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Catherine L'Ecuyer: "Si los niños llegan al colegio sin ver respeto en casa, éste no hace milagros"

"El maestro ha de ser humilde y entender su rol: facilitar el aprendizaje, no causarlo"

L'Ecuyer, en el II Foro de Educación de FARO DE VIGO. // José Lores

L'Ecuyer, en el II Foro de Educación de FARO DE VIGO. // José Lores

El salón de actos del IES Laxeiro de Lalín será escenario mañana de una conferencia de la abogada y experta en temas de educación Catherine L'Ecuyer (Quebec, 1974). Organizada por el Centro de Formación e Recursos (CFR) de Pontevedra, la charla tendrá lugar entre las 11:00 y las 12:30 horas, y después habrá un café. La entrada es gratuita y las inscripciones pueden efectuarse en el teléfono 698 107 498 o en el correo electrónico cfr.pontevedra.eip2@edu.xunta.es.cfr.pontevedra.eip2@edu.xunta.es

-Su conferencia lleva por título "Educar en el asombro", ¿qué es lo que asombra a los niños para ser educados en ello?

-El asombro es el deseo para conocer. Los niños nacen con ello. Por eso van corriendo al enchufe sin que tengamos que motivarles a hacerlo. Hemos de respetar esa curiosidad innata a través del respeto por sus ritmos, por las etapas de la infancia, por su necesidad de silencio, de belleza, de misterio...

--Existen estudios que confirman un déficit de aprendizaje cuando un niño aprende de forma, digamos, artificial en lugar de hacerlo a base realidad. ¿Cómo se puede evitar eso en un mundo tan digitalizado como el actual?

-Hay estudios que hablan del efecto deficitario del vídeo. Un niño de menos de 36 meses que ve una secuencia en una pantalla tiene un déficit de aprendizaje respecto a otro niño que lo ve en directo. Los niños de esas edades tienen dificultad en trasladar una imagen en dos dimensiones a una de tres. Es algo a tener en cuenta en esa etapa. No en vano las principales asociaciones pediátricas recomiendan desde hace tiempo que los niños de menos de 2 años no vean las pantallas y que los de entre 2 y 5 no vean más de una hora al día.

-¿Cuál es el papel de padres y educadores en este proceso?

-Esa es una pregunta más difícil de lo que parece. Ambos educan, unos a través de la transmisión de conocimiento y de la cultura, otros a través de la transmisión del arte de vivir. Lo que ocurre es que hay cada vez más padres que abdican de su tarea, o que dedican sus tardes a hacer de chóferes para llevar a los niños a extraescolares, que no son otras cosas que una continuación de la jornada escolar. Por lo tanto, es lógico que el colegio intente paliar la carencia familiar con aspectos que van más allá de la instrucción. Ahora está muy de moda el "enseñar la empatía", "educar en el respeto", "enseñar a cosas botones", "educar en la igualdad", etcétera. Por supuesto que el ambiente del colegio ha de ser de empatía, de respeto, libre de acoso escolar y demás. Pero el primer lugar en el que se aprende a respetar al otro, es en la familia. Si los niños llegan al colegio sin haber visto y vivido ese respeto en casa, éste no puede hacer milagros, obviamente.

-¿No cree que la figura del profesor se ha devaluado en los últimos tiempos? ¿Se ha perdido el principio de autoridad de los maestros en la enseñanza actual?

-Mucho, y es una verdadera lástima. Algunos argumentan que el maestro ya no es tan importante, porque "todo se encuentra en Internet". El problema de la tecnología es que nos da información descontextualizada. Las mentes amuebladas son capaces de extraerla y de contextualizarla. Pero las mentes jóvenes necesitan que un buen maestro haga ese trabajo para ellas. El maestro ha de ser humilde y discreto y entender su rol: facilitar el aprendizaje, no causarlo. Pero el rol del maestro es clave. ¡Y más en la era de Internet! Porque proporciona el contexto que ayuda a dar sentido a los conocimientos. Sin el educador, el niño está abandonado y perdido. El Émile de Rousseau no fue un experimento con grupo de control, era un niño ficticio. No podemos basar un método educativo en un sueño. En ningún caso.

-¿En qué sentido tiene previsto enfocar su conferencia de este fin de semana en Lalín?

-Hemos de parar, agacharnos y mirar al niño en los ojos. Dedicarle tiempo para intentar entenderle. No es lo mismo dar al niño lo que pide (una tableta, unas chuches, y muchas otras cosas que todos sabemos que les encantan), que darle lo que solicita su propia naturaleza. Para poder discernir ambas cosas, el educador necesita tener sensiblidad. ¿Qué pide la naturaleza del niño? De eso hablaremos sin duda alguna en la conferencia de este fin de semana en Lalín.

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