensando con el precio que recibe por la leche de sus vacas.

Jesús López vive en Ventosa, y ayer nos enseñaba un prado de 1,5 hectáreas destinado a hierba de silo pero que el jabalí acabó convirtiendo en un lodazal. Es la primera vez que entra en esta finca, pero no en otras de su propiedad. "Tuve una que, tras segarla, entraba cada tres días". López descarta denunciar los daños, porque "es tiempo perdido", en referencia no solo a los trámites sino a la inspección que realiza Medio Ambiente para comprobar los destrozos y autorizar las acciones disuasorias. A partir de agosto, las autorizaciones serán inmediatas y sin previa comprobación. Por el momento, las fincas de maíz de Jesús López se salvan de las incursiones de jabalí, pero habrá que esperar a que las espigas estén maduras. Este vecino de Ventosa optó, en vista de los ataques de años anteriores, por sembrar menos maíz y alimentar a sus animales con pienso. Descarta cerrar las fincas con pastores eléctricos, tanto por su superficie, bastante grande, como porque el jabalí es capaz de saltar por encima de los cables..

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